Aquel oprobio del fútbol es aún recordado porque el árbitro alemán Rudolf Kreitlein expulsó a Ratín porque según informó, lo había insultado. Pero lo insólito fue que el alemán no entendía una pizca de español y Ratín ni una de alemán.
Recordado también como el Mundial tras el que inventaron el uso de las tarjetas amarillas y rojas, fue escandaloso que la FIFA, entonces manejada por un inglés, cruzó a un árbitro alemán para el encuentro entre las selecciones de Argentina e Inglaterra y a un árbitro inglés para el choque entre Uruguay y Alemania.
Dos delegados uruguayos narraron después que “cuando vimos que nos ponían un juez inglés a nosotros con Alemania y un alemán a Argentina con Inglaterra, sabíamos que éramos boleta y lo fuimos. Estábamos cocinados”.
“Ni sabíamos la nacionalidad del árbitro. ¡Qué nos interesaba! –recordó el otro-. Después de fritas las tortas, nos dimos cuenta la grasa que nos sobró. Pero ya estaba consumado el hecho. Aquello fue un desastre. Está claro que no fue casualidad lo de los árbitros cruzados, lo que nos pasó a nosotros y a los argentinos. Fue causalidad”.
Se repetirá la historia 60 años después? No suena para nada ético que se designe a un francés para dirigir a la Argentina, del mismo modo que igual de suspicaz resultaría que se designe a un argentino para dirigir a Francia, sobre todo cuando hay tantos árbitros de otros países que ya no tienen chances y que podrían dirigir sin levantar una sola sospecha.
La realidad es que según el anuncio oficial levantado por TyCSports, la FIFA confirmó que el francés François Letexier será el árbitro del partido entre la Selección Argentina y Egipto, correspondiente a los octavos de final del Mundial, que se disputará este martes a las 13 (hora argentina) en el Estadio Mercedes-Benz de la ciudad de Atlanta.