“Un recorrido de poemas y canciones para adentrarse en lo incógnito del paisaje, y reconocernos La Pampa desde la palabra”, con Pampi Torre, Sebastián Audisio y Roy Rodríguez Nazer.
“Desde aquí vislumbrar. /Desde aquí comprender las mínimas lecturas de la tierra/ –su santoral indómito, la saga de sus héroes derrotados-, /y desde aquí velar. Desde aquí compartir/ la más humilde lámpara que se encienda en la noche de la impiedad”; acaso se trate solo de seguir huellas a rajatabla.
Como manda el poema de Edgar Morisoli. Entonces, el camino de comprender el paisaje -para ser en él-, será un recorrido cargado de sorpresas.
En Aquellos espejismos de arena, Pampi Torre, Sebastián Audisio y Roy Rodríguez Nazer recorren los paisajes pampeanos, las recónditas inmensidades de la llanura, con elementos exiguos: tres voces y una guitarra.
El viaje terral sucede entonces cuando la pequeñez de un grano de arena se convierte en esa inmensidad inabarcable y olvidada, en una canción, en un poema. “Aquí no cambia nada;/ aquí arriba, señor, no cambia nada,/ aquí no puede cambiar nada”, se lamenta el poeta. Sin embargo, la arena se mueve. En un mar infinito que suele replegarse en la fractalidad de la música.
La pampa es un viejo mar, Milonga Baya y otros clásicos del cancionero pampeano viajan en yunta con las composiciones de Audisio y Torre, que acercan una mirada nostalgiosa de esos personajes con los que la llanura “se graduó de paisaje”.
“De caminar esos montes, espejismos de la Pampa, se le hizo caldén la luna, se le hizo Lucero el hacha”, suelen decir.
Y todo galopa a la par de poemas en donde asoman las voces de Olga Orozco, Marcela Rosales, Juan Carlos Bustriazo Ortiz, Roberto Yacomuzzi, animados por el candil siempre presente de Morisoli.
El viaje es un espejismo de almas. Almas que vuelven en canciones y en poemas para alumbrar la inmensidad. La de adentro y la de afuera. En esa búsqueda infinita que, a la manera de los antiguos profetas, intenta recuperar en la nada el todo. En el grano de arena el agua. O la alegría. Que entre tanto desierto suelen ser la misma cosa.