Ferreyra es el ex presidente de NucleoEléctrica, la empresa multinacional que realizó obras del ramo en Santa Cruz, en tiempos de Néstor Kirchner y Julio De Vido.
Atónito, Ferreyra (conocido de Stornelli), no tuvo más remedio que requererirle a qué “mugrientos” se refería.
“A los Kirchner, a los dos. Y también a De Vido y a Lázaro Báez”, disparó enfurecido Stornelli. Por las dudas le dijo que tanto él como su socio atorrante Claudio Bonadío (ya fallecido) eran los dueños de la justicia y que sortijas no había para todos.
Ferreyra no quiso mentir y fue a la cárcel, tal como le había “prometido” Stornelli.
Quienes no fueron presos porque no querían ese calvario optaron por mentir y pusieron en marcha la ominosa Causa Vialidad, de la que nació la Causa Cuadernos, que es la misma que aquella pero a la que separaron en dos frentes para agrandar el ataque a los “mugrientos”.
Así fue que mintieron otros empresarios que hicieron obras allá en Santa Cruz y que ahora, arrepentidos, le contaron todo a los jueces de la Cámara encargados del juicio oral para seguir disfrazando el ataque a Cristina.
Y no sólo eso: previo a esa forzada declaración ante Stornelli y Bonadío, todos ellos dejaron constancia ante escribanos que la “apretada” judicial los iba a obligar a mentir.
A estas barbaridades hay que agregar el balbuceo del chofer Centeno para describir la redacción de los famosos cuadernos que se quemaron, que volvieron a aparecer, que se perdieron y después no, y que sirvieron para el circo mediático urdido por la banda de Clarín y La Nación.
Qué casualidad que Diego Cabot, periodista de La Nación, fuera el inventor de la farsa, seguida a fondo por esos medios, sostenido obviamente por los capos del Círculo Rojo y respaldada sin tapujos por los sinvergüenzas de Comodoro Py y de la Corte Suprema.
Claro que faltaba el moño para semejante canallada, de la que todos estos sujetos son cómplices: la detención de Cristina, la proscripción para que no les gane las elecciones y la confiscación de todos sus bienes, para producir el mayor daño posible.
Esta descomunal persecución destroza por completo a esta democracia en la Argentina. Una democracia fracturada, que funge como tal pero que tiene a la única persona con liderazgo indiscutido en prisión.
En fin, un cuadro de situación insoportable en medio de una crisis económica sin precedentes.
Ahora bien: para que esta mafia siga lo más campante hace falta seguir mintiendo y actuando con cómplices de la vida política, que los hay en cantidad y poca calidad, total no importa.
Pero detengámonos un poco en el presente del peronismo, que poco ha reaccionado en favor de la ex presidenta, salvo los casos puntuales de aquellos dirigentes con lealtad incondicional.
Lo de La Pampa es grave porque nadie menciona a Cristina. Como si no les importara. Como si les conviniera que siga encerrada en San José 1111.
Nadie dice nada, nadie explica nada. Nadie le cuenta nada a la militancia sobre la injusticia que se comete contra Cristina, que no es una dirigente más. Es la presidenta del Partido, la que rescató la doctrina y la que enfrentó a ese poder que tanto miedo le tiene.
Ya hay varios precandidatos a la gobernación para el año que viene. ¿Alguien escuchó alguna vez a Fernanda Alonso, a Luciano Di Nápoli, a Daniel Bensusán –que son los que más suenan-, con palabras solidarias para con Cristina?
No digo de elogio, si no lo sienten. Digo simplemente solidaridad.
Y algo más: ¿Por qué no le hablan a la gente como corresponde y le explican –como corresponde también-, de qué manera el poder está cercenando la vida política de Cristina?
Abran las unidades básicas, convoquen a conferencias, utilicen cualquier foro que sea conveniente, olvídense del sanateo permanente y vaguedades inconducentes propios de otros momentos. La gente, no solamente los peronistas, lo está esperando.
Y no se compren el relato del poder, que insiste en hablar de peronismo y kirchnerismo como si fueran cosas diferentes.
El otro día, sin filtros, la diputada provincial Trapaglia, del Pro, le dijo al diario La Arena que el antiperonismo quedó atrás, lo que debe haber es anti kirchnerismo. Más claro imposible. Este es el discurso gorila, que no resulta inocuo porque lamentablemente lo practican también dirigentes o funcionarios peronistas. Muchos de ellos hacen fila para hablar ante la prensa y enseguida caen en la trampa discriminatoria –por error o por convicción- de calificarse a sí mismos de peronistas y ubicar en el otro bando a los kirchneristas. O sea los Kukas. O sea los sapos de otro pozo.
Ahora que el gobierno del payaso paranoico está terminado, hay que jugar el próximo partido como corresponde a este tiempo diferente.
No basta con hacer fila para esperar la candidatura que vuelva a salvarlos económicamente. O sea, fingir unidad con el único objetivo de no perder la silla.
Si tienen conciencia y no solo conveniencia, aprendan de una buena vez que Cristina es la única líder con apoyo multitudinario del pueblo. No es pequeño el detalle que se les escapa a todos. Y cuando digo a todos, es a todos de cada una de las líneas internas, que en La Pampa hay unas cuantas, muchas de las cuales son unipersonales o poco más.
Lleven la bandera de Cristina Libre a todos partes y no tengan miedo que no habrá reproches de la militancia.
En este momento de la vida política argentina, el silencio, este silencio de la familia dirigencial, no es salud.
(*)Periodista