MIÉRCOLES 23 de Septiembre
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  MIÉRCOLES 23/09/2026
La madrileña de 87 años que fue desalojada tras vivir 71 años en un departamento alquilado
Maricarmen, desahuciada de su casa, se irá temporalmente con unos familiares. La vecina de Retiro ha rechazado la plaza de emergencia gratuita en una residencia que le ofrecía el Ayuntamiento de Madrid. Un caso que movilizó a la sociedad española.

Maricarmen Abascal está en la calle a los 87 años. Falta un minuto para la una de la tarde de este miércoles cuando sale recostada en una camilla y la suben a una ambulancia del Samur, que se pierde entre las calles del barrio madrileño de Retiro rumbo al hospital Gregorio Marañón, en medio de un funeral de lágrimas, gritos y ansiedad de las cientos de manifestantes que la han defendido hasta el final.

Maricarmen ha cerrado la puerta de su casa por última vez. No podrá volver, por mucho que haya vivido 71 años en ella. “Este desahucio es un asesinato”, gritan unos activistas mientras otros lloran, aún incrédulos. “Nadie hizo nada por ella”, lamenta un vecino.

Es el cuarto y definitivo intento de desahucio de esta mujer, que llevaba ocho años luchando por quedarse en el piso de alquiler frente a los propietarios, Urbagestión S. L., que han rechazado todas las ofertas de ayuda, todas las gestiones del Ministerio de Vivienda y todos los intentos de mediación del Sindicato de Inquilinas.

Maricarmen se irá a vivir temporalmente con un primo al que llama hermano, tras rechazar la plaza de emergencia gratuita en una residencia que le ofrecía el Ayuntamiento.

En la Comunidad de Madrid hay, de media, tres desahucios al día y este se ha convertido en símbolo del movimiento por el derecho a la vivienda.

La madrileña ha recibido durante más de 12 horas el apoyo de 500 personas, entre ellas Ana Belén, Carlos Bardem y Juan Diego Botto. Un centenar pasó la noche en las escaleras del número 46 de la calle del Alcalde Sainz de Baranda, donde Maricarmen trató de descansar rodeada de su primo, su sobrina y un círculo cercano del sindicato.

Abajo, en el portal, transcurría una noche de vigilancia, tensión e incertidumbre. Fuera, desde antes de las 6.00, decenas de activistas, vecinos y políticos ocuparon los dos lados de la calle, ya cortada. En medio del cordón policial se montaron tiendas y se organizaron asambleas para gestionar la resistencia, después de un emotivo discurso de Maricarmen. “No me quiero ir, pero esta gente por dinero hace lo que sea. Es muy difícil vivir siete años con la daga en la cabeza”, dijo este martes, después de meses en los que pasó de andar enérgica, a estar en silla de ruedas, con menos masa muscular y más demacrada.

La policía cortó la calle a las 6.00 con lecheras y la marea recibió a los agentes con cánticos de “el ático de Ayuso para Maricarmen” y “Maricarmen se queda”. Mientras tanto, las puertas del bloque permanecen cerradas y tapadas con cartones y, dentro, varias decenas de activistas están apostados en las escaleras. Incluso un grupo de jóvenes vigila en la última planta, junto a las ventanas del patio interior.

Al lugar, convertido en un plató, se acercaron al alba desde la eurodiputada Irene Montero, de Podemos, hasta el cómico Ignatius. En el anterior intento de desalojo, en junio, hasta la ONU reclamó al Estado español que lo paralizara y buscara una solución. “¿Dónde está el Gobierno progresista?”, se preguntaban ahora los manifestantes.

Sobre las 10.15, tras casi una hora de negociación, una portavoz del sindicato señaló que la situación era “crítica” y que el desalojo era imparable e inminente. Dos mediadoras del sindicato pidieron una prórroga de 10 días para que Maricarmen pudiera sacar sus cosas con tiempo. Solo le concedieron una hora para retirar todo lo que ha acumulado en ese piso durante 71 años.

