La cuarta audiencia judicial por el homicidio en la Alcaidía de Pico expuso este viernes de manera bestial la rudimentaria investigación que, según los propios dichos de jefes policiales ante el tribunal, ratifican la idea de una pesquisa que se esforzó más en salvar la ropa de los uniformados que estaban fuera del pabellón, que en lograr material probatorio certero para lograr un veredicto sin margen de dudas por la muerte de la víctima.
Desde el primer día las partes apuntaron como uno de los pilares de la reconstrucción del hecho al informe de las cámaras de seguridad, que serviría básicamente para identificar 4 de 16 presos que corrieron por un pasillo, encapuchados y con torsos cubiertos, desde la celda 5 a la celda 1, donde atacarían a Gonzalo Muñoz. El resultado fue un análisis basado en herramientas de trabajo prehistóricas, distanciadas del rigor técnico que dejan librado casi todo a fe de la interpretación y que, además, se le sumaron errores humanos.
El jefe ausente
Pero, previo al plato fuerte del día viernes, se escucharon los aportes de jefes policiales. El primero en sentarse ante el Tribunal fue el jefe de la Alcaidía, el comisario general Claudio Drapanti, quien aclaró de entrada que en la semana de los hechos él estaba en Mar del Plata.
El jefe policial detalló a la Fiscalía cuestiones de manejo y convivencia de detenidos, para luego responder preguntas de la Defensa y allí dejó algunos conceptos destacados. En principio, la defensora Forte tuvo que hurgar en la memoria de Drapanti para que recuerdo que, previo al homicidio, Muñoz había lesionado gravemente a un preso de apellido Luna con un palo de escoba, que obligó su traslado al Hospital, de donde se escapó.
Luego admitió que “no hay protocolos” de actuación ante incidentes serios dentro la Alcaidía y que allí se trabaja “sobre la experiencia”.
También indicó que se hacían requisas cada un mes, dato que contrasta con los “tres meses” que señaló uno de los guardias de esa noche. Si bien no fue motivo de consulta en ese momento, vale destacar que no hubo requisa luego que se viera a Muñoz ingresar con una faca, y tampoco la hubo tras el hecho de sangre, ya que esa requisa la pidió el fiscal cinco días después, cuando la víctima murió.
La jefa
La última intervención la hizo el defensor Walter Vaccaro, para preguntarle al jefe de la Alcaidía si se habían iniciado acciones internas a partir de descubrir que Muñoz -tras ser requisado- entrara con una faca al pabellón, y la respuesta de Drapanti dejó a todos perplejos: “¿Entró con una faca? No tengo conocimiento que haya pasado eso. Yo no estaba”.
Luego pasó la jefa de la Unidad Regional II, Vanina Fileni, quien se encargó de comentar los movimientos realizados en la noche del hecho, entre ellos, la entrevista “muy informal” con los detenidos que compartían la celda 1 con Muñoz, Aballar (uno de los acusados) y Aires (el preso que esa noche dio una versión y luego contó otra con “la verdad” y logró beneficios para su detención).
Esta vez, nadie le preguntó a Fileni por qué no se inició investigación a los policías responsables de la seguridad de los presos y se retiró.
El informe
A continuación, declaró el oficial Miguel Vargas, quien se desempeña en “La Brigadita” de Comisaría Primera y a quien se le otorgó la responsabilidad de analizar las tres cámaras de seguridad, labor a la que se dedicar casi exclusivamente, para establecer quiénes eran los encapuchados que salieron de la celda 5 y fueron a la celda 1 a agredir a Muñoz.
Vargas elaboró dos informes, uno de los cuales aclaró en el inicio que lo envió en formato PDF “por no contar con impresora color, ni hojas grandes”. Esa aclaración fue la antesala que desnudaría el equipamiento a disposición para desarrollar investigaciones.
A partir de allí, a fiscal Pellegrino le insumió una hora y media reproducir imágenes con pésima definición, tomadas con poca luz y con dispositivos básicos que el propio fiscal no tenía entrenamiento para manejar, que ralentizaban la idea de mostrar un fragmento de video acompañado de una explicación del policía. Las secuencias se repitieron una y otra vez porque, si para distinguir un rostro se dificultaba mucho, confirmar en imagen la existencia de una faca -de milímetros de espesor y escasos centímetros de largo- fue una misión de fe en la interpretación del perito.
Con un esfuerzo titánico el especialista en video, junto al fiscal, fueron intentando reconstruir en base a vestimenta, movimientos y tatuajes que los atacantes fueron Schneider, Pérez Albornoz, Alcalde y Aballar.
La tecnología
Ya con los ojos doloridos y la paciencia escasa, el tribunal apuró al fiscal para dar paso a las preguntas de la Defensa y, con ello, la debacle del informe.
La defensora Soledad Forte preguntó con qué elementos tecnológicos se trabajó en la pericia y si podía indicar cuál era el software utilizado. Vargas reveló que lo hacía con VCL, que es un reproductor de video sumamente básico creado hace 24 años y está disponible en cualquier computadora.
La confesión del uniformado expuso el equipamiento disponible para las investigaciones “complejas”, como calificó a esta, en tiempos de Inteligencia Artificial donde cualquier niño de no más de 12 años maneja editores de video infinitamente más sofisticados que el VCL. Las imágenes de cámaras de seguridad, que cualquier vecino pude comprar muy barato por internet, como también se reconoció en la sala, el área de investigaciones no cuenta con una sola herramienta digital que haga un simple zoom, ni hablar de filtros para mostrar los rostros y las facas.
Los errores
Faltaba más, ya que en el informe escrito el uniformado indicó que cometió un error “de tipeo”, cuando escribió “Ríos” (un preso) y en realidad quiso escribir “Pérez Albornoz” (preso acusado).
Para cerrar, Forte marcó otro error. En el informe se detallaron los tatuajes de los detenidos, con fotos y nombres, y allí se identificó los tatuajes del pecho de Schneider confundiéndolos con los tatuajes de Pérez Albornoz, por lo que ambos acusados debieron pasar al frente y mostrar sus torsos desnudos para dejar sentado que nada tenían que ver con lo que decía el informe.
Con piedad, y aclarando que no había nada personal, los defensores preguntaron al especialista en videos: ¿Seguro que no hay más errores?
Todo indica que, expuesto el análisis de imagen que se suponía era un pilar de la acusación, ahora la condena dependerá más de la prueba genética que en la audiencia del lunes se dará a conocer.