En el último tiempo, el pulso y el alma de todo un país quedaron envueltos en los pliegues de dos banderas que recorrieron el mundo para convertirse en símbolos. La primera, aquella que sentenciaba al viento que “las Malvinas son argentinas”, se alzó como un grito sagrado durante la gloria del Mundial, bordando la memoria y la pasión popular en lo más alto. La otra, más reciente y veloz, es esa tela celeste y blanca que flameó con furia y orgullo en las manos de Franco Colapinto durante la locura del Madring. De aquella primera emoción conocemos su raíz, pero de esta última, de ese retazo de patria que viajó a más de 300 kilómetros por hora, hay un único responsable con nombre y apellido.
En el año 2000, Gabriel Andrijciw tomó una decisión que le cambiaría la vida: emigrar a España. Dejó su Mendoza natal motivado por un hermano que ya residía allí y con el único objetivo de brindarle un mejor pasar a su familia. Lo que no sabía era que, 26 años después, su camino se cruzaría en un abrazo simbólico con el fenómeno deportivo más grande que vive Argentina en los últimos tiempos: la llegada de Franco Colapinto a la Fórmula 1.
Instalado junto a su familia en Loeches, Gabriel combinó siempre su trabajo cotidiano con una pasión que traía en la sangre desde la época de Carlos Reutemann y Michael Schumacher. Hace apenas dos años convirtió ese amor por los fierros en acción: tras ver una formación de voluntariado en el histórico circuito Jarama Race, escenario donde corrió la F1 en Madrid hace más de cuatro décadas, se capacito y convirtió en comisario de pista (marshal).
Desde entonces, su vida como banderillero lo llevó por trazados icónicos como MotorLand Aragón en MotoGP y Superbike, experimentando la adrenalina cruda del automovilismo. Sin embargo, su momento cumbre llegó cuando lo confirmaron para trabajar en el Gran Premio de Fórmula 1.
En la mochila impermeable que lo acompaña a todos los circuitos, Gabriel siempre guarda un amuleto: una bandera argentina que tiene desde hace 15 años y con la que solía embanderar su casa para ver a la Selección o a River.
Ubicado en un puesto clave, pegado al muro a la salida de la curva “La Monumental”, Gabriel vio la oportunidad perfecta. "Si hubiera querido, podría haber tocado el casco de los pilotos al pasar. Te pasan los autos a un metro", relata sobre la locura de estar ahí. Pero cuando pasó la máquina número 43 del equipo Alpine, el gesto espontáneo de Gabriel hizo historia.
"Mi idea era solo mostrársela para darle cariño y que vea que no está solo tan lejos de casa. Pero cuando pasó Franco, me vio, vino hacia mí y me dijo 'dame, dame'", recuerda Gabriel.
Lo que para los millones de espectadores por televisión fueron apenas un par de segundos de transmisión, para el comisario mendocino significó la congelación del tiempo: "Para vos habrán sido dos o tres segundos, pero para mí el tiempo se detuvo; fueron horas. Ver venir el Alpine hacia mí no terminaba nunca. No se escuchaba nada por el ruido del motor, solo vi el auto y el casco pegado. Le quise dar dos golpecitos en el casco y de inmediato pensé 'no seas maleducado', pero se llevó la bandera en el auto".
Tras el emotivo cruce, el propio Colapinto reposteó la escena en sus redes sociales catalogando a Gabriel de "crack". A partir de ese instante, el teléfono de Andrijciw se convirtió en una caldera: "Abrí Instagram y pasé a tener miles de seguidores. Muchísima gente me escribe agradeciéndome o contándome historias que me hacen emocionar. En estos días he dormido dos horas por noche dando entrevistas cada 15 o 20 minutos al volver del trabajo".
A más de dos décadas de haber partido de la Argentina sin haber podido regresar a su tierra, Gabriel Andrijciw proyecta sus próximos anhelos con la inocencia intacta de un fanático: "Me encantaría que haya un Gran Premio de Fórmula 1 en Argentina y poder estar ahí, aunque sea colgado de un árbol mirándolo tras la valla. Y otro sueño sería ver a Franco corriendo en Ferrari. Con un auto competitivo le pelea a cualquiera".
¿Y la bandera? Hoy es un misterio nacional en redes bajo el hashtag #alpineylabandera. "La última vez que la vi, iba arriba del Alpine. ¡Ese auto debe costar un millón de euros más con esa bandera!", bromea Gabriel, el hombre que por un segundo logró frenar la vorágine de la Fórmula 1 por los colores de la patria.