Cuando fallece un trabajador de la salud, el dolor atraviesa a todo un equipo. No perdemos sólo a un compañero de trabajo. Perdemos a alguien con quien compartimos guardias interminables, noches sin dormir, alegrías, frustraciones, mates, risas y la enorme responsabilidad de cuidar la vida de otros.
Sin embargo, nuestro duelo suele vivirse en silencio.
Porque el hospital, el centro de salud o la ambulancia no pueden detenerse. Los pacientes siguen llegando. Las urgencias no esperan. Y nosotros debemos volver a ponernos el uniforme, respirar hondo y seguir atendiendo como si nada hubiera pasado.
Muchas veces ni siquiera tenemos el tiempo de abrazarnos entre compañeros. No podemos acompañar a la familia como quisiéramos. No podemos sentarnos a recordar a quien ya no está. Nos despedimos rápido, con la sensación de que quedó tanto por decir, porque el deber nos llama nuevamente.
No escribo estas palabras para generar lástima. Elegimos esta profesión con vocación, y sabemos la responsabilidad que implica. Pero también somos personas. También sentimos el impacto de la pérdida. También necesitamos tiempo para elaborar el dolor.
Por eso, cuando alguien vea a un profesional de la salud con la mirada perdida, más callado de lo habitual o simplemente agotado, tal vez detrás haya algo que no se ve: un compañero que ya no está, una despedida que no pudimos hacer o un duelo que quedó suspendido porque había que seguir trabajando.
Sólo pedimos algo muy sencillo: comprensión y empatía.
Porque quienes dedicamos nuestra vida a cuidar a los demás también necesitamos, de vez en cuando, sentirnos acompañados.
A nuestro compañero, gracias por tu entrega, por tu compromiso y por la huella que dejaste en cada uno de nosotros. Siempre fuiste generoso, amable y educado conmigo, y sin duda alguna muchos que se sumarán a este pequeño recuerdo hacia ti.
El lunes todo seguirá funcionando, las puertas volverán a abrir y el trabajo continuará. Pero para quienes compartimos el camino con vos, nada será exactamente igual.
Abrazo grande a tu familia.
Eva