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  LUNES 07/09/2026
Murió el escritor Norberto Galasso
Tenía 90 años. Era uno de los grandes referentes del revisionismo histórico.

Discípulo de Arturo Jauretche, el historiador y ensayista dedicó su vida a reivindicar la obra de los despreciados por la historia oficial. Entre sus numerosos libros se destaca una monumental biografía de Juan Domingo Perón.

Los buenos mueren. Por suerte, a veces tardan. Porque ha sido una suerte, para la cultura y la historia nacional, que Norberto Galasso haya llegado a los 90 años.

El revisionismo histórico, del que fue incansable defensor y propalador, necesita compensar con años promedio de cada quien que lo defienda, dada la enorme cantidad de historiadores rivales: los liberales. Los mitristas, aunque no parezca. Los sarmientinos positivistas, racistas y clasistas. Aquellos del mito de la argentina blanca, que aún impera en cierta parte del imaginario social. Que lo impregna y lo ciega, a la vista de los últimos resultados electorales.

Murió Galasso. Frío, melancolía y desazón, claro. Pero también calma, porque de algo sirvió que la vida le haya permitido respirar tanto. Escribir. Vivir, sentir y escribir. Porque de un sentimiento nació un pensamiento que terminaría por impregnar una obra ciclópea, noble y necesaria. Que, temprano, pegó un giro copernicano cuando Arturo Jauretche, alboreando la década del setenta, guio al joven Norberto por el camino de la liberación nacional, tras unos amorosos escarceos juveniles vinculados a la izquierda marxista y una cosecha libresca que había empezado –rara- por Mariano Moreno (Mariano Moreno y la Revolución Nacional).

Por eso, el verdadero Galasso, el más auténtico, el que murió este lunes porque así lo quiso el destino, empezó en 1973 nada menos que al cobijo de quien fuera su principal inspirador en la Editorial Universitaria de Buenos Aires. A la luz de esa sinergia, a manera de continuador del santo del nacionalismo popular también, fue que hombres y mujeres despreciados y despreciadas por la bendita historia oficial, recuperaran un lugar asertivo. Merecido.

Dispuestos a luchar en la nube del imaginario argentino, vía Galasso fue que vidas y obras de Enrique Santos Discépolo, Raúl Scalabrini Ortiz, Manuel Ugarte, Manuel Ortiz Pereyra, Juan José Hernández Arregui, Ramón Doll, Felipe Varela, Eva Perón, John William Cooke, José de San Martín, Néstor Kirchner y Juan Domingo Perón, entre muchos otros y otras recuperaron sus mejores armas de lucha.

Por supuesto, la más importante, el cenit, fue la descomunal biografía que publicó sobre Juan Perón en 2005. Tal vez la más documentada y profusa que se haya hecho sobre el tres veces presidente de los argentinos en la historia de la historiografía argentina. Galasso resolvió contar en 1200 páginas y 2 tomos una vida desde ya intensísima.

“El peronismo es muy difícil de entender para los intelectuales que buscan causas y utilizan esquemas como si la realidad fuera un laboratorio y la historia no es un laboratorio, es mucho más. No se puede hacer política e historia sin esta pasión, sin esta conexión sentimental entre los intelectuales y el pueblo-nación. Yo soy un convencido de que no hay historia neutra”, dijo a PáginaI12, en una entrevista hecha a propósito de la edición de aquel nodal libro.

También puso en su justo lugar a San Martín. Dos veces. Una, a través del lacónico San Martín o Mitre, cuyas pocas pero nutridas 80 páginas las dedicó el historiador a rebatir los mitos que se han creado sobre el Libertador, desde la visión de Mitre hasta la de ese ex juez llamado Juan Sejeán, que se había atrevido a señalar al padre de la patria como un agente inglés.

