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  SÁBADO 24/10/2026
La “Teoría del Gato Muerto”: qué esconden los ataques de ira de Milei
Por Carlos De Laturi (*)
Del brote por el caso $Libra a la burla contra los que no llegan a fin de mes: cómo funciona el manual para tapar el ajuste a los gritos y un aviso a los opositores que sueñan con aliarse.

En ciencia política existe un truco famoso para entender cómo nos distraen cuando las papas queman: la *Teoría del Gato Muerto*, del asesor Lynton Crosby. ¿Por qué un gato muerto y no cualquier ¿otra cosa?

Imaginemos que estamos en el asado del domingo y acorralamos a un político porque el sueldo no alcanza, la luz es impagable y encima lo agarraron en una estafa. Si para distraernos tira un vaso de agua en la mesa, pasamos un trapo y seguimos reclamando la plata. Para que nos olvidemos del bolsillo, tiene que tirar en el medio del mantel algo tan asqueroso, chocante y podrido —un gato muerto al lado de la comida— que del espanto nadie pueda hablar de otra cosa en todo el domingo.

Esa receta explica de pies a cabeza el último ataque de ira de Javier Milei. Tras el sobreseimiento exprés y sin indagatoria en Comodoro Py por la criptomoneda $Libra, el Presidente sabía que el fallo olía a impunidad.

¿Qué hizo entonces? Tiró un gato muerto gigante arriba de la mesa: desde Puerto Madero y en sus redes salió a los gritos por sus «19 meses y días de mentiras» contra su «buen nombre y honor», deliró que «intentaron un golpe de Estado», acusó de extorsión al Grupo La Nación y leyó una lista negra de periodistas —Hugo Alconada Mon, Carlos Pagni, Paulino Rodríguez, Natalia Volosin y Luis Novaresio—, llamándolos «ensobrados, corruptos» y preguntando «quién se hace cargo ahora de toda la basura que difundieron».

Pero la ciencia política enseña una segunda trampa: ¿por qué el Presidente usa siempre la *ira* —con más de mil insultos desde que asumió—? Porque está estudiado cómo funciona la mente: la preocupación te hace pensar, pero la bronca te hace obedecer sin mirar. Cuando un laburante se preocupa porque el día 20 se queda sin un peso, empieza a hacer cuentas y a dudar del gobierno.

En cambio, cuando el Presidente llena la pantalla de gritos contra un «enemigo» —los periodistas, los artistas, los estatales o los universitarios—, esa furia actúa como anestesia: el fanático festeja los gritos y olvida la heladera vacía.

Basta ver esta semana qué quería tapar Milei con el gato muerto del viernes. Días antes, en Neuquén y en España, se había enojado con las familias que no llegan a fin de mes y les tiró una burla cruel en la cara: «Si el día 20 te quedaste sin dinero, ¿podés vivir diez días sin comer ni beber? Es un eslogan barato». Esa falta de respeto al que pasa hambre hizo que su imagen negativa saltara al 56% y que hasta el diario inglés *Financial Times* marcara su «escasa empatía», mientras Brasil le paraba el carro por sus insultos a Lula calificándolos de «declaración antidemocrática y desequilibrada».

Acorralado por la calle fría, necesitaba urgente armar un escándalo a los gritos.

Ahora bien, cuando un gobernante vive tirando gatos muertos arriba del mantel, pasa lo mismo que con las pirañas hambrientas en un balde: el día que se les termina la carnada de enfrente, se empiezan a comer entre ellas. Miren con nombre y apellido la carnicería que ya hizo con los suyos: echó a los empujones o humilló a su propia vicepresidenta Victoria Villarruel, a Diana Mondino, a Nicolás Posse, a Ramiro Marra y a Marcela Pagano; trató de «impresentable» a su ídolo Domingo Cavallo —echándole a la hija en vivo— y de «mandriles» y «fracasados» a economistas liberales como Carlos Melconian, Ricardo López Murphy y Carlos Rodríguez; llamó «ratas» y «degenerados fiscales» a diputados aliados como Miguel Ángel Pichetto, Rodrigo de Loredo o los bloques de Mauricio Macri que un rato antes le habían votado todo; y anoche terminó llamando «basura» a *La Nación*, a Pagni, a Paulino Rodríguez y a Novaresio, los mismos que le pusieron el banquito para llegar a la Rosada.

Por eso esta columna cierra con una pregunta bien de barrio para tantos dirigentes de la oposición —gobernadores, diputados «dialoguistas» que le regalan quórum, radicales con peluca, macristas desesperados por un puesto y armadores acá en La Pampa que sueñan con cocinar una «Gran Alianza» con este oficialismo—: ¿están verdaderamente seguros de con quién se van a juntar?

Miren cómo les paga el escorpión a los amigos que le prestaron el micrófono, los votos y el lomo.

El día que al gobierno le falte un escándalo nuevo para tapar el hambre y las tarifas, el próximo «gato muerto» que va a tirar arriba de la mesa es el de ustedes. Después, cuando la furia los mastique y los escupa, no digan que no les avisé.

(*) Militante de Derechos Humanos en H.I.J.O.S. La Pampa y FEDEFAM. Politólogo en tesis por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (UNTREF), diplomado en Historia Argentina por la UCES, consultor y analista político.

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