Inicios de los años '80
Hace muchos años de pibe y sometido voluntaria y brevemente al sistema prusiano diseñado para cumplir sus funciones al tiempo de preservarse y cuidar a los otros bomberos y voluntarios pues un error de decisión o coordinación resulta en la pérdida de la vida sin más, me fui a meter a un incendio de pasturas cercano a Río Gallegos, tenía intenciones de entender el cómo y las formas por las cuales siempre pasaba lo mismo, aún el avance de la ciencia y la tecnología.
Con llamas de diez metros de altura y con avance rápido de tres metros por minuto que consumieron unas doscientas hectáreas, no llegó ni a compararse con lo que ocurre hoy en diferentes puntos de Patagonia.
La condición invisible de la realidad
El clima cambió desde aquellos tiempos y va para peor ya lo dije varias veces, hoy mismo las olas de calor extremo cercanas a los 40 °C con sensaciones térmicas que pasan los 50 °C y que convierten a los vetustos trajes de protección contra el fuego en verdaderos hornos, hablan desde el termómetro de la apatía generacional en la búsqueda de soluciones para este asunto.
Perder a alguien es devastador, lo mismo que perderlo todo viendo como el trabajo de toda la vida se hace humo en un instante, y no es gratuita la burla en las redes sociales con imágenes falsas y la especulación respecto de qué pasará después con las tierras arrasadas mediando larguísimos y vacíos análisis de alguien que declara no saber ni cómo se usa un matafuegos.
Pero esto no es nuevo, ocurre una y otra vez sin solución de discontinuidad y al parecer a nadie le cae la ficha que permanece atorada en la petulancia de los excesos de celo profesionales y la incompetencia del qué me importa de los cargos públicos sucesivos encanutados en administraciones que siempre reinician actividades por obra y gracia de la "gestión de" tal o cual político, que al final del mandato termina por ser tanto o más inútil que el anterior en brindar soluciones perdurables; claro que no es bueno generalizar y no pretendo ofender a aquellos que sí le ponen el hombro honesto, el tiempo y la pasión, pero la línea de calidad no termina jamás de bajar y a la vista están las consecuencias y no he leído ni una sola autocrítica en años.
La ausencia notable de las legislaturas enfrascadas en rencillas de poder y en ver a quién le ceden el voto a cambio de algún que otro beneficio para su partido, y de las sedes judiciales que escasamente disponen medidas ejemplares para quienes inician intencionalmente incendios forestales y de pasturas concluyendo una multa sea cual fuere y un mérito paupérrimo por falta de antecedentes, permiten que criminales de todas las calañas se salgan con la suya y sigan apareciendo en las redes sociales promocionando con los bidones de nafta que usaron o con las inversiones que van a hacer más tarde para supuestamente darle trabajo a la gente.
En las escalas de valores, y sacando del medio a la ética y la propiedad ciudadana de los recursos naturales, una parcela rural varía en su costo de adquisición desde unos cientos a unos miles de dólares por hectárea, y nadie se pregunta cuál es el valor real de esos recursos que contiene perdidos por el fuego, esto no es al azar pues si se hiciera el análisis los criminales verían cómo los precios de adquisición especulativa crecen hasta llegar a las nubes.
Qué perdemos en cada incendio
Un sistema de bosques entre otros como soporte de biomas completos capaces de conformar ambientes ecológicos locales y de facilitar su interacción regional con otros, posee un valor creciente en la medida que se mantenga sano y perdure, su aporte ya sea desde un bosque nativo o implantado hasta un pastizal de las mismas características, permite la generación de ganancias directas y derivadas de doce ceros en el mediano y largo plazo, y ni hablar de sitios de conservación especial como reservas y parques iguales a los que hoy están desapareciendo consumidos por el fuego.
Después del diseño de una treintena de patentes de invención notariadas y el camino vacío dejado por nueve administraciones federales desde 1.985 hasta 2.015, treinta años, dejé de insistir con una propuesta surgida de aquella razia de fuego en los pastizales de mi ciudad natal.
