Con un hat-trick descomunal de su capitán, la tarde en Estados Unidos se convirtió en un monólogo del “10”, quien manejó los hilos del equipo, rompió récords históricos y demostró que su competitividad permanece intacta.
A sus 38 años, y estando hace tiempo en la MLS, Lionel Messi pisó el césped del Kansas City Stadium para dejar en claro que su travesía norteamericana está lejísimos de ser un retiro dorado. Demostró que no vino de vacaciones, sino que sigue con el mismo hambre de gloria que ese chico de 18 años que jugaba su primer mundial en 2006.
Con la diferencia que la experiencia no hizo más que perfeccionar su genialidad. No vino a pasear, vino a competir. El partido fue un reflejo de su lucidez.
Como nos tiene acostumbrados, Messi usó los primeros minutos para caminar la cancha, analizando y estudiando detenidamente los movimientos de la defensa rival. Encontró el talón de Aquiles argelino casi de inmediato: a los 8 minutos ya la mandaba a guardar, aunque el gol fue anulado.
Lejos de molestarse, persistió. Y como si fuera un capricho del destino, a los 15 minutos Argelia cometió el error fatal de darle espacio o, peor aún, de dejarlo pensar. “La Pulga” no perdonó y la colgó del ángulo izquierdo del arquero.
A partir de ahí, vimos al Messi armador en su máxima expresión: dirigía cada ataque, metía pases entre líneas que mareaban y confundían a la defensa, abría espacios donde no los había y, sobre todo, era completamente impredecible.
Para el segundo tiempo, la intensidad no bajó. A los 60 minutos, Mac Allister se animó a pegarle de afuera del área y, aunque el hijo de Zidane logró tapar la pelota, la perspicacia y la lectura de juego del “10” se adelantaron a toda la defensa. Quedó comodísimo frente al rebote y se limitó a acariciar la pelota para poner el 2-0.
La obra maestra llegó a los 76 minutos, luego de una gran jugada colectiva que terminaba con el astro argentino en la puerta del área grande. Se acomodó, amagó, buscó el hueco perfecto y se la clavó abajo, pegada al palo derecho, sellando su triplete en el partido.
Al instante, Scaloni tuvo piedad por el rival y lo cambió a los 78 minutos, regalándole la chance de irse ovacionado de pie por todo el Kansas City Stadium.
Esta función estelar no fue una tarde más, sino una cita con los libros de historia donde Messi rompió tres récords impresionantes: se convirtió en el máximo goleador de la historia de los Mundiales, empatando la marca del alemán Miroslav Klose con 16 goles.
Se convirtió en el primer jugador en disputar seis Copas del Mundo y es el jugador más veterano de los Mundiales en convertir un triplete, siendo además el primero que hace en su carrera en una cita mundialista.
Una vez más, Lionel Andrés Messi Cuccittini vuelve a demostrarnos que la edad es apenas un número. Su talento no se compara con el de ningún mortal, es un milagro que tenemos la suerte de presenciar.
Quienes pensaban que venía de descansar en la MLS están equivocados: lo de Kansas fue una muestra gratis de que el astro argentino todavía tiene hambre. El tiempo podrá seguir corriendo, pero el fútbol se detiene a sus pies. Con las nuevas generaciones pidiendo pista, él salió a la cancha a recordarles, sin decir una sola palabra, quién sigue mandando en este deporte.
El más grande de todos los tiempos se niega a bajar los brazos y camina derecho hacia la cima del mundo, con los ojos fijos en la gloria y decidido a despedirse en lo más alto de la historia, abrazando una copa más.
Estas para eso, viejo…