Mario Félix López desarrolló una notable carrera con la fotografía. Desde sus inicios con la fotografía social, hasta los últimos años en los que se dedicó con idéntica pasión a retratar increíbles momentos de la fauna silvestre, que lo colocaron en la cima en salones tanto nacionales como internacionales.
Sin lugar a duda alguna se puede decir de Mario López que fue uno de esos reporteros gráficos que en infinidad de oportunidades estuvo “en el lugar exacto, en el momento justo”, y que captó escenas irrepetibles, sencillamente porque había alcanzado esa premisa máxima del foto periodista, que tiene la cámara como una extensión del ojo, pero también del cerebro.
Un ejemplo de tantos: un día, en una esquina cualquiera de la ciudad, un cable de electricidad se cortó en la altura y cayó al pavimento. Como el lector puede imaginar, es una cuestión de segundos. López captó la secuencia en toda su magnitud, transformando un hecho accidental en imágenes que parecían tener movimiento, y que fueron publicadas en La Arena.
Con esa misma repentización, pero ahora con la paciencia del que sabe que tiene que esperar, captó imágenes de aves en momentos increíbles, en pleno vuelo o en encarnizada disputa de una presa.
En los últimos años se había volcado con la misma pasión que marcó su existencia, a la captura en imágenes y en videos, de fenómenos OVNI, para lo que viajó y se instaló en distintos parajes de la provincia y fuera de ella.
Hace unos pocos meses se sintió enfermo, y la respuesta a sus preocupaciones fue la peor. Su vida se extinguió esta madrugada. El velatorio se realiza hasta el mediodía en la sala de Corpico. Lo despiden su esposa Olga Garrido, sus hijos Valeria y Alejandro, y sus nietos.
Compañero de trabajo en varias épocas de nuestra profesión, fue siempre un colaborador atento y dedicado de este escriba, aún cuando no eran las mismas empresas en las que nos desempeñábamos. Fue además, un desinteresado reportero de MD.Net y acercó numerosas fotografías de sucesos a los que llegaba cumpliendo sólo con su inquietud profesional.
Estamos escribiendo a la partida de un colega con el que no sólo compartimos trabajo. Se fue un amigo con el que compartimos mucho, con el que nos vimos ponernos grandes, y del que vimos crecer a sus hijos. Mucha luz para el alma de Mario López y sentido abrazo a los suyos.
Alberto Callaqueo