Cientos de horas de teléfono, nutrida correspondencia papel, docenas de reuniones, incontables horas de trabajo de diseño, planificación y organización entre otras cosas, para nada; solo las respuestas mediocres de "lo estamos analizando", "vuelva mañana", "es un proyecto utópico" y hasta la patética frase que pareciera pegada en el dorso de los títulos académicos que cuidan su quintita con vanidad, de "nosotros igual podemos hacerlo" y que por desgracia se ha propagado como las llamas como una declamación de falta de interés y falsa superioridad, y que cala profundo mucho más en estos tiempos en los que la lucha por los cargos es brutal habida cuenta de baja presupuestaria, los despidos y la paranoia generalizada desde el odio.
Cumplí con todos los requerimientos de presentación burocrática que nivel tras nivel me fueron solicitando en lo nacional, provincial y municipal, incluso en el camino recorrido fui agregando como refuerzo la ocurrencia de los sucesivos incendios que se insistían en combatir de la misma forma en la que se combaten desde el siglo XVI y la década de 1.940: por tierra con mangueras y picadas de zapadores y por aire con aviones, y en cuyos resultados indefectiblemente termina ganando el fuego salvo algún alivio de la naturaleza en forma de lluvia.
No voy a criticar el combate contra el fuego donde bomberos, vecinos y auxiliares que siempre llegan para ayudar, mujeres y hombres, se juegan los ovarios y cojones frente a las llamas mientras las administraciones una tras otra parecen contar a ver cuántas miles de hectáreas se han quemado y esperan que la cifra sea suficiente como para declarar una emergencia.
El combate de un incendio de bosques por tierra es complejo y agotador, mortal literalmente, y por aire es un gasto mal aplicado pues apenas una fracción del agua y retardante llegan a cumplir su función por las altísimas temperaturas que vaporizan y desintegran las pulverizaciones y gran parte de los flujos de descarga aún antes de tocar las copas de los árboles o la cima de los pastizales.
El largo camino de una idea
Para 1.980 tenía una idea bastante desarrollada que a mí colección de documentos grandes y pequeños vine a encontrar garabateada en un sobre (imagen) de la que fuera la primera O.N.G. de Patagonia dedicada a la ecología y el ambiente, la Asociación Iar Maip para la Investigación de la Naturaleza, con la que transité una etapa de mi vida por muchos y largos caminos, algunos tremendamente sinuosos.
No los voy a cansar con las diez cajas de archivo de documentos sobre de este tema, pero por favor dense un momento para mirar las fotos adjuntas de los incendios recientes en Patagonia, el denominador común de estas que incluyo de las miles que han aparecido en la prensa, las redes sociales e internet, tienen un denominador común: los incendios están al margen de ríos y lagos, o sea… fuego… agua…
Eso mismo tuve en cuenta al momento de diseñar un sistema de humidificación preventiva y extinción de incendios de bosques y pasturas, el que al presente no solo sigue teniendo vigencia técnica, sino que además sus componentes han evolucionado exponencialmente por el avance científico en materiales y equipamiento especializado, y seguro pero seguro que hay allí afuera algún instituto, universidad, centro científico o empresa privada que puede diseñar algo parecido o mejor y además brindar un servicio útil, rentable y valioso para todos.
Resumiré su funcionamiento, el sistema se basa en estaciones impulsoras localizadas en boyas flotantes alejadas de las orillas de los lagos o en depósitos de almacenamiento a la vera de los ríos y arroyos o sobre acuíferos subterráneos, en cada estación una bomba impulsora de alta potencia provee de agua al sistema, el agua es transportada por cañerías de alta presión hasta una distancia de quince kilómetros y concluye en torres metálicas que según la vegetación reinante pueden tener entre veinte y cincuenta metros de altura, cada torre posee dos aspersores auto rotativos a un cuarto de la distancia del suelo y en el tope donde el agua se comprime aún más llegando entre cien y doscientos metros de distancia en forma de chorro de expansión progresiva controlada.
El uso de pendientes, flujos de viento en chorro por canalizado orográfico, así como las barreras naturales como complejos de rocas o vegetación de baja combustibilidad, sirve a una planificación para la ubicación de cada torre y de cada sistema de distribución.
