La cultura nacional y regional está de luto. El reconocido músico y activista Rubén Patagonia falleció este jueves a los 69 años de edad.
Su salud se había deteriorado sensiblemente en las últimas horas, lo que generó una profunda preocupación en toda la escena musical. Su partida impactó especialmente en Bariloche y Chubut, lugares donde el artista cosechó un cariño inquebrantable a lo largo de su vasta trayectoria.
El músico, cuyo nombre real era Rubén Chauque, se encontraba internado en una clínica privada de Comodoro Rivadavia. Allí recibía atención médica especializada debido a un delicado cuadro de salud que lo aquejaba desde hacía tiempo.
Referente indiscutido de la música patagónica contemporánea, Rubén inició su camino artístico a principios de la década del 70. Su obra siempre estuvo atravesada por la identidad y la memoria. Fue un puente entre los sonidos ancestrales y los lenguajes modernos, logrando que el grito de los pueblos originarios llegara a los escenarios más importantes del país y el mundo.
Su repertorio rescató estilos originarios como el kaani y el lonkomeo. Además, fue el gran difusor de autores patagónicos fundamentales como Marcelo Berbel, Milton Aguilar y Hugo Giménez Agüero.
Una de sus interpretaciones más recordadas es "Cutral Co", una canción que se convirtió en un himno de resistencia y que grabó junto a figuras como León Gieco, con quien mantuvo una amistad entrañable.
Un artista que unió el rock con la tierra
La versatilidad de Rubén Patagonia le permitió trascender los géneros. Su potente voz y su presencia escénica capturaron el interés del rock nacional.
Colaboró con bandas emblemáticas como Divididos y Almafuerte, y grabó versiones inolvidables junto a la Bersuit Vergarabat y Ricardo Iorio. Estas alianzas permitieron que la cosmovisión mapuche y tehuelche fuera escuchada por las nuevas generaciones de todo el país.
Su compromiso no se limitó a los micrófonos. Rubén fue un incansable defensor del agua, la tierra y los derechos humanos. En cada entrevista y en cada concierto, aprovechaba para visibilizar las problemáticas de las comunidades rurales de la Patagonia, convirtiéndose en un embajador cultural de la estepa y la cordillera.
Su paso por el cine internacional
Además de su música, su carismática figura llegó a la pantalla grande. Participó en producciones cinematográficas de renombre como “La película del Rey”, dirigida por Carlos Sorín.
También formó parte de proyectos internacionales en Estados Unidos, Francia e Italia. Uno de sus hitos fue actuar junto al tres veces ganador del Oscar, Daniel Day-Lewis, en el film “Eterna sonrisa de New Jersey”.
La partida de Rubén Patagonia deja un vacío difícil de llenar, pero su voz seguirá resonando en cada rincón de la Patagonia rebelde.
(LMN)
Tehuelche
Rubén Chauque había nacido el 2 de julio de 1956 en Comodoro Rivadavia, Chubut. Descendiente de tehuelches, desde muy joven construyó un camino artístico profundamente ligado a los pueblos originarios, la defensa de la tierra, el agua, el paisaje y la historia patagónica. Desde 1971 comenzó a recorrer escenarios con una propuesta que, durante décadas, fue marginal y contracultural, pero que con el tiempo se volvió imprescindible.
Los primeros días del 2021 fueron especialmente difíciles para su familia. Rubén se encontraba internado y debía ser intervenido quirúrgicamente por un tumor benigno en la cabeza, descubierto de manera inesperada tras una consulta médica por una infección en la vesícula. “Él estaba clínicamente bien, estable. Fuimos al médico por una molestia y, entre estudios, apareció el tumor. Pasamos de la vesícula a la cabeza con una cuestión mucho más delicada”, relató su hijo Jeremías en diálogo con ADNSUR.
La noticia movilizó a músicos y artistas de todo el país. León Gieco, Ricardo Mollo, Teresa Parodi, Víctor Heredia, Divididos, La Renga y muchos otros se sumaron a iniciativas solidarias para acompañar al músico y a su familia. Ese abrazo colectivo fue, quizás, una de las últimas grandes imágenes públicas de Rubén Patagonia: la de un artista querido, respetado y profundamente coherente con su camino.
“Nunca cante al pedo”
El consejo que marcó la vida de rubén Patagonia.
