La situación del Frigorífico Pico atraviesa uno de sus momentos más críticos y mantiene en vilo a cientos de familias de la región.
Luego de un enero marcado por suspensiones masivas y una fuerte caída de la actividad, el panorama laboral se agravó de manera drástica.
Durante el último mes, la empresa mantuvo suspendidos a unos 450 trabajadores, en un contexto en el que la faena diaria se desplomó de forma alarmante: de alrededor de 600 vacunos por día se pasó a apenas 50 cabezas, reflejando el parate casi total de la planta.
La preocupación entre los empleados es total. La falta de información oficial, las versiones cruzadas y el silencio de los actores involucrados profundizan el malestar.
Un trabajador, visiblemente angustiado por la situación, expresó con crudeza el estado del frigorífico: “Nadie nos dice qué es lo que se va a hacer, si van a indemnizar, si nos van a pagar o no. Ellos hablan de un procedimiento preventivo de crisis, pero está vencido: venció el 31 de enero. No hay procedimiento preventivo de crisis porque el gremio no lo homologó. Entonces no sabemos qué es lo que han negociado con el gremio, porque el gremio a nosotros no nos atiende y en el Ministerio, hasta el lunes, no había nada. No sabemos qué es lo que pasó en el medio”.
La falta de respuestas concretas y la ausencia de definiciones claras generan un escenario de máxima tensión social y laboral, reflejaron los trabajadores en el portal EnBocadeTodosHD.
Otras fuentes volvieron a insistir con el interés de compra que tendría un empresario de General Pico, cuya familia está relacionada históricamente con la faena de la carne.
Pero hasta ahora se trata solo de rumores que no han podido confirmarse y mientras tanto los trabajadores se hunden en la desesperanza.
Mientras tanto, otros detalles han surgido sobre los aportes que las comunidades han hecho para sostener el funcionamiento de una empresa que ha originado fortunas a sus propietarios y que hoy parecen desentenderse de la suerte de sus empleados.
Esas voces relataron que además de los aportes efectuados desde el propio Gobierno provincial, los municipios de Trenel y de Arata pagaron durante meses y años, los transportes que trasladaban a los trabajadores desde esas localidades hasta los puntos de trabajo, en Pico o en Trenel.
Con el envío de telegramas se hace realidad el infierno más temido, ese que repercutirá directamente en la fuente laboral de centenares de familias y por consiguiente en las comunidades.
En Trenel, se afirma que ya ha quedado un tendal de perjudicados por la caída de los alquileres y por la falta de pago. Un vecino narraba con tristeza que “el pueblo parece fantasma, hay horas en las que no anda nadie en la calle”.