Un hábito es una acción que efectuamos en forma rutinaria. Debido al refuerzo, que es la repetición sostenida y sistemática de la acción, se crea un hábito y se establece como una rutina. Es una gran realidad que nuestros hábitos construyen nuestro destino.
Hoy sabemos que nuestro cerebro es como una súper computadora, en continuo intercambio con el entorno y con una enorme flexibilidad, lo cual nos permite adaptarnos a nuevos escenarios, aprender y consolidar ese aprendizaje. Lo más increíble, es que esta capacidad está presente a lo largo de toda la vida.
Cada vez que desarrollamos un nuevo hábito, nuestro cerebro crea y refuerza un nuevo circuito neuronal. Por ejemplo, si tenemos el hábito de consumir vegetales, hacer ejercicio o cepillarnos los dientes, esto sucede porque en algún momento hicimos ese aprendizaje y se instaló como una rutina en nuestra vida. Así como podemos adquirir nuevos hábitos, también podemos perderlos.

Los avances de los últimos años en el ámbito de las neurociencias, han puesto en evidencia que nuestro cerebro tiene una real capacidad de reestructurar y crear nuevos circuitos neuronales. A esta capacidad se la denomina neuroplasticidad, y es la base del aprendizaje en cualquier etapa de la vida.
El cerebro en la infancia posee mayor neuroplasticidad que en la etapa adulta. Pero en cualquier etapa de la vida podemos desarrollar nuevas habilidades, competencias y hábitos.
La mentalidad para el cambio de hábitos es la disposición de desaprender para volver a aprender. Quienes poseen esta habilidad, pueden asumir nuevos desafíos con la actitud necesaria. Tienen la humildad y el coraje de levantarse y seguir adelante, y la flexibilidad suficiente para adaptarse a los cambios. Esta clase de mentalidad, no es exclusiva de un grupo de privilegiados.

Aprendiendo cómo opera nuestro cerebro, podremos crear el terreno más propicio para crear hábitos saludables, logrando mayor salud, bienestar y longevidad.
1. Lo primero es definir tu propósito y tu meta. Si no hay una visión clara, literalmente tu cerebro no sabe para dónde ir.
2. Poner foco en la meta es clave. Una mente enfocada es expansiva, todo aquello en lo que te enfocas crece.
3. Es clave comprender cómo opera el bucle del hábito (asociar la acción con una recompensa)
4. Luego, es necesario salir de la zona de confort, pero no demasiado. Desafiar a tu cerebro lo justo.
5. Cuidar tus palabras y pensamientos, tu propia narrativa crea realidad.
6. El cerebro ama lo simple y la previsión. Promover el entorno propicio y anticiparse crea un entorno de seguridad.
7. Es mejor realizar pequeñas acciones, pero sostenidas en el tiempo. La práctica sistemática y el refuerzo son la clave.
8. Sumate a una comunidad donde compartan los mismos intereses. La evidencia es contundente, ser parte de comunidades, aumenta la adherencia.
9. Por último, desterrar la autoexigencia y la rigidez, tratarse con paciencia y amorosidad es clave. La forma en que te relaciones con este aspecto, definirá tu éxito.
La autoconciencia es un aspecto clave a la hora de transformarte y cambiar tu estilo de vida. El sólo hecho de hacernos conscientes, podría cambiar nuestro destino. Esta serie de pequeñas estrategias no son acciones inocentes, cada una de ellas actuará en sinergia con las demás y nos impulsará al éxito.

La mayoría de las personas no abandona sus metas por falta de ganas, sino por falta de diseño, estructura y hábitos efectivos.
Somos capaces de desarrollar nuevas habilidades. Una mentalidad flexible, capaz de incorporar hábitos cuando las metas se definen de forma clara, con pasos específicos, sistemas sostenibles y apoyo continuo.
(*) Roxana Anahí Timo
Médica MN88956 - MP1543
Coach Ontológico