Una de las historias más repetidas sobre Rubén Patagonia ocurrió en una peña de Comodoro Rivadavia, a finales de la década del 70. Aquella noche, antes de subir al escenario, se cruzó con Abelardo Epuyén González, el gran maestro de los músicos de la cordillera. El gaucho, con un facón cruzado en la cintura, lo detuvo, le preguntó quién era y qué iba a hacer, y le dejó una frase que se transformó en un mandato de vida: “Suba, cante, pero nunca cante al pedo”.
Ese consejo se volvió una guía ética y artística. “Esas palabras se transformaron en su fundamento de vida. A partir de ahí asumió la identidad patagónica, la canción y una forma de expresarse”, contó Jeremías Chauque, su hijo y compañero de ruta durante décadas.
La historia de Rubén comienza en Cañadón Perdido, un pequeño paraje petrolero hoy desaparecido. Allí vivieron sus padres y transcurrieron sus primeros años de infancia. Luego, la familia se mudó a Comodoro Rivadavia y el barrio General Mosconi se convirtió en su territorio cotidiano, en una casa cercana al Estadio Municipal.
La vida nómade lo acompañó siempre. Ya adolescente decidió seguir camino y llegó a Sarmiento, donde terminó de crecer entre gallos y ovejas en la tradicional escuela agropecuaria del pueblo. Fue allí donde comenzó a subir a los escenarios con mayor frecuencia y donde empezó a armar bandas, muchas de ellas ligadas al rock y a la música popular bailable de la época.
“Él siempre cantó, desde chiquito, pero en Sarmiento empezó a armar grupos, a tocar en serio”, recuerda Jeremías. Con el tiempo, los festivales en Comodoro Rivadavia lo pusieron en contacto con referentes de la música regional y con un movimiento cultural que comenzaba a hablar de la Patagonia como identidad propia, cuando aún era una voz poco escuchada en el país.
De Rubén Chauque a Rubén Patagonia
El nombre que lo acompañaría toda la vida nació casi de casualidad. En una peña donde le daban un pequeño espacio para cantar, Rubén llegó y vio en el pizarrón de la cartelera un nombre escrito: “Rubén Patagonia”. Pensó que había otro cantor patagónico, pero ese nombre era para él. Se lo habían puesto por su insistencia en cantar canciones de la región, cuando hacerlo no era habitual ni rentable.
Desde entonces, Rubén Chauque se convirtió definitivamente en Rubén Patagonia. No fue solo un nombre artístico, fue una declaración de principios. Tal como le dijo Epuyén González, no cantó al pedo: hizo de su música una herramienta de militancia cultural, un puente entre generaciones y un abrazo permanente.
“Mi viejo es un militante del abrazo. Donde estuvo dejó una mesa tendida y un abrazo tendido. Su propuesta artística se sostiene desde ahí”, afirma Jeremías. “Para sostener esto desde la Patagonia se necesita un corazón muy grande, constancia y perseverancia”.
En la música, compartió escenarios con León Gieco, Los Cafres, Los Fabulosos Cadillacs, Papo, Ricardo Iorio, Divididos y La Renga. Fue el rock el espacio que muchas veces le abrió puertas que el folclore le negó. Con Divididos llegó a tocar en escenarios como Cemento, Obras y el Luna Park, momentos que marcaron profundamente a Jeremías, quien se crió entre cables, guitarras y escenarios.
Volar para seguir soñando y el legado de una voz eterna
A comienzos de los años 90, Rubén y su familia dejaron Comodoro Rivadavia. Atrás quedaron Kilómetro 3, la Escuela 143 y el barrio 30 de Octubre. Buscaban nuevos espacios que permitieran sostener su carrera. Vivieron en Cipolletti, Varaderos, Córdoba y, finalmente, Santa Fe.
Hace aproximadamente un año, Rubén se instaló en un pequeño pueblo rural a orillas del río Paraná, donde vive Jeremías. Allí atravesó la pandemia y allí se descubrió el tumor que volvió a poner su nombre en la escena mediática nacional, acompañado por una ola de afecto y solidaridad que cruzó todo el país.
Rubén Patagonia se fue, pero dejó una obra coherente, honesta y profundamente patagónica. Dejó canciones, películas, encuentros, mesas tendidas y abrazos. Dejó una forma de cantar con sentido, con raíz y con compromiso.
Tal como le dijeron aquella noche en una peña de Comodoro Rivadavia, nunca cantó al pedo. Y la Patagonia, hoy de luto, lo sabe.
(ADNSur)