“La jueza ha dicho que quiere ejecutar el desahucio. La empresa se ha negado a aceptar la última oferta. El desalojo se va a ejecutar. Por eso seguimos reforzando el cordón para acompañar a las compañeras que todavía resisten en el portal. Este desahucio es ilegal”, denunció la portavoz.

Tampoco se aceptó en las últimas horas la oferta de una reconocida escritora que pidió anonimato para pagar el alquiler de forma vitalicia. El Ministerio de Vivienda, que intentó incluso adquirir el piso, aseguró también que Urbagestión no había respondido a ninguna de las propuestas. “Quieren echarla y ya está. No quieren oír soluciones”, señalaba el ministerio. Urbagestión pedía a Maricarmen 1.650 euros de alquiler, aunque empezó reclamándole 2.650. Ella recibe una pensión de 1.350 euros al mes. Tanto la primera oferta como la segunda son inasumibles para ella.

Maricarmen tenía hasta ahora un contrato subrogado dos veces. Su padre murió poco después de firmarlo y el contrato pasó a su madre, que falleció en 2005. Entonces lo heredó ella.

Los manifestantes, que habían aprovechado la negociación para estirar las piernas, volvieron a sentarse en defensa del portal, cuando se rumoreaba ya que el desahucio se iba a ejecutar. A las 10.45 comenzó el desalojo, llevado a cabo por unos 50 policías antidisturbios con “mucha violencia, tirones de pelo, dedos en los ojos y rodillazos”, como denunció el sindicato.

Llegó el momento de la verdad. Los últimos activistas, dentro del edificio, separaban a la policía de Maricarmen, que esperaba en el sexto piso. Todo ya era inminente. En la escalera se respiraba el silencio, los nervios y la expectación. Sobre las 11.20, la policía empezó a echar abajo la puerta. En la escalera se escucharon golpes constantes y fuertes, mientras los activistas gritaban: “Quince días para Maricarmen, solo pedimos eso”. Los agentes utilizaron entonces gas pimienta.

Para llegar hasta la anciana, aún tenían por delante a otras 30 personas en las escaleras, a las que sacaron una a una, agarrándolas de las manos y los pies. Los activistas que estaban en los primeros pisos gritaban a los de arriba, entre toses, que se prepararan para el gas pimienta. En ese momento, los vecinos del segundo salen a ofrecer leche y galletas para combatir el escozor. “Cincuenta policías para sacar a una señora mayor” y “este desahucio es un asesinato”, se indignaban los manifestantes al otro lado del cordón policial.

A las 11.55, las escaleras quedaron despejadas. A las 12.25, los agentes terminaron de evacuar a las personas que habían pasado la noche con la mujer. A las 12.40, el Samur entró a atender a Maricarmen.

¿Y qué le espera ahora? Las personas que estaban con ella explican que se quedará con su primo, que la acompañó al salir en la ambulancia. Él vive con otras cuatro personas en una casa de 50 metros cuadrados y le ofrece que se vaya con él unos días. El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, pone a su disposición “un recurso asistencial y habitacional para que, de manera inmediata, pueda disponer de un techo bajo el que pueda dormir, descansar y tratar de paliar o recuperarse de esa situación física y psíquica en la que se encuentra”, porque las administraciones “no pueden quitarse de en medio”.

Una portavoz del Área de Políticas Sociales señala que Maricarmen puede ser trasladada a una residencia en la que hay disponibles “plazas de emergencia” gratuitas. Pero ella ha decidido irse con sus familiares tras su paso por el hospital Gregorio Marañón.

Maricarmen ya no está en casa. Los manifestantes que unas horas antes acampaban en su portal regresaron poco después para rebuscar entre el caos. Esterillas, sacos de dormir, restos de una noche que pensaban que tendría otro final. Los 15 furgones y las decenas de agentes tampoco están. Ya no quedan pancartas ni se oyen mantras anticapitalistas. Tras 71 años, Maricarmen no volverá a asomarse a la ventana.

(El País)

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