Y como no hubo reacción de parte del gobernador y aceptó el tutelaje del líder de la Plural, todo pareció encaminarse a un final anunciado: Verna pondría al próximo candidato para el Centro Cívico y tendría el camino allanado para disponer otra vez de todas las candidaturas.
Ese palazo se sumó a los permanentes tironeos en el bloque oficialista de la Cámara de Diputados, donde la armonía no fue el denominador común entre los seis diputados ultravernistas comandados por Daniel Lovera y Hernán Pérez Araujo y los restantes, recostados en favor de Ziliotto.
Sin embargo, el desquite llegó el pasado sábado 6. Allí no estuvo el gobernador, disimulando con su ausencia la autoría de un encuentro que logró reunir a más de 900 militantes, incluidos funcionarios y dirigentes, pero fue él quien lo propició, lo autorizó y festejó el éxito de la convocatoria.
La cita de ese día fue en el Club Argentino, en homenaje a Carmen “Negrita” Bertone –referente indiscutida del peronismo y de ese club santarroseño- y se extendió también a la figura del “Indio” Solari, fallecido horas antes.
La excusa fue marcarle la cancha a Luciano Di Nápoli, lanzado sin disimulo a la carrera por la gobernación para el año que viene. Pero el objetivo era otro: disfrazados de vernistas enojados, en realidad mandaron otro mensaje, que el líder de la Plural no tardó en receptar y entender. Y el trasfondo político que hace tiempo se venía cocinando explotó con derivaciones todavía impredecibles.
A tal punto llega la bronca que el vernismo está partido en Santa Rosa y en General Pico la reacción es muy furiosa, como lo revelan muchos adherentes en las redes y como lo certifican en privado dirigentes y militantes cercanos al jefe.
Elsa Labegorra, legendaria puntera peronista capitalina, fue la primera oradora en el acto de Argentino, arremetiendo sin miramientos contra Di Nápoli –aunque sin nombrarlo- con una frase que lo dice todo: “no le vamos a prestar nunca más el escenario a nadie”. Palo para Di Nápoli, palo también para Verna.
En el bunker de la “Rusa” en Villa Martita comenzó a pergeñarse esta movida, que se presentó como un encuentro de la línea Plural, pero que ciertamente devino en un espacio para destilar el enojo contra Di Nápoli, por cortarse solo y enfrentar a Ziliotto para saciar sus ambiciones.
¡Y por qué no embestir al vernismo más ultra, a ese vernismo que torpedeó permanentemente a la gestión ziliottista en Diputados y que tuvo, según lo confiesan actitudes inaceptables en estos últimos tiempos de zozobra electoral para el peronismo pampeano?
Hurgando en la información confidencial, se pudo constatar que poco y nada les interesa ahora pertenecer a una línea debilitada y sin credibilidad.
Basta con saber cómo piensan “Toti” Garay (ex mano derecha de Verna) su yerno Bensusán, Vanini, Ferrán, Pedehontáa y todo el elenco gobernante que ahora quiere borrón y cuenta nueva.
En medio de esta pelea, se estrechan los márgenes para que definan su juego los marinistas, los kirchneristas y los sindicalistas. Es decir, hacia dónde se orientará la brújula de cada uno de ellos.
Por supuesto, no se puede ignorar en este comentario la enorme falta de percepción política de la dirigencia peronista pampeana, excepción hecha, por supuesto, de los adherentes kirchneristas a cara descubierta.
¿Es que no entienden que Cristina es la dirigente política más grande de la Argentina? ¿Es que creen que los kirchneristas son otra cosa distinta a ellos, por cierto que bajándole el precio? ¿Es que no se dieron cuenta que la gran mayoría de los que homenajearon al Indio –un millón de personas- eran peronistas y que la gran mayoría de esos peronistas clamaban por Cristina? ¿Es que no piensan nombrarla nunca, homenajearla nunca, aprender de una buena vez quién fue Perón y quién es Cristina?
Humildemente, me ofrezco a ayudarlos a comprender. “Cristina libre” es hoy la gran consigna.
(*) Periodista.