Serie: ¿Sos vos, soy yo, es el ambiente? Nota 2
Ambiente obesogénico y decisiones cotidianas
La pregunta que atraviesa la serie
Nos despertamos con la alarma del teléfono, viajamos sentados y resolvemos compras sin salir de casa. La tecnología amplió nuestras posibilidades, pero también redujo el movimiento necesario en muchas tareas.
¿Hasta dónde elegimos nuestros hábitos y cuánto decide el entorno?
La salud no depende exclusivamente de la voluntad. Los espacios urbanos, el trabajo, la disponibilidad de alimentos, los horarios y la vida digital condicionan lo que resulta sencillo o difícil hacer cada día.
La salud surge de la interacción de factores biológicos, genéticos, sociales y ambientales. Las decisiones personales importan, pero se toman dentro de condiciones que no elegimos por completo. Comprenderlo permite proponer cambios cotidianos y colectivos, sin culpabilizar a quienes enferman (Organización Mundial de la Salud (OMS), 2025, 2026).

Este documento combina una mirada crítica, con experiencias y propuestas que pueden cambiar esas condiciones.

(Un viaje al pasado para comprender nuestro presente.)
El túnel del tiempo
Los colectivos de Londres y la epidemiología del ejercicio
En 1953, Jeremy Morris y sus colaboradores publicaron una comparación entre conductores y cobradores de los colectivos de dos pisos de Londres. Los conductores trabajaban mayormente sentados; los cobradores caminaban y subían escaleras. Las diferencias de enfermedad coronaria entre ambas ocupaciones aportaron evidencia temprana sobre la relación entre actividad física habitual y salud cardiovascular. Fue un estudio observacional, no un experimento con asignación aleatoria (Morris et al., 1953a, 1953b).
El origen de los 10.000 pasos
La popularidad de los 10.000 pasos diarios se vincula con un podómetro comercializado en Japón en 1965. La cifra se difundió antes de contar con la evidencia epidemiológica actual.
La empresa Yamasa Clock and Instrument Company lanzó el Manpo-kei, cuyo nombre se traduce como “medidor de 10.000 pasos”. Ese antecedente comercial ayuda a explicar su difusión, pero no convierte la cifra en un umbral médico obligatorio (Lee et al., 2019).
Qué dice la ciencia actual
Los estudios con dispositivos de medición muestran que caminar más se asocia con menor mortalidad, incluso con cantidades inferiores a 10.000 pasos. En el meta análisis de Paluch et al. (2022), la curva tendió a estabilizarse alrededor de 6.000-8.000 pasos en personas de 60 años o más, y de 8.000-10.000 en menores de 60. Son asociaciones poblacionales, no límites individuales.
La revisión de Ding et al. (2025) amplió el análisis a varios resultados de salud, y encontró beneficios relevantes asociados con unos 7.000 pasos diarios. Esa cantidad puede ser una meta posible para algunas personas, mientras que otras necesitarán comenzar con aumentos menores. La evidencia es principalmente observacional: no demuestra que una cifra aislada garantice longevidad ni que caminar más deje de ser útil.
Del entorno al movimiento cotidiano
NEAT significa non-exercise activity thermogenesis: termogénesis por actividad no asociada al ejercicio. Es el gasto energético del movimiento cotidiano fuera del ejercicio programado: caminar para trasladarse, ordenar, limpiar o cambiar de postura. No incluye dormir ni el efecto térmico de los alimentos (Levine, 2002).
La idea de que “todo suma” permite valorar esas oportunidades, sin presentar el movimiento como una solución que elimina todos los riesgos.
El margen de acción personal
La biología y el ambiente condicionan la salud. Dentro de esas condiciones, incorporar movimiento a las tareas diarias puede aumentar la actividad física y reducir parte del tiempo sentado.
El NEAT contribuye al gasto energético diario, pero no neutraliza por sí solo la predisposición genética ni reemplaza la atención sanitaria (Levine, 2004).
Su magnitud varía entre personas y días, según la ocupación, la movilidad, las rutinas y las oportunidades del entorno.
El poder acumulativo de los pequeños movimientos
El pensamiento de “todo o nada” puede llevarnos a creer que, si no disponemos de una hora para entrenar, no vale la pena movernos. Las recomendaciones actuales reconocen el valor de acumular actividad física en períodos breves (OMS, 2021).
Caminar para una compra cercana, utilizar escaleras cuando sea posible o conversar mientras damos algunos pasos, son ejemplos de movimiento cotidiano. Su aporte depende de la duración, la intensidad y las características de cada persona.
Interrumpir el tiempo sentado con breves caminatas, puede mejorar la respuesta de glucosa e insulina después de comer, como se observó en un ensayo agudo con adultos con sobrepeso u obesidad. Es un resultado de corto plazo, y no equivale a demostrar prevención de enfermedad a largo plazo (Dunstan et al., 2012).
