Esos calificativos fueron transferidos por el ingenio popular justamente a seres humanos de muy baja estofa, capaces de hacer daño a la sociedad en beneficio propio o de un colectivo delincuencial que agrede a las grandes mayorías.
El llamado Círculo Rojo, por ejemplo, está lleno de ratas, cuya cabeza visible es Héctor Magnetto. Si, el capo de Clarín, socio mediático de La Nación y desvirtuador sistemático del ejercicio periodístico.
Al resguardo de este bandidaje están ratas como Eduardo Feinmann, Joni Viale, Luis Majul y los principales escribas y comunicadores de sus medios.
Clarín, socio de las dictaduras, colaboró para voltear a Perón, para auspiciar el golpe de 1976, para ignorar secuestros, torturas, desapariciones y tantas atrocidades.
No podía estar ausente en las causas inventadas contra Cristina Kirchner y su posterior encarcelamiento.
Para concretar semejante barbaridad contó con la actuación descollante de su protegido Mauricio Macri, una rata ideal para estos menesteres. Macri, absuelto que anda suelto con la obediencia que le deben las ratas que anidan en Comodoro Py, sigue lo más campante haciendo política y gozando, con sus compinches, del encierro de Cristina.
Las tres ratas que dirigen la Corte Suprema de Injusticia exhiben con naturalidad su ignominia y arrastrados y porquerías como son, le rinden pleitesía a Magnetto y al Círculo Rojo. Por supuesto, a cambio de favores que repugnan a la gente de bien.
Pero hablando de ratas, cómo no imputar con ese calificativo al payaso paranoico de Milei. Cada día más payaso y cada día más paranoico. Destrozando dramáticamente a la Argentina en sintonía con todas las ratas que pululan en su nefasto y decadente gobierno.
En esa cueva maloliente hacen de las suyas los Caputo, Karina, Sturzenegger, Bullrich, Santilli, los Menem, Monteoliva. Ahí estaba Adorni. Ahí está ahora, sin pena ni gloria, el desorientado “pampeano” porteño Ravier.
Pues bien: a esta caterva de ratas del poder económico, de la política, de la justicia, del poder mediático, les cayó como un veneno la movida de Cristina para pedir una revisión de su condena por parte del comité de Derechos Humanos de la ONU.
Sus abogados, el brasileño Rafael Valim y el español Javier Borrego, confían en una resolución favorable, vía cautelar, que le permita a Cristina ser candidata si lo desea.
Si esto realmente ocurriera –quizás a mediados de octubre- se produciría un impacto político sensacional y un golpe de justicia que demolería las pretensiones de los canallas que quieren persistir con esta democracia fracturada y fraudulenta.
Millones de argentinos –quien esto escribe es uno de ellos-, quieren votar a Cristina y no pueden hacerlo porque están proscriptos. Tan proscriptos como está ella.
Muy buena noticia fue la cumbre de dirigentes gobernadores y legisladores del peronismo del otro día para tratar de impedir la anulación de las PASO. Además, para procurar la unidad que llevaría algo de alivio a la mayoría de la sociedad.
El sociólogo Artemio López utilizó una metáfora ocurrente para este momento que vivimos los peronistas: “Que el árbol de la unidad no tape el bosque de Cristina presa”.
(*) Héctor Mariani
Periodista