Roberto Baratta, exnúmero 2 del Ministerio de Planificación, declaró unos minutos después que Cristina Kirchner. Y fue categórico: “con este tribunal no habrá imparcialidad. Ya me condenó en otra bochornosa causa, la de Gas Natural Licuado (GNL). Pero yo no tengo nada que ocultar, vivo de mi trabajo. Y estoy orgulloso de haber trabajado con Néstor Kirchner y con Julio De Vido. No retrocedo ni un milímetro de mis principios y de la verdad. A la viuda de Néstor, a Cristina, los jueces de este edificio la han perseguido, y esa persecución llegó al punto de que incluso trataron de matarla”.
Baratta describió al detalle la forma en la que se armó la causa Cuadernos. En el expediente GNL se sorteó un perito, David Cohen, que copió su pericia diciendo que hubo sobreprecios, una conclusión que hasta el macrismo consideró descabellada. La manipulación fue tan evidente, que Cohen registra llamados con el entonces ministro de Justicia, Germán Garavano, y el operador “Pepin” Rodríguez Simón.
Como la causa se caía a pedazos, Stornelli llevó a D’Alessio a declarar y mantener vivo el expediente. Luego, Stornelli y Bonadio sostuvieron que los cuadernos eran conexos, eran la misma causa que la de GNL, y con ese argumento falso se quedaron con todo, en lugar de mandar el expediente a sorteo como correspondía. El paso siguiente fue la detención masiva de funcionarios y empresarios, con la conocida extorsión para que declaren contra CFK.
Baratta hizo referencia a las pericias sobre los cuadernos y a su redactor, su chofer, Oscar Centeno. Además de que se señalan rastros de que fueron dictados y alterados los cuadernos en que se hace referencia a dinero, el estudio grafológico oficial estableció que Centeno tenía “habilidad para disimular y simular de manera astuta e hipócrita”. Todo indica que Baratta, durante el juicio, contestará sobre cada una de las afirmaciones de los cuadernos.
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