Una oportunidad que también necesita un entorno favorable
Muchas acciones no requieren un gimnasio ni equipamiento especial. Sin embargo, la seguridad del barrio, las tareas laborales, la discapacidad y las responsabilidades de cuidado pueden facilitar o limitar esas oportunidades (Levine, 2004; OMS, 2025).
En el trabajo: acordar pausas breves y alternar tareas cuando la organización lo permita.
En los traslados: aprovechar recorridos caminables y seguros, adecuados a la capacidad personal.
En casa: distribuir tareas que incluyan movimiento y adaptar las acciones a las posibilidades de cada integrante.
Todo suma dentro de las posibilidades reales
Moverse más durante el día puede complementar el ejercicio programado. Para que esa posibilidad alcance a más personas también hacen falta espacios accesibles, tiempos laborales compatibles y políticas que faciliten una vida activa.
Ejercicio, movimiento cotidiano y conducta sedentaria
El cuadro compara tres aspectos del día. EAT y NEAT son componentes del gasto por actividad física; la conducta sedentaria es un comportamiento, no un tercer componente equivalente. Dormir y permanecer de pie requieren una clasificación diferente (Tremblay et al., 2017).

Cuadro 1. Comparación de EAT, NEAT y conducta sedentaria. Síntesis basada en Levine (2002, 2004), Tremblay et al. (2017) y OMS (2021).
Cómo se distribuye el gasto energético diario
El gasto energético total (GET; TDEE en inglés) reúne el metabolismo basal, el efecto térmico de los alimentos y el gasto por actividad física. Este último puede distinguirse en ejercicio programado (EAT) y movimiento cotidiano (NEAT).
La figura presenta un ejemplo didáctico: metabolismo basal 60%, NEAT 20%, efecto térmico de los alimentos 10% y EAT 10%. Estos porcentajes no son valores universales ni mediciones de una persona concreta.

Figura 1. Escenario ilustrativo, no una proporción universal ni una medición individual. La distribución real depende de características biológicas, alimentación y actividad. Elaboración didáctica basada en Levine (2002, 2004).
En ese ejemplo, el NEAT supera al EAT; en otras personas puede ocurrir lo contrario. No existe una proporción fija entre ambos. Además, el valor del ejercicio para la salud no se reduce a las calorías que consume (Levine, 2002, 2004; OMS, 2021).
Los cuatro componentes
Metabolismo basal (BMR). Energía necesaria para sostener funciones vitales en condijones estandarizadas de reposo. Depende, entre otros factores, del tamaño corporal, la composición corporal y la edad.
NEAT. Gasto por actividades cotidianas no programadas como ejercicio. Puede variar considerablemente por razones biológicas, laborales y ambientales.
Efecto térmico de los alimentos (TEF). Energía utilizada en la digestión, absorción y procesamiento de los nutrientes; depende también de la cantidad y composición de la alimentación.
EAT. Gasto del ejercicio programado. Su magnitud depende del tipo de actividad, la intensidad, la duración y la frecuencia; su aporte sanitario incluye adaptaciones cardiovasculares, mus-culares y funcionales.
La llamada paradoja del “sedentario activo” describe a quien entrena y, además, acumula mucho tiempo sentado durante la vigilia. El sueño no se incluye en el sedentarismo. Una mayor actividad física puede atenuar la asociación entre tiempo sentado y mortalidad; conviene abordar ambos comportamientos en conjunto (Ekelund et al., 2016; Tremblay et al., 2017).
Cómo combinar movimiento y ejercicio
Movimiento cotidiano: buscar oportunidades viables para caminar, cambiar de postura y realizar tareas activas a lo largo del día.
Ejercicio programado: sumar entrenamiento aeróbico y de fuerza adaptado a la persona. Sus beneficios complementan los del movimiento cotidiano.
Menos tiempo sentado: introducir pausas con movimiento cuando sea posible. No existe un intervalo único óptimo para todas las personas. Las pausas deben ajustarse a la tarea, la tolerancia y la situación clínica (OMS, 2021).
Glosario:
Términos de la nota con sus equivalentes en inglés. Las definiciones distinguen conductas, gasto energético y resultados de investigación.
Acelerómetro (Accelerometer). Sensor que registra aceleraciones del movimiento. Permite estimar actividad física; los resultados dependen del dispositivo y del método de análisis.
Actividad física (Physical activity). Movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos que requiere gasto de energía; abarca tareas, traslados, recreación y ejercicio.
Actividad incidental (Incidental physical activity). Movimiento integrado a la vida cotidiana, sin constituir una sesión de ejercicio. Puede ser intencional, como elegir caminar para una compra.
Ambiente obesogénico (Obesogenic environment). Condiciones que favorecen un aumento de peso perjudicial y dificultan una alimentación saludable y una vida físicamente activa.
