La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias. Cuando estos valores permanecen elevados de manera sostenida, se desarrolla hipertensión arterial.
Juan Pablo Corso, jefe del Servicio de Cardiología del Hospital de Complejidad Creciente René Favaloro, explicó a la Agencia Provincial de Noticias que la hipertensión arterial es una enfermedad crónica, extremadamente frecuente y silenciosa, capaz de generar daño vascular durante años sin producir síntomas y que, “al ejercer una sobrecarga hemodinámica constante sobre todo el sistema circulatorio, el corazón y el cerebro se convierten en dos de los órganos más afectados”.
El límite clínico y el impacto multiorgánico
Frente a este escenario, el especialista remarcó la importancia de realizar controles periódicos. “La recomendación clínica es efectuar al menos un control anual de presión arterial con un profesional médico, o implementar registros domiciliarios validados en quienes optan por una prevención activa. Actualmente, la cardiología moderna considera deseable mantener registros por debajo de 130/80 mmHg en la mayoría de los pacientes. Superar esos valores de manera sostenida obliga al corazón a trabajar más, y produce daño progresivo sobre órganos vitales”.
Agregó que, a largo plazo, esta sobrecarga “aumenta significativamente el riesgo de infarto agudo de miocardio, accidente cerebrovascular y deterioro renal. El diagnóstico precoz permite prevenir estos eventos y proteger también las funciones cognitivas con el paso del tiempo”.
Estadísticas
El jefe de Cardiología del Hospital Favaloro advirtió además sobre el impacto silencioso de la hipertensión no controlada.
“La hipertensión genera microdaño cerebral y lesión en órganos como los riñones. Ese impacto acumulativo acelera el deterioro cognitivo y el envejecimiento cerebral, condicionando en gran medida la independencia funcional en la adultez mayor”.
Y continuó precisando que la presión alta no controlada “actúa como un desgaste continuo sobre el cerebro. Al dañar las arterias más pequeñas que lo nutren, se pierden pequeñas áreas de tejido de manera silenciosa. Controlar la presión arterial, mantener hábitos saludables y realizar actividad física regularmente, permitirá conservar un mejor bienestar físico y cognitivo en el futuro”.
Hábitos, herencia y el paso del tiempo
La hipertensión arterial responde a la combinación de múltiples factores, donde el estilo de vida ocupa un rol central.
El sedentarismo, el exceso de sal, la falta de actividad física y el envejecimiento favorecen el aumento de la presión arterial. A esto se suma el estrés crónico que, aunque no siempre origina la enfermedad por sí mismo, puede actuar como desencadenante.
En este contexto, Corso destacó también la importancia del antecedente familiar. “Si padres o hermanos desarrollaron hipertensión a edades tempranas, existe una alta probabilidad de predisposición genética. Eso debe interpretarse como una señal de alerta para comenzar a cuidarse antes”.
En relación al impacto del paso del tiempo señaló que, con el envejecimiento, las arterias pierden elasticidad y se vuelven más rígidas de manera natural. “Por eso, la prevalencia de hipertensión aumenta progresivamente con la edad, y la mayoría de las personas presentará valores elevados en algún momento de la vida adulta”.
No obstante, remarcó que el daño puede retrasarse mediante medidas preventivas. “No podemos evitar el paso del tiempo, pero sí disminuir el impacto de la enfermedad. Reducir el consumo de sal, caminar regularmente, evitar el tabaquismo y controlar la presión arterial son herramientas fundamentales para preservar la lucidez y la movilidad en la adultez mayor”.
Tratamiento
Respecto al tratamiento de esta patología, el especialista sostuvo que las terapias combinadas actuales “ofrecen mayor eficacia antihipertensiva y mejor tolerancia clínica que la monoterapia. Debido a que se trata de una enfermedad crónica sin cura definitiva, el tratamiento requiere seguimiento y control sostenido en el tiempo”.
La regla del 50%
Corso hizo referencia a la denominada “regla de las mitades”, una de las estadísticas más representativas del problema sanitario actual.
“La prevalencia de hipertensión arterial en la población adulta es extremadamente alta. Sin embargo, la realidad epidemiológica muestra que, de cada 100 personas hipertensas, 50 desconocen completamente su diagnóstico. De las 50 que lo saben, sólo la mitad (25) inicia tratamiento médico, y finalmente, apenas 18 de ellas logran mantener un control adecuado en el tiempo. Conocer regularmente los valores de presión arterial y sostener correctamente los tratamientos, es la herramienta más efectiva para romper esta inercia. Detectar la enfermedad a tiempo permite intervenir antes de que el daño orgánico sea irreversible”, destacó el profesional.
La mejor herramienta terapéutica
El jefe de Cardiología enfatizó que el abordaje de la hipertensión excede la consulta médica individual, y requiere compromiso social e institucional.
“El aumento de la expectativa de vida plantea nuevos desafíos sanitarios. Si bien el tratamiento no detiene el envejecimiento biológico, sí logra retrasar significativamente el daño orgánico. La educación y la concientización continua son las herramientas más poderosas para que la población tome decisiones informadas y proactivas sobre el cuidado de su salud cardiovascular”.