No sólo empatía, dicen, también le falta calle.
“Si se quedan sin plata verdaderamente el día 20, ¿me pueden decir cómo hacen para vivir 10 días sin comer y sin beber?, sostuvo, mórbido de literalidad y Coprolalia.
Aflautando la voz, para otorgarle más énfasis a la aseveración, por si acaso, nosotros, los boludos del llano, no entendiéramos.
El sujeto que en su dieta pantagruélica figuran las carnes deshuesadas, sin grasas, libres de filamentos fibrosos, de color levemente rosado, pone en duda su reputada formación como economista.
Asimismo, adelgaza sus apetitos de Nobel… Tan sólo porque el examen de la sentencia popular adquiere rigor científico cuando se lo contrasta con la irrefutable consideración de un modelo matemático:
“Es perfectamente posible asociar la expresión coloquial "no llegar a fin de mes" con modelos matemáticos de la economía y la teoría de sistemas dinámicos. Este fenómeno refleja una disonancia temporal entre los flujos de ingresos y los flujos de gastos, agravada por variables como la inflación y la pérdida de poder adquisitivo…”
¡Piedra libre a Los que nada tienen; los morosos de salarios de miseria, los negados del Excel.
Allí están, estos son. Comensales que acuñan en seis palabras lo dicen todo (No llegamos a fin de mes).
Sabiduría cotidiana de mesas despojadas, Desde allí los nadies, que reparten el último mendrugo, aguardando el nuevo día, resuelven con simpleza la ecuación. “No llegar” se explica en el recurso práctico de “comer salteado”.
Los actuales recursos para legos nos socorren ante esta constatación plebeya:
“La expresión popular «comer salteado» puede asociarse con un modelo matemático, siempre que primero definamos qué significa exactamente en términos de periodicidad y regularidad. Es una manera interesante de convertir una conducta cotidiana en una función matemática.
Podemos abordarla desde tres perspectivas.
1. Un modelo de frecuencia
Supongamos que una persona no realiza las comidas todos los días con la misma regularidad: algunos días almuerza, otros no; algunos días cena y otros se saltea esa comida.
Podemos definir una variable:
[ C(t)= begin{cases} 1 & text{si come en el día }t\ 0 & text{si no come en el día }t end{cases} ]
Si analizamos un período de 30 días, podemos sumar los días en que comió:
[ N=sum_{t=1}^{30}C(t) ]
Si comió 22 días, por ejemplo, su frecuencia de alimentación sería:
[ F=frac{22}{30}approx 0,733 ]
Es decir, comió en aproximadamente el 73,3 % de los días observados.
Pero este modelo tiene una limitación: no distingue entre comer regularmente y hacerlo de manera irregular.
2. Un modelo de irregularidad
Aquí podemos avanzar un poco más.
Imaginemos dos personas que comen 22 días de cada 30.
• La primera come 22 días consecutivos y luego pasa 8 días sin comer.
• La segunda alterna días de alimentación con días en los que no come, distribuidos irregularmente.
Aunque ambas tengan la misma frecuencia, sus patrones son diferentes.
Para medir esa diferencia, podríamos utilizar la distancia entre comidas, la variación de los intervalos o la desviación estándar de esos intervalos.
Si (d_i) representa la cantidad de días entre una comida y la siguiente, la irregularidad podría medirse mediante:
[ sigma_d=sqrt{frac{1}{n}sum_{i=1}^{n}(d_i-bar d)^2} ]
Cuanto mayor sea la desviación estándar, mayor será la variabilidad de los intervalos entre comidas.
Este modelo resulta más apropiado para describir el sentido habitual de «comer salteado».
3. Un modelo probabilístico
También podemos considerar que la alimentación es un acontecimiento que ocurre con cierta probabilidad.
Por ejemplo, si una persona tiene una contingencia de 0,8 de realizar una comida determinada, podríamos representarla mediante una variable aleatoria de Bernoulli:
[ P(C=1)=0,8,qquad P(C=0)=0,2 ,,,”
O sea.
Deducimos entonces que esto permitiría estudiar la frecuencia esperada de las comidas durante un período, aunque sería necesario incorporar otras variables si queremos representar la dependencia entre días consecutivos.
Hoy es domingo, acaso nos toque.
Se avecinan manifestaciones exigiendo derechos y restituciones. Prontito llega el Papa y alguien lanzará una pequeña plegaria; articulaciones definitorias de la calle, ¿león, Aretha, el cura Paco?...
Miles de voces alzadas desde ese subsuelo que alguna vez verificó Scalabrbrini.
Flamearán manteles y serán banderas. En sus pliegues, quién sabe, germinará el pan de la revancha.
(Del Facebook de Juan Carlos “Pinky” Pumilla)