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  VIERNES 03/04/2026
La Ciencia argentina al espacio
El microsatélite Atenea, construido por equipos de la UNLP y la UNSAM, viajó junto a la misión Artemis II de la NASA.

Desde Berazategui, el equipo recibió su señal a la una de la madrugada e hizo historia universitaria argentina.

A las 19:35 del pasado miércoles 1 de abril, el cielo de Estados Unidos se partió en dos. El cohete Space Launch System (SLS) de la NASA, en el marco de la misión Artemis II, abandonó la plataforma del Centro Espacial Kennedy en Cabo Cañaveral, mientras millones de personas observaban el lanzamiento en todo el mundo.

Para casi todo el mundo fue el regreso del ser humano al entorno lunar tras medio siglo pero, para científicos, ingenieros, docentes y estudiantes argentinos, significó aún más.

Además de los astronautas a bordo, viaja Atenea: un microsatélite nacional desarrollado por miembros de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), entre otros, significando el mayor logro aeroespacial científico y universitario del país en décadas.

Durante el despegue, parte del equipo que construyó Atenea siguió el lanzamiento desde el Instituto Argentino de Radioastronomía (IAR), ubicado en Berazategui, con dependencia de la UNLP, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y la Comisión de Investigaciones Científicas (CIC). Desde ahí, junto a las estaciones terrenas de la CONAE en Córdoba y Tierra del Fuego, el grupo esperaba la señal del satélite.

“Después del lanzamiento esperamos unas cinco horas, que fue cuando el satélite se soltó del cohete y empezó a transmitir información. Cerca de la una de la mañana del 2 de abril apuntamos las antenas y logramos recibir la señal de forma inmediata”, relató Ramón López La Valle, coordinador del grupo Sistemas Electrónicos de Navegación y Telecomunicaciones (SENyT) de la Facultad de Ingeniería de la UNLP, en diálogo con Buenos Aires 12.

“Tanto en el IAR como en las estaciones del CONAE en Córdoba y Tierra del Fuego, se recibió la señal en forma simultánea. El satélite estaba a unos 50 mil kilómetros de la Tierra, y la señal llegó correctamente. Era muy desafiante y funcionó bien”, agregó.

El equipo siguió la transmisión de forma ininterrumpida durante horas. “Se pudo recibir información, decodificar los datos y estaban todos correctos. Con eso se logró validar gran parte del satélite”, explicó López La Valle.

Lo que Atenea transmite es telemetría: el estado de salud del satélite en tiempo real. La temperatura de la batería, el nivel de carga, la temperatura de la computadora de a bordo, los datos del receptor GNSS.

Después de 10 horas de travesía, el satélite salió del rango de las antenas argentinas. “Luego de la mitad del viaje, el seguimiento lo continuó una estación de Vietnam. Pasó a la zona del otro hemisferio”, contó el investigador.

Qué es Atenea y para qué fue al espacio

Atenea es un CubeSat de clase 12U. No va a la Luna: hace una órbita altamente elíptica que acompaña el camino de la misión Artemis II, alcanza los 70.000 kilómetros de distancia de la Tierra y luego regresa.

“Atenea no es un satélite que va a la Luna, sino que hace el camino de la Luna. Una órbita de 70 mil kilómetros, da la vuelta, pierde altitud y entra a la atmósfera de la Tierra”, aclaró López La Valle. Se espera que al reingresar, tras un viaje de 20 horas, se desintegre.

Su objetivo es lo que en el mundo espacial se llama una misión de demostración tecnológica.

“Exhibir que lo que se desarrolló en Argentina funciona, y que si todo está bien, en el futuro esa tecnología pueda usarse en misiones de mayor duración”, explicó el investigador.

“Cuando uno desarrolla tecnología espacial, sí o sí necesita probarla en vuelo. Uno gana credibilidad. Quiere decir que todo está bien hecho”, añadió.

