El título está en idioma inglés porque es tal cual la carátula de los reportes de papeles que hoy amarillentos, siguen teniendo la misma vigencia que en el tiempo que fueron escritos allá por el año 1.993.
Esto no está basado en hechos reales, lo son, y vienen a ocasión a una respetuosa infidencia de un tercero al respecto de la desclasificación de documentación que ya estuve conversando con el Editor de maracodigital.net hace algunas semanas.
Pues allí vamos, pero prefiero tomar el camino largo para contar los detalles que "llevaron a", como a todos nos pasa las "causas de" se remontan a nuestra primer respiración.
No pedí permiso en su momento y espero que valga la disculpa hoy para utilizar el nombre del Departamento Maracó de la provincia de La Pampa para una actividad experimental que hoy a tres décadas se esparció hacia los cuatro puntos cardinales, previo a "explotarme" en la cara por las enormes consecuencias de sus resultados.
No soy investigador de misterios, pero sí un observador minucioso y tuve la fortuna de entender la importancia de los mismos dentro del universo de actividades en las cuales participé y participo.
Además por supuesto de la lealtad de muchos colegas que le supieron dar el toque especial a lo que muy temprano denominé como "Anomalías y Eventos", o "A&E", o simplemente "Æ", un término preliminar que se extendió por muchos años y que ahora evoluciona en concordancia con nuevos conocimientos que vamos obteniendo.
Pero me voy mucho más atrás en el tiempo, en "mi" tiempo de niño, hacia recuerdos y lugares que como a la mayoría nos gusta volver a revivir.
Ser parte del tesoro precioso de la niñez del mundo no es fácil ahora, y tal vez en una escala diferente no lo fue en el pasado.
Compartir una vivencia de aquellos tiempos viejos es todo un desafío para cualquiera, la memoria no es la misma, los detalles se pierden y aun quedando la experiencia, las figuras se entrecruzan y opacan con los años.
No es mi caso y siendo el ratón de biblioteca que soy desde siempre, desordenado, molesto y obsesivo con muchos detalles, solo tengo que recurrir a la enorme pila de mis pequeñas anotaciones diarias pues a las formas de mi experiencia de vida, muchas alegrías y dolores quedaron escritas a lápiz o pluma pero siempre en papel.
Había estado curioseando el tema desde muy chico tal vez como todos quienes hoy intentan encontrar verdades ocultas, que incluyó una efímera asociación cuyo sello de goma nadie en Río Gallegos me pudo fabricar debido a su forma romboidal alargada y sus entreverados detalles.
Otros intereses, la realidad familiar puertas adentro y los vínculos con la sociedad puertas afuera, van moldeando a la persona y al cómo percibe, entiende y proyecta su vida, y yo no fui la excepción a esa regla general.
Pero algo ocurrió un día, y siguió ocurriendo por bastante tiempo, teníamos en casa una de esas grabadoras de mensajes de teléfono con microcassettes, no recuerdo de dónde salió pero cuando sonaba el teléfono y yo atendía lo primero que hacía era ponerla a grabar, en ese tiempo no por precaución sino por simple diversión de escuchar de nuevo la conversación de la línea fija, una tontera simpática que era el único en practicarla en casa con aquello de lo extraño de escucharse uno su propia voz grabada.
Una tarde sonó el teléfono en el living de casa y atendió alguien de mi familia, escuché el estampido siguiente cuando colgó con fuerza y la molestia entre dientes, desde que existe el teléfono aparecieron los troll's, que en ese entonces no eran los hater's y doxer's de hoy que hacen las cosas por pago y con fines políticos, electorales e incluso comerciales y delictivos.
Los troll's eran algo así como los tocatimbres o golpeapuertas, una niñez por lo general que se divertía con disturbar y llamar la atención del vecino, pero no se confundan porque siguen existiendo hoy en día pero con fines más oscuros pues son muchísimas las familias que al abrir desprevenidos la puerta han sufrido entraderas violentas.
Eran otras épocas, más llanas aunque igual de complicadas, pero más tranquilas en relación al persona a persona, podías dejar la puerta sin llave si ibas a comprar pan o incluso la bicicleta en la vereda si entrabas a tomar un vaso de agua.
Resulta que al día siguiente que sonó el teléfono, a la misma hora lo hizo de nuevo pero esta vez atendí yo que andaba divagando cerca.
Presioné la techa de la grabadora de audio y levanté el tubo y no contesté... nada, me quedé esperando... nada, al final pregunté con un cortado "¿Hola?" a quien estuviera del otro lado, la respuesta fue una frase vacía que provenía de una voz hueca, disonante y casi metálica que expresó algo de corrido como si fuera una letanía.
No respondí, el tubo del teléfono se silenció al igual que la voz, dejando paso a una especie de chisporroteo grave como el de los antiguos televisores sin señal, que hoy llaman ruido blanco.
Después la comunicación se cortó del otro lado, al momento que alguien de mi familia me regañaba por el tiempo que tenía el teléfono descolgado pues estaba esperando una llamada.
Desconecté la grabadora y me fui a mi cama a escuchar de nuevo la llamada, me intrigó como cualquier cosa nueva a cualquiera de mi edad en ese momento, después el día siguió su curso.
El día siguiente fue sábado y me fui al centro de la ciudad sin rumbo fijo, pasé a ver unos zapatos en la zapatería Viví Sport que estaba justo al lado de la joyería y relojería El Orfebre propiedad de Oscar Becerra que era amigo de nuestra familia, a quién saludé desde la puerta.
En la zapatería el dueño que era conocido igual, amable aunque siempre atento a cualquier travesura, me dio charla y le conté lo de la llamada luego de ver que él tenía también una grabadora parecida en el teléfono del lugar.
Me preguntó si lo había grabado a lo que respondí que sí, vaya a saber su experiencia sobre tal cosa que fue a un cajón y tomó varios microcassettes viejos y deslucidos pero sanos aún con las etiquetas desgastadas y rotas, y me los dio afirmando que esas grabaciones debía guardarlas y que me los daba por si llamaban de nuevo.
Creo que en ese momento fue algo así como una gentileza para que me vaya y lo deje trabajar, la zapatería era de verdad lujosa y con el mejor calzado de la ciudad y yo andaba medio zaparrastroso molestando por ahí.
Al regresar a casa metí el microcassette de la primer llamada en uno de esos viejos sobres pequeños cuadrados con los bordes con líneas azules y la inscripción "por avión" acompañada del perfil de un avión de pasajeros, previo a garabatear el número uno, y lo cerré a lengüetazos.
Instalé otro microcassette en la grabadora y la dispuse en el teléfono, y a esperar.
La llamada se repitió cinco veces y aún con leves variaciones fue siempre la misma, conservo aún hoy aquellos viejos microcassettes y con el paso de los años supe averiguar que muchas personas también conservan grabaciones, experiencias y anécdotas similares, en todo el mundo.
Tal vez más adelante comparta públicamente mis grabaciones hoy digitalizadas y estudiadas con la mejor tecnología, si consigo que mi gente me dé su aprobación.
Empero, hago una salvedad, esto que narro no es parte de la "Iniciativa 3|TR|1S".
En la próxima otra anécdota que suma y que seguro pero seguro, que muchas personas habrán vivido en su privacidad.
(*) Javier Walter Sofía
DNI 17.281.217