“Los de ‘sesenta y pico’ formamos parte de una generación que, en este momento vital, se encuentra acompañando y cuidando a padres ‘de ochenta o noventa y pico’, muchos de los cuales tienen por delante varios años más de vida. Somos testigos cercanos de las limitaciones crecientes para sostener su autonomía cotidiana. Y observamos con preocupación otro aspecto más silencioso y profundo: la progresiva pérdida de sus pares, la dificultad para integrarse a nuevos grupos, y los momentos de soledad que esa situación conlleva”, escribe Luis Freidzon en la introducción de su “Proyecto para una vida comunitaria de adultos mayores, coviviendas o cohousing senior en Buenos Aires”.
“No es un invento mío la vivienda cooperativa”, aclara Freidzon. “En el mundo hay muchísimas en diferentes sitios”.
No le falta razón, las viviendas colaborativas para personas mayores, o cohousing senior, vienen ganando terreno como alternativa a las residencias tradicionales. Este modelo se originó en Dinamarca en la década de 1970, y su virtud es fusionar la vida independiente con la convivencia en comunidad.

En este sistema, los adultos mayores viven en apartamentos privados, agrupados en una comunidad autogestionada. “Acá nadie nos dice lo que tenemos que hacer”, dice Paco, residente de Trabensol, en España, en declaraciones recogidas por Cadena Ser, apuntando así contra la principal diferencia con las residencias de mayores convencionales: la autonomía en la toma de decisiones y la autogestión de los servicios.
A esto se añade el beneficio para nada menor de la convivencia con pares, las actividades en común, espontáneas o programadas, pero siempre en libertad.