Conducta sedentaria (Sedentary behaviour). Conducta durante la vigilia, sentada, reclinada o acostada, con un gasto igual o inferior a 1,5 MET. Excluye el sueño.
Determinantes sociales de la salud (Social determinants of health). Condiciones de vida y estructuras sociales que distribuyen recursos y oportunidades para cuidar la salud.
Dosis de actividad física (Physical activity dose). Cantidad de actividad resultante de su frecuencia, duración e intensidad. El conteo de pasos refleja parte de esa dosis, pero no toda.
EAT (Exercise activity thermogenesis). Termogénesis asociada al ejercicio: gasto energético atribuible a la actividad planificada como entrenamiento.
Ejercicio programado (Structured exercise). Actividad física planificada, estructurada y re-petitiva para mantener o mejorar la condición física. No es necesariamente de alta intensidad.
Estudio observacional (Observational study). Investigación que registra exposiciones y resultados sin asignarlos de forma experimental. Una asociación no demuestra por sí sola causalidad.
Gasto energético total (Total daily energy expenditure or TDEE). Energía utilizada durante un día. Incluye metabolismo basal, efecto térmico de los alimentos y gasto por actividad física.
Inactividad física (Physical inactivity). Actividad insuficiente para alcanzar las recomenda-ciones. Puede coexistir con poco o mucho tiempo sentado.
Intensidad (Intensity). Grado de esfuerzo de una actividad. Puede expresarse en términos absolutos, como MET, o relativos a la capacidad personal.
MET (Metabolic equivalent of task). Unidad convencional que compara el gasto de una actividad con el reposo de referencia. Un MET equivale aproximadamente a 3,5 ml de oxígeno/kg/min.
Metaanálisis (Meta-analysis). Procedimiento estadístico que integra resultados de estudios. Sus conclusiones dependen de la calidad y compatibilidad de la evidencia incluida.
Metabolismo basal (Basal metabolic rate or BMR). Gasto necesario para sostener funciones vitales, medido bajo condiciones estandarizadas de reposo, ayuno y ambiente térmico adecuado.
NEAT (Non-exercise activity thermogenesis). Termogénesis por actividades no asociadas al ejercicio. Incluye desplazamientos, tareas y movimientos cotidianos; no incluye sueño, digestión ni metabolismo basal.
Pausa con movimiento (Active break). Interrupción breve de una tarea sedentaria mediante una acción adaptada, como caminar o realizar movimientos tolerados.
Podómetro (Pedometer). Dispositivo que estima el número de pasos. No registra por sí solo todos los tipos de actividad ni permite conocer el gasto calórico exacto.
Relación dosis respuesta (Dose-response relationship). Forma en que varía un resultado o su asociación con diferentes cantidades de una exposición, como los pasos diarios.
Sensibilidad a la insulina (Insulin sensitivity). Respuesta de los tejidos a la acción de la insu-lina. Una mayor sensibilidad facilita la regulación de la glucosa, entre otras funciones.
TEF (Thermic effect of food). Efecto térmico de los alimentos: gasto energético de la digestión, absorción y procesamiento de nutrientes.
Tiempo de vigilia (Waking time). Período en que la persona está despierta. Es el marco temporal utilizado para definir la conducta sedentaria.
Transporte activo (Active transport). Desplazamiento que incorpora movimiento, como caminar o pedalear, cuando las condiciones de seguridad y accesibilidad lo permiten.
Fuentes conceptuales: Levine (2002, 2004), Tremblay et al. (2017), OMS (2021, 2025, 2026) y Herrmann et al. (2024).
Sobre el autor
Consultorios Pampeanos - Editorial Club de Salud Consulting - Facebook: Clubdesalud Consulting
(*)Marcelo Rensonnet es Lic. Kinesiólogo Fisiatra_ Docente Universitario - Formado en Inst. Mogilevsky y en Servicio Nacional de Rehabilitación_ Profesor de Educación Física_ Entrenador Nacional de Atletismo_ Especialista en Neuro rehabilitación - Especialista en Medicina del Deporte - Residencia Clínica en ALPI, Htal. Francés y Htal. Fiorito_ Actualmente en Consultorios Pampeanos y Club de Salud, de General Pico.
Bibliografía en formato APA 7
Fuentes en español e inglés. Se mantienen los títulos originales; las traducciones orientativas entre corchetes no representan ediciones publicadas en español. Las citas del texto remiten a las entradas siguientes.
Fuentes en español
Organización Mundial de la Salud. (2021). Directrices de la OMS sobre actividad física y comportamientos sedentarios. https://www.who.int/es/publications/b/55518
Organización Mundial de la Salud. (2024, 26 de junio). Actividad física. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/physical-activity
Organización Mundial de la Salud. (2025, 6 de mayo). Determinantes sociales de la salud. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/social-determinants-of-health
Organización Mundial de la Salud. (2026, 7 de octubre). Obesidad y sobrepeso. https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/obesity-and-overweight.