“Son cuestiones que necesitan revisarse. Mitre ha hecho su biografía diciendo que San Martín quería libertar pueblos pero no unirlos, que la unión venía de parte de Bolívar y era un proyecto demasiado ambicioso. Por eso, dada la influencia que tuvo Mitre en la historiografía oficial, a San Martín se lo valora como el padre de la patria, el militar, el que escribió las máximas a su hija, pero jamás como ideólogo. El San Martín que veía claramente que si no se producía esta unión cada país iba a ser dependiente ha quedado en las sombras. El político que se oponía a la política rivadaviana probritánica –hasta querer batirse a duelo con Rivadavia en 1825– ha quedado olvidado. Hay que rescatar a ese del que Mitre dice ‘mejor se hubiera muerto antes de darle el sable a Rosas’”, sostuvo en su momento el ensayista, inspirado en la historia que escribió José Barcia Trelles sobre el libertador, durante la década del `40 del siglo XX. La misma que lo guio en Seamos libres y lo demás no importa nada, biografía publicada en 2004.

Murió Galasso. Se lo recuerda también caminando desde su casa de Asamblea al 800 hasta la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, donde todos los sábados daba un seminario seminal sobre historia argentina. Era un oasis tal, ante una casa de estudios en general refractaria a las expresiones nacionales y populares.

“En la historia están los que tienen el apoyo académico y los que metemos las narices donde podemos”, decía a quien se lo vio y disfrutó asimismo dando cátedra nacional de la genuina en los ciclos “La otra historia argentina” y “Los malditos de la historia argentina”, que se llevaron a cabo entre 2004 y 2010 en el ND Ateneo.

Por aquellos años, quien fuera también contador condujo un programa en Radio Caput llamado Galasso De Media Cancha y empezó a dirigir el periódico “Señales Populares”, lugar en el que se mantuvo hasta sus últimos días. En 2024, a propósito de él también, se estrenó en el Cine Gaumont el documental Galasso. Pensar en nacional, dirigido por Federico Sosa.

Murió Galasso, el que –además de los citados- reivindicó itinerarios aún menos conocidos. Aún más malditos, sin calles ni libros que los sacaran de un ostracismo interesado. El escritor y diplomático venezolano Rufino Blanco Fombona, por caso, a quien el historiador y ensayista recuperó mediante un libro llamado Paladín de la lucha por la patria grande latinoamericana, publicado cinco años atrás, cuando su médica de cabecera ya le prohibía salir a la calle, por su estado de salud. Era un libro que permanecía inédito desde hacía cinco décadas. “¿Cómo no reivindicar a Fombona?, él murió en Buenos Aires, peleando con mitristas y rivadavianos, un año antes que irrumpiera el pueblo en Plaza de Mayo, el 17 de octubre de 1945”, sostuvo Galasso en otra entrevista publicada por este diario.

Fombona era como los malditos que el ensayista transformó en un libro de cuatro tomos de nombre epónimo destinado a rescatar biografías de más de 200 personalidades, desde escritores hasta cineastas, científicos y economistas ninguneados y omitidos. En otro de sus grandes aportes a la historia sin anteojeras, Norberto coordinó un grupo importante de profesores de historia, muchos de ellos formados por él. “Un maldito es aquel que se atreve a impugnar el discurso dominante, y por eso es silenciado, marginado y descalificado”, dijo en su momento para amparar bajo sus palabras los itinerarios de Jorge Cedrón, Enrique Mosconi, Felipe Varela, Manuel Savio, Paco Urondo, Julio Troxler, Rodolfo Puiggrós, Homero Manzi y Juan Bialet Massé.

De su profusa cosecha provienen también tres libros publicados hace poco por Editorial Octubre (Dos argentinas, Arturo Jauretche-Victoria Ocampo (Correspondencia inédita, sus vidas, sus ideas), El 17 de octubre de 1945 y De Perón a Kirchner (Apuntes sobre la historia del peronismo) y a esa misma cosecha se debe también que la legislatura porteña haya declarado como Sitio de Interés Cultural su casa de Parque Chacabuco, donde el historiador escribió la mayoría de sus trabajos, y que durante el segundo gobierno de Cristina Fernández lo haya declarado “Embajador de la cultura popular argentina”, cargo que ocupó hasta que Milei lo echó por decreto en septiembre de 2025.

(Cristian Vitale - Página12)

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