Otra ventaja del cohousing senior es económica. Aunque cada residente mantiene su economía privada, el uso de zonas comunes les permite optimizar muchos gastos. También tiene beneficios sociales y emocionales. Se genera un sentido de pertenencia y solidaridad entre las personas que allí viven.
La actividad y la interacción social se ven favorecidas, casi obligadas, por el diseño arquitectónico. Es difícil no cruzarse con alguien en pasillos, áreas comunes internas o jardines. El cohousing se ha extendido mucho en España y otros países europeos. En Argentina es todavía más proyecto que concreción.
“Hubo una experiencia aquí, todavía existe, un edificio construido por una asociación civil en los años 50. Se llama Vida Linda, está en el barrio de Belgrano, funciona muy bien -dice Freidzon-. Mi suegro estuvo viviendo 2 años allí, y la gente que lo visitaba se sorprendía porque creían que iban a verlo a un geriátrico”.
Vida Linda es para personas autovalentes, explica el ingeniero, allí tienen amigos, actividades como juegos, talleres, cursos, salidas al cine, y además tienen un jardín. El ingreso está supeditado a un examen psicotécnico, y lo que se adquiere es el usufructo del departamento; se lo posee mientras se lo ocupa, pero la nuda propiedad sigue siendo de la asociación civil.
A diferencia de algunas residencias, no es para personas que necesitan cuidados permanentes, porque no se valen por sí mismas. Sin embargo, tienen una conserjería que los asiste en cuestiones prácticas, y servicio de emergencia que los deriva a la obra social o prepaga de cada uno, en caso de necesidad.
Cohousing en Buenos Aires
Luis Freidzon se retiró de la actividad industrial hace dos años cuando dejó la empresa que tenía. Tiene 64 años y lleva 38 de casado. Quisiera concretar la construcción de un complejo para cohousing senior en Buenos Aires.
“La idea es incipiente, pero ya ha sido experimentada en muchos países. En España y otras partes esto lo apoyan los municipios, cediendo terrenos o dando créditos”, dice.
Aquí habrá que buscar financiamiento. “El primer paso es ampliar el grupo de interesados, terminar de diseñar el proyecto, comprar un terreno, apto para unas 50 unidades y tramitar financiamiento hipotecario; además hay que crear una cooperativa o una sociedad mutual”, dice.
“Es para gente grande que no la pasa bien estando sola, gente que la pasa mal cuando podría pasarla bien”, explica.
¿Cómo reaccionan cuando les habla de este proyecto?
-En general dicen ¡qué bien! pero lo ven como algo muy lejano. O me dicen ‘cuando tengas esto armado, avisame’, pero justamente para armarlo hace falta que se comprometan varias personas. Lo que pasa es que mucha gente no quiere hablar ni pensar en esto, como si fuese algo agorero. Pero acá no se trata de muerte, sino de vida: de pasarla bien durante los próximos 20 años.
“Lo ideal no son construcciones en alto, sino en alas y sobre un terreno que tenga espacios verdes. Un lugar ubicado en la ciudad, cercano a la familia, con buen acceso a centros médicos. No se trata de un lugar para que te cuiden”, aclara Freidzon, “sino de un lugar donde vivir y convivir con otras personas de la misma edad”.
“La expectativa de vida se va extendiendo significativamente, abriendo un tramo vital más largo que el que tuvieron generaciones anteriores. Ese tiempo adicional no puede ser pensado solamente en términos biológicos o asistenciales, sino como un período que requiere organización, sentido, vínculos, proyectos”, escribió Freidzon en su proyecto.
Su deseo es anticiparse, no por miedo sino por el deseo de “diseñar” una forma propia de vivir esta etapa, una forma “que preserve nuestra autonomía, promueva la vida en comunidad y prevenga el aislamiento”.
Freidzon dedicó tiempo a estudiar experiencias de vida comunitaria de adultos mayores de otros países, para formular un modelo, “una forma de convivencia que combina independencia y pertenencia, intimidad y red de apoyo, proyecto individual y construcción colectiva”.
“No planificamos un geriátrico ni un hogar de día, sino un concepto de vivienda para personas mayores que desean un estilo de vida en común”.
El testimonio de quienes viven en estos lugares es que la experiencia es muy satisfactoria, enriquecedora. La covivienda permite vencer uno de los principales factores de envejecimiento: la soledad no deseada.
“A la gente grande se le mueren los amigos, a veces la pareja, se les van los hijos, y no es fácil conocer gente nueva, ir a un curso, a un taller. Pero si vive en un lugar con un espacio verde compartido con otras personas de su edad, es muy distinto, eso les alarga la vida”, asegura Freidzon.
El ingeniero detalla los principios que deben regir el proyecto.
Diseño arquitectónico
Este debe fomentar el encuentro y la interacción, preservando la privacidad.
Es decir que, “aunque se fomenta lo social, cada vivienda es completa e independiente (cocina, baños, dormitorios)”, con las casas o departamentos “orientados hacia un espacio central común”.

Este espacio común es “el corazón del complejo habitacional, que suele incluir: gran cocina y comedor (para comidas comunitarias opcionales), lavandería compartida, salones de usos múltiples (reuniones, cine, eventos, juegos, talleres) y/o huertas, entre otros”. También se prevé un gimnasio y/o un natatorio.
Administración de la covivienda
La gestión está en manos de los residentes, y las decisiones se toman por consenso. “No existe un administrador externo; los propios vecinos gestionan el mantenimiento, las finanzas, los proyectos y la convivencia, lo cual empodera a la comunidad y reduce costos de gestión. El objetivo es que todas las voces sean escuchadas, y que las soluciones satisfagan a la mayoría sin ignorar las preocupaciones de la minoría. Aunque existen roles temporales para organizar tareas, nadie tiene autoridad sobre los demás. El liderazgo es rotativo, y basado en la colaboración”, dice el proyecto de Freidzon.
Concreción del proyecto
Resolver los aspectos legales, es decir, el estatuto de la asociación a constituir; estudios proyectivos para el diseño y localización del edificio que reúna las características necesarias de confort para los futuros habitantes, desarrollo de las actividades comunitarias y factibilidad económica; aspectos organizativos en lo económico-financiero, compra del terreno, desarrollo de la construcción, equipamiento, etc. Por último, definir cómo se regirá la comunidad (conformación, conexión y proceso grupal) durante el proyecto, la obra y posterior habitación del Complejo.
(Infobae)