El sistema posee un módulo de vigilancia para evitar el vandalismo además de estar enlazado con un complejo de sensores automáticos desde una central de monitoreo del clima con acceso de levantamiento de imágenes y datos de sensores remotos satelitales, además de poseer un sistema de control de integración radial para las estaciones operativas del manejo del fuego.
La capacidad del sistema tiene dos puntas de producción de resultados, una la prevención usando el agua de acuíferos superficiales o subterráneos para mantener el terreno bajo control de humedad mínima y evitar el surgimiento de incendios, y la otra la extinción de los mismos sin ingreso de personal ya que la única prestación de servicio de atención y mantenimiento activo en el momento de un incendio es sobre la estación de bombeo, motor, presurizador y sistemas electromecánicos.
Las torres son auto portantes y poseen una base plana que permite sellarla con cemento o simplemente soportarla con piedras del lugar en caso de difícil acceso, son de fácil transporte por aire en helicóptero y la instalación de las tuberías en sencilla tanto en tramos cortos como largos, tuberías que pueden ser transportadas a mano si se requiere, y ser dejadas a la intemperie, tanto las torres como las tuberías están dispuestas para un vaciado por gravedad para evitar el engelamiento atmosférico invernal.
Las torres así como las tuberías eran de hierro galvanizado, en las primeras presentaciones había conseguido planificar el reciclado de miles de tubos recuperados de las líneas férreas deshabilitadas e incluso había logrado la posibilidad de disponer de bombas de presión recuperadas de la industria del petróleo y adaptadas al efecto, hoy esto podría ser reemplazado por mangueras ignífugas por ejemplo, torres más livianas del mismo material, y realizar vigilancia a través de sistemas de cámaras y sensores WiFi o satelital, e incluso desde aquellos años las bombas presurizadoras han tenido una extraordinaria evolución a tal grado que el requerimiento de presurización hoy se puede lograr con equipos de una décima del tamaño demandado hace treinta o cuarenta años.
El sistema prevé la instalación de pararrayos, una de las causas frecuentes de incendios en algunas áreas, además de la inclusión de tecnología de avanzada como micro generadores eólicos por resonancia y almacenamiento de energía para alimentar al balizamiento de alerta a la aeronavegación, estaciones meteorológicas para evaluación en línea, y entre otras muchas cosas refugios desplegables de emergencia para el caso de acceso a las torres en una escalada del incendio.
Incluso en sus inicios el sistema se complementaba con otros sistemas tales como lo que hoy llamaríamos robóticos, cañones neumáticos para el lanzamiento de proyectiles de hielo a zonas inaccesibles ya desde tierra o desde el aire, e incluso sistemas de evacuación de emergencia a través de mangas expandibles que además podían ser usadas en edificios altos de áreas urbanas.
Ninguno de estos implementos reemplaza a los bomberos y al sistema de manejo del fuego, lo que fue una de las tantas excusas que recibí en las incontables omisiones de atención, la mano y la mente del hombre siempre debe estará presente pero con un sistema como este sus acciones se perfeccionan y los dineros hoy de presupuestos sub ejecutados y mañana tal vez privatizados que tarde aparecen disponibles pueden ser mejor administrados en tiempos y formas.
En lo sencillo el sistema funciona como un sistema de riego de jardín, solo que a una mayor escala y complejidad.
Desprecio y vacío
Alguien en medio tal vez de una orgía de celulosa me envió desde el Estado Nacional por correo un voluminoso sobre con leyes, decretos y reglamentos, además de unas doscientas planillas para completar dentro de los quince días para que mi propuesta "tuviera lugar", se necesitaba la participación de profesionales en diferentes disciplinas, universidades, organismos provinciales y municipales, además de colegios profesionales y una larga lista de requisitos propios de la máquina de impedir argentina.
Pero cumplí con la ayuda y pasión de varios, cada artículo, cada espacio de cada formulario, cada firma y cada reporte técnico, a mi costo y de la misma forma lo llevé en persona dos días antes de vencer el plazo, lo entregué luego de cuatro horas sentado en una sala sucia… aún hoy espero la respuesta pero el funcionario de aquella época hoy se llena la boca hablando en la tv.
