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  VIERNES 09/01/2026
Murió Philippe Junot, el playboy que conquistó a Carolina de Mónaco
Fue una figura clave en la era dorada del jet set europeo y en la vida social de los años 70 y 80.

Protagonista de fiestas legendarias y vínculos con la realeza y la aristocracia. Su nombre aparece ligado a algunos de los momentos más emblemáticos de la Costa del Sol, y a un matrimonio que revolucionó el Principado de Mónaco.


En los años en que la Costa del Sol era sinónimo de lujo y glamour, Philippe Junot destacaba entre los nombres que daban vida a la jet set europea. Su presencia no sólo llenaba portadas y salones exclusivos, también simbolizaba una forma de vivir marcada por la elegancia, la noche y las relaciones internacionales. Junot no fue sólo el hombre que conquistó a Carolina de Mónaco en uno de los romances más comentados de su época, sino también un referente de estilo y sofisticación en la Marbella de los años dorados.

La reciente noticia de su fallecimiento en Madrid a los 85 años, confirmada por su hija Victoria, reavivó el interés en la personalidad y el legado del hombre que sedujo a la princesa Carolina de Mónaco, y escribió su nombre en la historia social del continente.

El ascenso de Junot, entre apellidos ilustres y noches inolvidables

Nacido en París en 1940, hijo del político Michel Junot y de la heredera industrial Lydia Tyckjaert, Philippe Junot creció rodeado de estímulos que lo impulsaron a buscar su propio espacio en la élite internacional. Su apellido le abrió puertas, pero su carisma y destreza en los negocios inmobiliarios le aseguraron un lugar propio en el exclusivo círculo de la jet set.

El apogeo de su figura llegó en los años 70, cuando el jet set europeo convertía destinos como Saint-Tropez, Gstaad y especialmente Marbella, en epicentros de lujo y ostentación.

Durante esas décadas, Junot se introdujo en un universo donde la distinción social se medía tanto por el apellido como por la capacidad de brillar en fiestas interminables. El empresario se movía con soltura entre aristócratas, magnates y celebridades, consolidando su presencia en enclaves como el Marbella Club y Puerto Banús, donde la sociabilidad y el glamour marcaban la pauta. Allí, la vida nocturna y los eventos benéficos se combinaban con negocios millonarios y relaciones que traspasaban fronteras.

El encuentro con Carolina de Mónaco y el romance que sacudió a Europa

La figura de Philippe Junot alcanzó resonancia mundial cuando, en 1978, se casó con Carolina de Mónaco, la hija mayor de Rainiero III y Grace Kelly. La boda, celebrada en Montecarlo se convirtió en un acontecimiento internacional.

La diferencia de edad y la reputación de Junot como playboy, generaron controversias y resistencias dentro del principado. El matrimonio, seguido de cerca por la prensa del corazón, simbolizó un desafío a los protocolos reales y a las expectativas de la realeza europea.

Durante los dos años que duró la unión, la pareja fue portada constante de revistas internacionales. Las apariciones públicas, los viajes y las ausencias alimentaron titulares, mientras la relación se desgastaba ante los rumores y las tensiones familiares.

El divorcio, anunciado en 1980 y oficializado posteriormente con la nulidad eclesiástica, cerró un capítulo descripto como una de las crisis más mediáticas de la monarquía monegasca.

Un estilo inconfundible en la jet set marbellí

Lejos del Palacio Grimaldi, Junot consolidó su estatus como referente del ocio sofisticado en Marbella. Su presencia animaba las temporadas estivales y los eventos exclusivos en la Costa del Sol.

Rodeado de personalidades como Gunilla von Bismarck, Jaime de Mora y Aragón y el magnate Adnan Khashoggi, Junot encarnaba el ideal del bon vivant: disfrute social, elegancia natural y una habilidad única para conectar mundos diversos.

El valor simbólico de su estilo se reflejaba en detalles como el “moreno marbellí”, ese bronceado intenso que se convirtió en emblema de quienes compartían las fiestas y las cenas en el Marbella Club. La vida social giraba en torno a cenas prolongadas, bailes y negociaciones informales, donde Junot era anfitrión y protagonista.

Familia, negocios y la reinvención tras los focos

Más allá de la imagen pública, Philippe Junot mantuvo una vida privada marcada por la diversidad de relaciones y la cercanía con sus hijos. Tras su separación de Carolina de Mónaco, se casó con la modelo danesa Nina Wendelboe-Larsen, con quien tuvo tres hijos: Victoria, Isabelle y Alexis. La cordialidad y complicidad fue conservada tras la ruptura, compartiendo celebraciones familiares y el orgullo de la paternidad.

En el ámbito profesional, Junot supo reinventarse como empresario, especialmente en el rubro inmobiliario, con inversiones en España, Francia y Estados Unidos. Su empresa, Junot Investment, gestionaba activos de grandes fortunas, aportando un perfil discreto pero influyente en el mundo financiero. La combinación de carisma, visión estratégica y una red de contactos internacionales caracterizó su segunda etapa, alejada del bullicio mediático, pero no menos activa.

Los últimos años y el legado de una época

Instalado en Madrid durante sus últimos años, Philippe Junot disfrutó de la cercanía con su familia, especialmente su hija Isabelle Junot, actual marquesa de Cubas, y su nieta Philippa. Su círculo íntimo valoraba su sentido del humor, su capacidad de adaptación, y la serenidad con la que afrontó sus últimos días.

La misa en su honor, sin velatorio previo, convocará a familiares, amigos y representantes de esa sociedad que alguna vez giró en torno a su magnetismo único.

Las historias, anécdotas y conexiones que tejió Philippe Junot durante la era dorada del jet set europeo, permanecen como testimonio de un estilo de vida irrepetible, marcado por el carisma, la sociabilidad y la capacidad de trascender modas y fronteras.

(Infobae)

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