Mientras los escuchaba cantar y recitar, sentí una fuerza enorme que me dio el empujón definitivo para seguir trabajando, militando y escribiendo.
Pero también me hizo dar cuenta de lo mucho que nos hace falta volver a mirarnos a los ojos. Hoy vivimos en un pueblo que está roto, herido por la incertidumbre y asfixiado por la crisis.
Esta Cuarta Revolución tecnológica e industrial en la que estamos metidos nos tiene a todos desorientados, atrapados y aislados frente a una pantalla. El algoritmo nos llena la cabeza de bronca y nos separa de los que tenemos al lado.
Por eso, el verdadero contraataque para sanar este tejido social dañado no va a salir de un celular; va a salir de recuperar nuestra identidad, nuestra cultura y nuestros lazos comunitarios.
El video de Lisa Simpson y el nuevo orden global
Porque si te fijas bien en lo que pasa adentro del teléfono, la realidad se filtra por los lugares más inesperados. Seguramente viste pasar estos días ese video corto en formato de Reel donde aparece Lisa Simpson, la hija de Homero, rezando y mirando con desesperación una grieta gigante que se abre en el suelo.
En esa escena, la tierra se quiebra de manera violenta, dejando de un lado a los "ricos" y del otro a los "pobres", mientras la palabra "clase media" desaparece por completo, tragada por el abismo.
Si quieren busquen el video: aunque uno a veces esté reacio a manejar esas aplicaciones, hay que admitir que esa escena animada explica con una crudeza impresionante cómo nos están empujando a una extinción planificada. No es sólo un chiste de Internet; es la radiografía exacta del tecnofeudalismo.
En la carrera de ciencia política estudiamos los procesos históricos, y lo que estamos sufriendo hoy no es una crisis económica común. ¿Qué están haciendo los nuevos dueños del mundo? Los magnates de Silicon Valley ya no operan como empresarios tradicionales, sino como verdaderos señores feudales.
Son los dueños de la "tierra digital" —de las aplicaciones, del algoritmo y del control de nuestros datos— y nos cobran peaje por todo. El plan de fondo es que la clase media desaparezca para transformarnos en usuarios dóciles, pedaleando para una app o viviendo con lo mínimo en un país sin soberanía.
Del algoritmo de Silicon Valley al búnker de Mendoza
Este desguace tiene coordenadas físicas y reales en nuestro mapa. Mientras a la clase media pampeana y argentina la hunden con tarifas impagables y salarios licuados, la elite digital avanza a paso firme. Hace poco trascendió que un reconocido tecnócrata argentino de varios unicornios digitales, está proyectando la construcción de un búnker de supervivencia de ultra lujo en pleno Valle de Uco, en Mendoza, e invitando a sus colegas a venir a la Argentina.
Para estos millonarios globales, que saben perfectamente que su modelo destruye el día a día de las naciones, nuestro interior no es una patria; es su patio trasero. Un refugio seguro con agua pura, naturaleza y recursos custodiados para el día en que los sistemas colapsen por el desastre que ellos mismos provocan.
Mientras al ciudadano común le quitan la obra pública, a los señores de la nube les abren las puertas para que compren tierras estratégicas y planifiquen su aislamiento.
La Ley de Tierras como figura de lucha
Pero poner el grito en el cielo ante esto no significa ser derrotistas ni dar por muerto el poder del pueblo. Pensar que ya ganaron sería un cachetazo al poder popular, que es el que siempre termina definiendo la historia cuando reacciona. Ya tenemos una lección histórica reciente que funciona como nuestra principal figura de lucha, y que no debemos olvidar: el debate de la Ley de Tierras.
Cuando intentaron avanzar de manera feroz sobre nuestro suelo, un significante inesperado y profundamente nuestro, como la bandera de Malvinas, perforó el control de las redes sociales. Se desencadenó una discusión pública tan apabullante en el territorio, que terminó con un 80% de rechazo. Pero no quedó sólo en un número digital: esa movilización popular logró quebrar la iniciativa del oficialismo y derrotar, aunque sea, dos artículos clave de la ley que pretendían rifar el territorio.
Esa victoria concreta demuestra que siempre que se ejerce un poder injusto, hay una resistencia real que ellos no pueden modificar con sus tecnologías de control. El algoritmo tiene un límite, y ese límite es la memoria organizada y la heladera.
El arte como trinchera federal
Nuestra música, nuestra poesía y nuestro arte folclórico tienen una densidad y una verdad que ninguna inteligencia artificial o corporación extranjera nos va a poder quitar jamás: nos devuelven la raíz y nos recuerdan que la tierra es de todos, no de un puñado de millonarios norteamericanos refugiados en Barrio Parque o en la cordillera de Mendoza. Frente a la fragmentación digital, unas de las salidas es el arte, el encuentro, el abrazo y la organización comunitaria.
Como militantes de derechos humanos de H.I.J.O.S. La Pampa sabemos que la dignidad no se pixela. La pulseada se gana en el asfalto. En este caso sería la tierra o la pachama y defendiendo lo nuestro: o nos dejamos transformar en usuarios aislados o nos plantamos como un pueblo sano y unido para volver a ser los únicos dueños de nuestro propio destino.
(*)Politólogo en formación (UNTREF) y militante de H.I.J.O.S. La Pampa.