Lo increíble e impactante de este asunto no es que alguien en todos aquellos años no se interesara en mi propuesta, sino que desde el regreso a la democracia a nadie de los miles de responsables, idóneos, profesionales, expertos y funcionarios cuyas misiones y funciones apuntan justamente a estos mismos fines, no se les ocurriera ni siquiera una sola idea alternativa, y en cuatro décadas no se hiciera ni una sola instalación preventiva y funcional que permita combatir incendios forestales y de pasturas, ni siquiera con el aprendizaje de las tragedias ocurridas varias veces.
Argentina parece funcionar así, nadie le puede decir lo que tiene que hacer a quién tiene la firma ni a quién dispone el presupuesto, pero al mismo tiempo esas personas hacen nada, cero, en relación a este problema que ha ido creciendo con el pasar de los años y las décadas y que se incrementará en el futuro.
Yo solo estoy compartiendo mi experiencia al respecto, vaya cada uno y pregunte a quienes han perdido todo en los incendios, a quienes aún poseen conciencia ambiental y comprenden lo que significa que un bosque arda en llamas, a los científicos que trabajaban en el estudio de la biodiversidad vegetal y animal de esos bosques, o a quienes caminaban sus senderos guiando turistas para ganarse la vida.
Esa sensación agria que se siente profunda en el estómago, el percibir que las cosas son siempre iguales y que siempre terminan de la misma manera, y que en el fondo a quienes tienen la función transitoria de manejar los destinos de un municipio, una provincia o un país, en realidad les importa nada este asunto como para coincidir, prevenir y buscar opciones de calidad y perdurables.
Los incendios sucesivos en Patagonia han incinerado especies endógenas cuyo valor es imposible mensurar, destruido hábitats y abrasado insectos, reptiles, aves, mamíferos y otros, no solo en los complejos epiterrenos sino además bien profundo en lo subterráneo de raíces y nutrientes del suelo que alimentan por decantación gravitatoria los biomas lacustres y fluviales, incidiendo negativamente sobre las cuencas hídricas a la que pertenecen.
Llega tarde a Argentina la palabra "ecocidio" y es mucho peor pues como en el caso del bioma submarino de los mares australes muchos se burlan y cuentan de antemano el dinero de una explotación destructiva del entorno ambiental.
Aplauden otros rabiosos y se regodean en las redes sociales del odio, mientras quienes vienen con dólares recién impresos ya han elegido hoteles para alojarse, traje caro y vaso de whisky en la mano ven de lejos los terrenos devastados y preparan sus billeteras para hacer una oferta baja a través de algún socio de "negocios" local.
Continuidad y agravamiento futuro
No van a ser los últimos incendios en zonas cuyo valor inmobiliario rural está en alza por diferentes razones, ni en Patagonia ni en cualquiera otra zona rural donde como alguien dijo el problema son los argentinos, y donde si nos tomamos el trabajo de analizarlo en los sucesivos años del pasado, podremos ver con claridad quién ha perdido y quién ha ganado con estos incidentes que parecen no tener fin.
Si se me permite hacer una pregunta final ¿Cuál es la razón de fondo por la que los Poderes del Estado de todos los niveles no han conseguido ponerle el cascabel al gato en este tema en casi medio siglo, y no quiero pensar que es por la desidia de la incompetencia ni por el cohecho de la coima en nuestras zonas de frontera lo cual se sumerge en otros asuntos aún más complejos, es que acaso nunca alguien disfruto con sus padres y abuelos o en soledad de una caminata por nuestros parques y nuestra naturaleza que no le importa que las generaciones venideras se vean privadas de ello?
Gracias por comentar menos y compartir más con sus propios aportes, todos tienen una opinión sobre el tema y aun cuando la inmensa mayoría lo ve de lejos la verdad es que esa naturaleza que se hace cenizas es propiedad de toda la ciudadanía.
Javier Walter Sofía
DNI 17.281.217