“El amateur” se presenta este domingo a las 20 hs. y las entradas están en venta en Anclateatro.com.ar o en Paradigma, calle 15 entre 14 y 16.
"El amateur, segunda vuelta" es la obra emblemática de Mauricio Dayub. “El Pájaro” y “Lopecito”, sus protagonistas, logran encontrar un objetivo común, y arriesgan todo lo que tienen para lograrlo.
Juntos producen un milagro: que el sueño de uno se transforme en el sueño del otro.
La amistad, la pasión y dar la vida sin esperar nada a cambio. Esa es la esencia de El amateur, dice la gráfica del anuncio, de un trabajo que Dayub defiende desde sus comienzos como el resultado de su búsqueda iniciática en el teatro, desde que partió de Paraná, y de Santa Fe a Buenos Aires.
En diálogo con MD.Net, el actor repasó esa labor que lo transformó no sólo en el actor que ya era, sino también en productor y autor de los libretos con los que se dio a conocer, como un desafío frente a la negativa de aquel productor que le dijo que no iba a arriesgar con alguien desconocido que iba a enfrentar su primer trabajo en el escenario.
“Eso me obligó a buscar más profundo, a redoblar mi esfuerzo, porque pensaba que tal vez yo no estaba dando todo lo que hacía falta”, hasta que encontró la forma de teatralizar su propia historia, “pero en procura de que el espectador reviva la suya”.
De sus retornos a Paraná –de donde es oriundo- y de Santa Fé –donde acudía a estudiar-, rescató otra anécdota que le dio respuesta a la elección de su camino artístico. Tras una presentación, un ex profesor suyo que lo había bochado en tres oportunidades, preguntó si podía ir a abrazarlo, y no dudó en responder que sí. Esos tres aplazos fueron la herramienta fundamental para elegir el destino del arte.
El autor y protagonista de “El equilibrista” recordó también cuando la historia de su familia le dio la punta del ovillo para transformar en arte lo que fue a descubrir durante una filmación en Yugoslavia.
“Llovía, y entonces me fui a Italia. Mi abuela me había convencido que no quedaban familiares y que no recordaba ni la dirección, pero fui, busqué y descubrí lo que produjo una sorpresa definitiva en mi vida y en la de mi familia”.
Decidió aprovechar esos días libres para visitar el pueblo natal de su familia materna en el sur de Italia.
Y a pesar de que su abuela le había asegurado que no quedaban familiares, y que ni siquiera recordaba la dirección, emprendió la búsqueda para conocer la casa donde su madre había jugado hasta los 5 años.
Contra todo pronóstico, tras recorrer el lugar y consultar por su apellido, logró dar con su numerosa familia. Allí protagonizó un emotivo reencuentro que incluyó a la hermana de su abuela, y que derivó en el descubrimiento de un secreto familiar oculto durante más de 50 años: su abuela había quedado embarazada siendo muy joven, de un hombre que no era aceptado por su familia. Por la vergüenza que significaba en el pueblo, él emigró a la Argentina, prometiéndole que le escribiría cartas y reuniría dinero para enviarle los pasajes, y así reencontrarse y formar una familia junto a su hija.
Sin embargo, durante cinco años esas cartas nunca llegaron: su propia madre y hermana se las ocultaban. Con el paso del tiempo, y sin recibir respuestas, el hombre decidió enviar a un familiar directo con los pasajes para saber qué ocurría. Fue entonces cuando ella descubrió la verdad. Ofendida, decidió irse sin despedirse y nunca más regresó.
Al regresar al país, Dayub confrontó a su abuela, quien finalmente le contó la historia.
“Ellas, por cuidarla, tal vez por protegerla de alguien que les parecía que no era la persona indicada, la perdieron para siempre... A partir de ese día entendimos por qué mi abuela era como era", explicó.
La pluma del autor hizo el resto, y logró una combinación de emoción, humor y reflexión sobre la identidad, los vínculos familiares y los sueños, ni más ni menos que la exégesis de El equilibrista.
Este domingo, es el momento de “El amateur”, un texto por el que agradece haberse cruzado con el autor y director Mauricio Kartún, quien recuerda que fue él que le dijo que su creación podía subir al escenario porque tenía imágenes. Pero en breve también retornará con “El equilibrista”, porque no es novedad que son muchos los que aún habiendo visto una de sus puestas en escena, vuelven a verla de nuevo.
Y en Pico volverá a mostrar una costumbre que mantiene ya como una extensión de sus presentaciones. “Yo hago teatro con garantía, porque si de verdad no les llega a gustar, yo los espero en el hall y les devuelvo el dinero de las entradas”, dice con una sonrisa.
Es que al finalizar cada función, el actor sale rápidamente al encuentro del público para charlar y compartir la emoción que genera su propuesta.