Hay muchas maneras de darle sentido a nuestra vida. En mi caso, una de ellas ha sido la inquietud por lo social. Usar este breve instante en que nos toca pasar por acá para aportar mi granito de arena.
En ese camino, como muchos de mi generación (1960) abracé ideas de izquierda —comunismo, nacionalismo popular, progresismo— y también, en su momento, una visión idealizada del peronismo. Me formé leyendo a Lenin, Gramsci, Puigros, Jauretche, el Che. Escuché con devoción a esos “cuadros” que hablaban desde la certeza ideológica y describían con elocuencia el paraíso hacia el que nuestras ideas conducían.
Durante años creí que había dos lados según la ideología y yo, por suerte, estaba del lado de los “buenos". Era cuestión de que los buenos triunfaran y llegarían todas las soluciones. Pero el tiempo y la experiencia que van dando los años hicieron aparecer preguntas incómodas.
Comencé a ver que muchas de aquellas ideas que enarbolábamos como antídoto contra la injusticia, tenían efectos no deseados, en realidad, devastadores. Alejado del simplismo de las verdades reveladas, me permití otras lecturas, otras miradas, y descubrí mucha lucidez y humanismo allí donde antes era incapaz de verlos. Eso ensanchó mis horizontes.
Suelo usar una analogía para explicar cómo veo hoy las ideas de la izquierda marxista y del peronismo:
A finales de 1940, la industria farmacéutica desarrolló un medicamento para combatir las náuseas durante el embarazo. Se lo llamó “Talidomida”. Era eficaz, funcionaba. Pero con el tiempo, se descubrieron sus consecuencias: miles de bebés nacieron con graves malformaciones. Un remedio que pareció ser solución al inicio, con el paso del tiempo tuvo resultados trágicos.
Supongamos que este problema (las náuseas), lo extrapolamos a la sociedad con el nombre de injusticia.
El “remedio” peronismo, en su versión original, intentó dignificar al trabajador, dar derechos, incluir. Es decir, intenciones loables. Y en sus inicios generó avances. Pero, ¿cuáles fueron los resultados con el paso del tiempo? Por ejemplo ¿En qué se ha convertido el conurbano bonaerense en su mayoría gobernado por el peronismo de forma ininterrumpida desde 1983? Un solo dato permite dimensionar la profundidad de ese fracaso: El crecimiento exponencial de villas y asentamientos. Entre los años 2001 y 2016 su incremento fue de 385 a 1134, lo cual refleja con crudeza el deterioro social acumulado. Una realidad de exclusión, pobreza estructural, narcotráfico, inseguridad, falta de horizontes, y todo en el marco de una corrupción estructural obscena.
Y ahí continúan, formando parte de un paisaje que parece haberse naturalizado con el paso del tiempo, los famosos barones del conurbano muchos de los cuales viven en el lujo de Puerto Madero.
El “remedio” izquierda marxista, en su apogeo durante el siglo XX, llegó a gobernar un tercio de la población mundial y una significativa cantidad de países. Las intenciones proclamadas eran nobles. Sin embargo, los resultados históricos terminaron mostrando una realidad muy distante del humanismo que esas ideas prometían.
Sin excepción, allí donde estas ideas lograron consolidarse en el poder, los resultados terminaron derivando en sistemas autoritarios, economías ineficientes y sociedades con severas restricciones a las libertades individuales.
Sin estímulo para innovar ni producir, implosionaron al ser insostenibles a pesar del brutal control y represión que ejercían sobre sus pueblos.
Lo que cuesta comprender es por qué, a diferencia de la Talidomida —que fue retirada del mercado cuando se conocieron sus efectos—, estas ideologías siguen siendo defendidas con fervor.
A mi entender esto se debe a que cuando se cuestiona lo que creemos, lo vivimos como un cuestionamiento a quiénes somos. Confundimos nuestras ideas, con nuestra identidad. Y esto nos mueve el piso. Entonces tendemos a aferrarnos a nuestras certezas y muchas veces defender nuestras ideas pasa a ser más importante que revisarlas a la luz de la realidad. El problema es que solo se puede construir a partir de la verdad.
La verdad existe, pero nadie tiene el monopolio de ella.
Por eso lo importante no es tener razón, sino estar dispuesto a corregirse cuando la realidad demuestra lo contrario. La verdad como tarea, decía Antonio Escohotado, uno de los grandes pensadores que descubrí cuando me permití mirar para el costado.
Hoy valoro mucho más aquellos sistemas que, aun siendo imperfectos, lograron construir sociedades con mayores niveles de libertad, prosperidad, institucionalidad y movilidad social. Democracias republicanas con división de poderes, organismos de control, transparencia, castigo a la corrupción, equilibrio fiscal y acceso amplio a educación y salud de calidad.
Ninguno de estos modelos creó sociedades perfectas —porque probablemente no existan—, pero la experiencia histórica muestra que han producido resultados muy superiores a los de aquellos proyectos políticos que prometían paraísos terrenales.
Esta es mi conclusión, fruto de mi experiencia, lecturas y, sobre todo, de intentar contrastar las ideas con sus resultados concretos.
La vida es compleja, las sociedades son complejas. Los problemas humanos rara vez admiten soluciones simples. Hay que correrse de la rigidez de los dogmas, permitirse la duda y animarse a repensar soluciones que partan de experiencias concretas.
Hoy, por primera vez en la historia de la humanidad, tenemos todo el conocimiento al alcance de la mano. Una herramienta increíble. ¿Por qué no aprovecharlo para estudiar otras experiencias? Irlanda, Polonia, Australia, los países nórdicos, por ejemplo. El caso de Australia es interesante ya que en la década de 1970 tenía prácticamente el mismo PBI que nosotros. Luego de 50 años ellos tienen un PBI cinco (5) veces mayor al nuestro. Algo habrán hecho mejor, ¿verdad? Pero ¿qué es lo que hicieron? ¿Cómo lo lograron? Hay que estudiar estas realidades.
Argentina se ha empobrecido. La gran mayoría de los argentinos anhelamos un país que salga del atraso y se desarrolle con equidad. Salgamos de la pequeñez de querer ganar la discusión, persigamos la verdad, y por favor, basta de ofrecer Talidomida.