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  SÁBADO 25/04/2026
Testimonio de un hombre que pide la eutanasia: “No quiero seguir viviendo en estas condiciones”
Es argentino, tiene 48 años y hace tres quedó cuadripléjico por un accidente. Sus dolores y el estado de dependencia lo llevaron a tomar la decisión.

“Tengo perfectamente claro que no quiero seguir viviendo en estas condiciones”. La frase, irrebatible, sale de la boca de Carlos, un hombre de 48 años que tras un accidente quedó cuadripléjico. Sufre las “24 horas con dolor en el cuerpo”, y desde hace tres años es “totalmente dependiente”. Al padecimiento y la angustia que en varios casos lo llevaron a intentar suicidarse, Carlos los transformó ahora en la convicción de hacer público su caso para luchar por la aprobación de una ley de eutanasia en Argentina: “Pido que se dé un debate serio y que se apruebe nuestra libertad para decidir vivir o no”, apunta.

La voz de Carlos es una mezcla rara de fragilidad y solidez. Se oyen temblores en ella, pero se le impone cierta fortaleza, el tono en el que se expresa una decisión tomada, decisión irreversible, y al mismo tiempo, fruto de una larga reflexión. En ese tono pausado, sereno, el hombre de 48 años reconstruye retazos de su historia antes del día en que “la vida se dio vuelta”: recuerda su “infancia feliz en Buenos Aires, rodeada de amigos, de mucha calle y mucha bicicleta”, sus días en el secundario y luego en la facultad, los trabajos por los que se abrió camino en diferentes empresas hasta que decidió, un día, abrir su propio proyecto.

“Surgió la posibilidad de hacer algo propio, así que empecé con un proyecto mío y me fue muy bien. Antes del accidente tenía mucha independencia, manejaba mis horarios y por suerte tenía un buen ingreso. Eso me permitía también moverme y viajar, porque siempre fui una persona muy independiente, muy autónoma”, señala ahora.

La cuestión de la independencia atraviesa todo el relato de Carlos. Más allá de los padecimientos físicos persistentes, el dolor más grande es el de haber perdido esa autonomía: “Todo cambió radicalmente cuando me accidenté hace tres años y quedé cuadripléjico. Mi vida se dio vuelta en un segundo. Pasé a ser totalmente dependiente de la gente con la que vivo o me rodea y de los cuidadores, de un extremo al otro: de ser totalmente independiente a ser totalmente dependiente, de tener cierto trabajo armado a tener que enderezarlo como se puede”, asegura.

Del accidente que lo dejó en este estado prefiere no brindar detalles. Su familia, sostiene, lo acompaña, pero muchos todavía no conocen su decisión, por lo que elige resguardar ciertas precisiones sobre el caso, al igual que su nombre real. Además, asegura, “nadie se puede poner en mi lugar”. “Tampoco pretendo que lo hagan, pero depender de otra persona para hacer cualquier cosa es tremendo. Para comer, bañarme, darme vuelta en la noche para dormir, para todo dependo de alguien. Y además está el dolor constante, son 24 horas con dolor en el cuerpo”, afirma.

Carlos “Pecas” Soriano, reconocido médico cordobés y magíster en Bioética de larga militancia en la lucha por la aprobación de la ley, está en contacto con Carlos para interiorizarse sobre su caso. Explica, por ejemplo, que el hombre tiene “permanentes dolores neuropáticos. En estos casos, la medicina paliativa sólo puede obtener resultados parciales, porque no hay medicina que pueda con esto”, precisa.

El protagonista de la historia recuerda que en los últimos tres años “hice varios tratamientos, manejé diversas opciones y medicamentos, y eso también es agotador. Estás todo el tiempo en una rehabilitación que no va a ningún lado. Por eso considero justo que se dé un debate serio sobre el tema, y que se apruebe la libertad que tenemos los individuos para decidir vivir o no, sobre todo individuos como yo, que no tengo la posibilidad de tirarme de un puente o un acantilado”, dice con crudeza.

Sobre los proyectos de ley, Soriano recuerda que en los últimos años se presentaron en el Congreso nueve iniciativas, seis de las cuales aún tienen estado parlamentario. Una de ellas, el proyecto de Ley Alfonso, es el que impulsa el médico en conjunto con un grupo de activistas por la ley que busca aprobar la eutanasia y el suicidio asistido. Lleva ese nombre en recuerdo de Alfonso Oliva, el cordobés de 36 años que falleció en 2019 por una Esclerosis Lateral Amiotrófica, que lo convirtió en un convencido militante de la causa.

Soriano, que recibe continuos llamados de pacientes con casos similares, asegura que esas consultas se intensificaron en las últimas semanas, tras el fallecimiento por muerte digna de Noelia Castillo, la joven española de 24 años que finalmente pudo acceder al procedimiento tras una larga batalla judicial: “Recibo, por lo menos, dos consultas por mes sobre casos de este tipo, y de vez en cuando recibo casos en los que ya está la decisión tomada de ir directamente por la eutanasia. Todas las consultas crecieron con la noticia de Noelia, y es muy duro explicarles que acá no es legal”, señala.

El médico atribuye la responsabilidad de buena parte del cajoneo de los proyectos a “la presión todavía persistente de la cúpula eclesiástica”, y recuerda que, según las diversas encuestas que se han realizado sobre el tema en el país, “alrededor del 80 por ciento de la población está de acuerdo con que se apruebe una ley de este tipo”. Hasta ahora, en Argentina sólo es posible rechazar tratamientos que prolonguen la vida, y cuidados paliativos en casos de enfermedades terminales o irreversibles, pero no se puede provocar la muerte de forma activa.

Carlos intentó suicidarse varias veces, pero no lo consiguió. Todavía no sabe cómo seguirá su camino ahora, aunque descarta seguir alguna vía judicial: “No voy a judicializar el caso, creo que hoy no tiene sentido. Sería una pérdida de tiempo, al menos en mi caso, y no tengo ganas de esperar eternamente a que la justicia se expida”, asegura.

La fuerza, ahora, está concentrada en que su caso pueda servir para volver a poner el tema en agenda, en busca de un nuevo impulso a la ley: “Estamos hablando de personas grandes, conscientes, que saben lo que quieren y toman esta decisión. En mi caso tengo perfectamente claro que no quiero seguir viviendo en estas condiciones, sin moverme, sin poder hacer las cosas que me gustan, viajar o desarrollar lo que tenga ganas de hacer. Mi voto es porque la eutanasia sea algo concreto, y que podamos elegir como adultos qué queremos hacer”, concluye.

(Página12)

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