En términos concretos, el satélite está probando un sistema de comunicaciones de largo alcance -clave para misiones más alejadas de la Tierra-, un receptor GNSS desarrollado íntegramente en la Facultad de Ingeniería de la UNLP, y una carga útil científica para medir radiación espacial y evaluar el comportamiento de componentes electrónicos en condiciones extremas. Esta última fue diseñada y construida por el equipo de la Universidad Nacional de San Martín.

La importancia de la UNSAM

Leandro Gagliardi trabaja en el Laboratorio de Integración Nanoelectronica de la UNSAM, y fue parte del desarrollo de Atenea. En diálogo con este medio, explicó que “nuestra tarea fue diseñar la carga útil del satélite, la cual se encarga de medir intensidad de luz proveniente de la superficie terrestre, generar reportes junto a datos de telemetría y transmitirlos a la computadora central”.

Detrás de ese desarrollo hay un equipo pequeño pero potente. “En el laboratorio somos principalmente cinco personas las que estuvimos detrás del desarrollo. Tres somos estudiantes de posgrado -además de Gagliardi, Lucas Finazzi y Alexis Luszczak- en vísperas de terminar nuestro doctorado en la UNSAM”. El trabajo abarcó “el desarrollo del hardware, firmware, validación funcional, ensayos ambientales y análisis de datos”.

También participaron Gabriel Sanca, director de la carrera de Ingeniería en Electrónica, y Federico Golmar, decano de la Escuela de Ciencia y Tecnología, además de varios estudiantes de grado que aprovecharon el proyecto para completar sus trabajos finales de carrera.

Para Gagliardi, ver el lanzamiento fue una experiencia que no había imaginado posible. “Muy emocionante. El trabajo significó un esfuerzo enorme. Personalmente, jamás imaginé que alguna vez sería parte de una misión de tal repercusión”, admitió y vaticinó: “Estoy ansioso por lo que viene, dado que en este último se produciría el alunizaje”.

Una red institucional

Atenea es también la historia de una articulación institucional inédita. La Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE) coordinó el proyecto desde sus inicios, y fue quien convocó al equipo de la UNLP, reconociendo su experiencia previa. La integración final y los ensayos de vibraciones, radiofrecuencias y condiciones ambientales se realizaron en el Centro Espacial Teófilo Tabanera de Córdoba.

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) aportó en los sistemas de energía y paneles solares. El IAR, por su parte, fue clave en la recepción terrenal de los datos. Y la Facultad de Ingeniería de la UBA completó el consorcio de instituciones nacionales.

En total, unas 50 personas participaron en mayor o menor medida en el proyecto. Sólo en La Plata, entre 17 y 20 personas pusieron su trabajo en el satélite. Así, Argentina fue el único país latinoamericano seleccionado por la NASA entre propuestas de 61 naciones, compartiendo lugar con Alemania, Corea del Sur y Arabia Saudita.

“Esta participación nos deja en un buen lugar a nivel mundial. Nos pone en el centro de la agenda espacial. Esperamos que nos abra puertas a futuro”, resumió López La Valle.

Gagliardi coincidió desde la UNSAM: el laboratorio seguirá trabajando en la misma línea, “haciendo un gran equipo con instituciones tan importantes como CONAE, VENG, la UNLP, CNEA, IAR y la UBA”, cerró.

Entre las 20 y las 21 del jueves, Atenea entró a la atmósfera de la Tierra, se desintegró y puso fin a la parte práctica de la misión. Pero, a su paso, dejó un legado trascendental: datos, ciencia nacional dotada de credibilidad y una participación universitaria histórica.

(Página12)

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 03/04/2026 | 11:28 Hs
Enviado por Verónica
Y tenemos un Presidente que no respeta la Ley de Financiamiento Universitario y desprestigia el trabajo del Estado. La NASA Sr. Presidente es estatal.
 
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Diseño y diagramación: A P