Sinvergüenzas, perfectos sinvergüenzas, esa es la palabra que mejor sintetiza el comportamiento de los gobernadores peronistas que ofrecieron sus votos al Gobierno para lograr la reforma laboral que pedía el poder real de la Argentina.
Jalil de Catamarca, Sáenz de Salta , Jaldo de Tucumán, Passalacqua de Misiones, Vidal de Santa Cruz, Llaryora de Córdoba, son los apellidos de estos traidores que estafaron a sus votantes y decidieron castigar a los trabajadores, columna vertebral del movimiento peronista.
“Vieron que no soy el único?”, dirá sonriente Kueider.
Se burlaron de Perón y se burlaron de Cristina, la única dirigente que conserva, como nadie, la masiva adhesión del pueblo. Por eso está presa, por eso la proscribieron, por eso la quisieron matar.
A Cristina le inventaron causas sin pruebas, sin sustento jurídico. Las tienen latentes y las refriegan cuando se les ocurre aprovechando el dominio mediático vía Clarín, TN, La Nación y los loros barranqueros bien pagos que las difunden. Antes era Lanata, ahora son Majul, Viale, Feinman y otros bandoleros.
Ni hablar de los crápulas de Comodoro Py, con jueces, fiscales, camaristas y por si hace falta también está el aporte de la Corte sotreta.
Toda esta inmundicia fue avalada por los traidores antes mencionados, que por supuesto, en simultáneo, están convalidando las trapisondas de Milei, de Caputo, de Karina, que significa –ni más ni menos-, que convalidar los despidos, los desocupados, el hambre del pueblo y la represión salvaje contra jubilados y discapacitados.
Gratifica la actitud de Sergio Ziliotto, que sigue resistiendo las embestidas del poder y que plantó bandera contra la ley con los votos de Bensusán en el Senado y de Rauschenberger, Ferrán y Lichi Marín en diputados.
Sabe también Ziliotto que la mafia seguirá atacando para tratar de asfixiarlo económicamente y que logrado este objetivo intentará una reforma previsional para volver a las AFJP mirando de reojo las cajas provinciales.
Por si fuera poco, el gobernador tiene por delante otro desafío muy delicado, todavía sin resolución a la vista. Un desafío que tiene en la vereda de enfrente a Carlos Verna, con inesperadas reapariciones públicas y declaraciones que hicieron mucho ruido.
La primera vez fue aquella insólita conferencia de prensa en la escuela donde había votado y en plena veda electoral, el pasado 26 de octubre.
Allí le vaticinó a Ziliotto un futuro de senador y le advirtió por la permanencia en el cargo del secretario de la Gobernación, José Vanini, sobrino político del propio Verna, a quien descalificó duramente. También fue impiadoso con Abelardo Ferrán, primer candidato a diputado en la boleta peronista.
Mucho ruido por esos dichos y mucho ruido poco después, cuando Ferrán volvió a ser cuestionado el día de su debut legislativo y colocó en el pupitre el cartel de “Cristina libre”. Sin dudas a Verna le sigue molestando Ferrán, pero resulta obvio que tampoco digiere a Cristina.
Y esto no es todo, porque el ex gobernador se está moviendo discretamente como en sus tiempos de candidato, contactando a varios de sus alfiles en distintas localidades y confirmando a sus íntimos que a Pico lo quiere totalmente blindado, como en sus mejores épocas.
La respuesta de Ziliotto por ahora es el silencio, aunque piensa en Bensusán o Rauschenberger para la sucesión.
Lo notable es que en los planes de uno y otros no aparece Luciano Di Nápoli, ex kirchnerista y ex vernista, que cada día que pasa piensa en su candidatura para el Centro Cívico, con o sin padrinazgo ilustre.
Para todos ellos hay un dato irrefutable que no advierten o no quieren reconocer: la inmensa mayoría de la militancia peronista ama a Cristina. En La Pampa también.
Como dijera Scalabrini Ortíz en aquella gesta por Perón: “El subsuelo de la Patria sublevado”.
Adelante radicales, adelante para atrás
Si no fuera por la magnitud de la tragedia que estamos padeciendo, sería hasta divertido comentar la incomodidad que debió soportar el senador Daniel Kroneberger noches atrás en Santa Rosa, cuando fue interpelado por una veintena de sus correligionarios en el Comité Radical, a propósito del voto a favor de la reforma laboral.
El “ruso” Kroneberger quiso explicar lo inexplicable y hasta provocó a la prensa echando del Comité a dos periodistas del diario La Arena para evitar trascendencia periodística. Debería saber que “secreto de dos es de Dios, secreto de tres de nadie es”.
Y a pesar del pretendido cerrojo informativo, pronto se supo que no convenció a nadie. Antes de esa reunión, el senador había distribuido a la prensa un escrito fundamentando su postura de respaldo a Milei. En realidad era un escrito redactado por los asesores de su bloque para los diez radicales que votaron la ley. Un verdadero compendio de ambigüedades y sanateo que haría empalidecer al mismísimo Fidel Pintos.
Bien lo dijo el histórico dirigente radical Pedro Salas, asistente a esa reunión: “Si los diez senadores votaban en contra, la ley se caía”. Pero no, votaron a favor, respaldaron al payaso paranoico, a los grupos económicos que lo sostienen, al círculo rojo de Magnetto, Rocca y compañía y por supuesto a Donald Trump.
Esta decadencia del radicalismo lo ha llevado prácticamente a su extinción, con personajes mucho más emblemáticos por su aberrante adhesión y complicidad con Milei, como Cornejo de Mendoza, Zvero de Chaco, Pullaro de Santa Fe, Valdez de Corrientes y Sadir de Jujuy. Este último, cabe aclarar, es un esbirro del dueño de la provincia, Gerardo Morales, el perfecto canalla que encarceló a Milagro Sala, por el simple hecho de ser coya y dar su vida por los pobres.
Por lo tanto, cabe la pregunta: ¿A título de qué estos personajes tiraron por la ventana a Illia, a Alfonsín y a la historia misma del radicalismo? En este laberinto sin salida cayó Kroneberger, que ha quedado cómplice de Milei y que tiene el antecedente de haber respaldado también la Ley Bases.
Quizás si hubiera consultado a Leopoldo Moreau, a Leandro Santoro o a Ricardo Alfonsín, habría aprendido que ser gorila o antiperonista permanente no es la mejor opción y menos aún para apoyar a un gobierno infame como el de Milei.
No es el único: ahí están Martín Berhongaray y los hermanos Altolaguirre –entre otros menos conocidos-, para ofrecerse como salvadores de La Pampa, con el exclusivo argumento de juntarse con mileístas, macristas y cualquiera que acepte sumarse para “terminar con más de 40 años de peronismo”.
(*) Periodista.