Disparos a la cara, periodistas apretados en vivo y una virtual zona de guerra para disolver la movilización.
La jornada de debate en el Senado por la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei se convirtió en un escenario de violencia estatal explícita. Mientras dentro del recinto se negociaban los derechos de los trabajadores, afuera, las fuerzas de seguridad comandadas por Alejandra Monteoliva desplegaron una cacería contra manifestantes, jubilados y trabajadores de prensa.
El operativo, que combinó el accionar de las cuatro fuerzas federales con la Policía de la Ciudad (de parte de un Jorge Macri extasiado con el accionar de sus fuerzas) rompió la masiva movilización de sindicatos, espacios políticos y movimientos sociales con una premisa clara: disparar a la altura de los ojos.
Las imágenes confirman un patrón represivo de extrema gravedad. Efectivos policiales, descriptos por testigos como "totalmente sacados", dispararon balas de goma dirigidas al rostro de los manifestantes, una táctica que busca infligir daño permanente y sembrar el terror, algo que comenzó siendo usado por los carabineros de Chile y hoy es replicado por la heredera de Patricia Bullrich.
"Me pegaron a centímetros del ojo", relató un cronista de Radio Gráfica, quien fue blanco de los disparos mientras cubría los incidentes.
Este no fue un hecho aislado. Diversos manifestantes fueron atendidos con impactos en la zona superior del cuerpo, evidenciando que el nivel de agresión física contra la ciudadanía opositora es una decisión política de la gestión de La Libertad Avanza.
En medio de lo que los propios presentes definieron como una "zona de guerra", la prensa se convirtió en un objetivo prioritario de las fuerzas de seguridad. El caso más dramático se vivió en vivo por la señal de El Destape.
Lula González, periodista y movilera de El Destape 1070, fue abordada violentamente por un oficial mientras estaba al aire. "¡Me están llevando! ¡No, no!... ¡estoy al aire!", gritó la periodista cerca de las 16:30, en el punto más álgido de la represión. El audio del móvil registró la voz del uniformado increpándola: "Un paso atrás. Usted no puede estar acá". La intención de censurar la cobertura y detener a la trabajadora de prensa fue evidente. "Sí, chicos, ocurrió. Me quisieron llevar detenida", confirmó González segundos después, tras lograr zafar de la detención.
La excusa de los "encapuchados" y la cacería
La movilización, que reunió a miles de personas en rechazo a la pérdida de derechos, se desarrolló de manera pacífica durante horas. Sin embargo, el clima cambió drásticamente cerca del mediodía cuando un grupo de encapuchados —cuya pertenencia a la columna de manifestantes es cuestionada por las organizaciones— apareció repentinamente para derribar una valla. “Quieren aprobar la reforma laboral con palos y balas” Esta situación funcionó como la "luz verde" que esperaban las fuerzas de seguridad para aplicar el protocolo antipiquetes sin excepciones. Tras el uso de camiones hidrantes y gases lacrimógenos, la policía se lanzó a una cacería de personas por las calles aledañas.
Según fuentes oficiales y de organismos de Derechos Humanos hubo al menos 20 detenidos y 40 demorados.
La ministra Monteoliva justificó las detenciones en redes sociales alegando agresiones al personal policial, reportando tres gendarmes y un policía federal heridos.
Represión
El operativo, coordinado por el Ministerio de Seguridad, sigue la línea de "mano dura" que la actual senadora y exministra Patricia Bullrich ya venía ensayando contra los jubilados. Tanto Bullrich como Milei han salido a justificar el accionar desmedido, mientras en el Senado se juega el futuro de los trabajadores. La resistencia, sin embargo, es federal. Las protestas se replican en Corrientes, Chaco, Jujuy y Catamarca, donde centrales obreras y autoconvocados denuncian la complicidad de los gobernadores con el modelo de ajuste. Mientras el Gobierno intenta imponer el miedo a fuerza de balas de goma y detenciones arbitrarias, la calle sigue resistiendo el desguace de la legislación laboral.
(InfoNews – Fotos Rocío Bao)