Tal vez por ello nuestra Argentina de hoy es tal cual es, la violencia solo genera violencia, el odio solo genera odio, hoy hemos normalizados ambos en sintonía con nuestra vida diaria, en 2026 los extremos terribles de las hebras del terrorismo de estado y del terrorismo se entrecruzan de nuevo de formas impensadas.
Ya en democracia entraron con cierto aire de superioridad, trajeado fino uno y el resto en uniforme en un día de sol radiante patagónico, no se molestaron en sacarse los lentes oscuros de marco dorado, casi iguales como si formaran parte de la escenografía de su visita.
Dos hombres y dos mujeres en una especie de danza burocrática y con cara de "somos la autoridad" habían respondido a una serie de cartas que envié a la Presidencia de la Nación al respecto de aquella lista, imprecisa, de los detenidos y desaparecidos en Argentina durante la última dictadura.
Año 1985, habían ido primero a mi casa cerca de las 7 de la madrugada, como yo siempre iba a pie al trabajo ya no estaba así que se fueron de inmediato a la empresa, todavía el día estaba sin arrancar cuando llamó la atención la presencia de los visitantes, a quienes recibí con un cierto aire de "¿Qué pasó?".
Yo tenía 20 y ya por ese entonces era un hueso duro de roer para varios, años prolíficos aquellos de cientos de denuncias de diferente índole, una de las cuales en la que manifesté que "toda la responsabilidad de la revisión de los delitos de lesa humanidad caerían con el peso de la historia sobre el primer Presidente de la Nación", no se lo mandé a decir pues una de las cartas documento fue directo al Doctor Raúl Alfonsín.
Supongo que no le habrá gustado ni medio que le planteara y lo responsabilizara del cierre de la CONADEP hacia tan solo un par de meses, cuyos reportes apenas se empezaban a conocer a través de la prensa y para nada eran fieles a la realidad, el "Informe nunca más" de 1984 era una especie de mascarón de proa de un proceso de terminación y reconciliación nacional.
Pero, ¿Cómo "terminar y reconciliarse" si la verdad permanece en las sombras?, no tengo que explicar qué significa que hoy a medio siglo sigan descubriéndose bebes robados a sus padres.
Me interrogaron con cierto dejo de superioridad, asunto que al efecto de no reconocer habitualmente la autoridad de quien no la tiene, interpelé con dureza a mis interlocutores sobre los cuestionamientos a mis "actos inoportunos" de enviar las correspondencias mencionadas, ya había en el lugar un compañero de trabajo de otra área que acomodaba sus enseres para iniciar el día y miraba la escena con un gesto de "mejor no me meto".
Uno de los hombres muy uniformado, se animó a un "¡tranquilo pibe!" intentando imponerse en medio de una discusión de si el informe estaba bien o mal, si era completo o no, y si había estado bien o mal hecho, siempre fui muy intenso al defender mis posiciones y ello conlleva un tono de voz que a quienes pretenden tener autoridad no les gusta.
El calificativo me hizo dar vuelta e irme a mi oficina, estando en mi trabajo mal podría responder como debería haberlo hecho, cerré la puerta detrás mío.
A los 5 minutos mi compañero de trabajo vino a decirme que los 4 visitantes seguían esperando, reinicié la secuencia y fui directamente a preguntarles "¿Qué vinieron a buscar?, yo no soy "pibe" de nadie, lo que tomo como una falta de respeto", el trajeado, aún con los anteojos oscuros puestos, dijo con un dejo de auto satisfacción "pruebas, buscamos pruebas de lo que usted afirma en su correspondencia".
Estábamos en una oficina que daba a la calle, la entrada era una puerta de un paño de un portón de garaje, hacia el fondo las habitaciones se dividían hacia la izquierda donde varias estancias terminaban en una salida a otra calle, y hacia la derecha donde estaba la oficina que en ese momento era mi lugar de trabajo.
Los observé curioso tratando de mensurar los gestos en sus rostros en el antes y el después, luego les hice una seña para que me sigan, me paré frente a la pesada puerta de hierro remachado de mi "oficina", entre y cerré la puerta y abrí y cerré varias veces la mirilla de hierro de la misma, luego abrí la puerta y los dejé entrar.
La habitación de unos 10 x 5 metros estaba cubierta de cerámicos y azulejos del piso al techo, grandes ventanales de vidrios solo traslúcidos que no dejaban ver el exterior estaban detrás de una enorme reja interior con barrotes macizos de 2 centímetros de grosor y aún permanecía un viejo candado cerrando una abertura en la reja construida con hierro estructural pesado.
Miraron el lugar y lo recorrieron, el rostro les había cambiado, silencio mientras observaban todo con cuidado, interrumpido por algo que cayó casi por coincidencia dentro de la cavidad de la pared que en ese momento servía como armario de papeles, les dije aprovechando el sonido "todavía debe haber alguien esperando justicia acá".
Tomaron fotos, todavía no eran las 8 de la mañana y en el tránsito de entrada de uno de mis compañeros de oficina, ellos iban de salida, los acompañé hasta la vereda donde los esperaba una camioneta doble cabina con chofer, me dieron las tarjetas papel que entonces se usaban y se despidieron prometiendo llamarme de nuevo.
Imaginé en ese momento que no se iba a dar un nuevo encuentro pero me equivoqué, solo un par de días después recibí un llamado en mi casa a la hora de la cena, uno de los visitantes preguntaba si se podían hacer análisis en el lugar a lo que afirmé que ya los había hecho en conjunto con un Escribano y un Perito Forense de la policía, amistades que uno hace en la vida.
Entregué una copia completa de los análisis, incluyendo fotografías de lo que se había probado eran manchas de sangre en rincones, paredes y cielorraso, restos de cabello, piel y huesos humanos en hendiduras y grietas, y demás pruebas que demostraban que ese era un centro de detención clandestino no identificado en el informe.
La página final incluía una frase: "No es el único desconocido aquí, ni en la ciudad, ni en la región.".
Aún así nunca fue incluido en la lista completa, al igual que otros lugares en Río Gallegos, Santa Cruz, la Patagonia y el resto del país.
La historia está incompleta, la verdad espera temblando y apretando los dientes de frío y dolor en sitios olvidados.
En 1976 la población de Argentina era de poco más de 26 millones de habitantes, 30.000 detenidos desaparecidos implican en los 2.837 días que duró la dictadura, una estadística de al menos 10 personas detenidas desaparecidas por día, una cifra que no cierra con las tasas de nacimiento y mortalidad anuales en los casi 95 meses que duró el terror y el genocidio.
Tampoco cierran en relación a los crímenes de lesa humanidad y sus comparaciones con las transferencias de propiedades, extensiones territoriales, desapariciones de personas, a veces familias enteras en áreas aisladas de todo el país, "accidentes" en vehículos, viviendas, fábricas, rutas, campos, etc., incongruentes cuyos reportes parecían estar calcados aún a miles de kilómetros de distancia, y que siempre dejaban dudas sobre las verdaderas causas.
Hace algunas semanas me comuniqué con la Fiscalía Penal de turno para advertir sobre una serie de delitos en Río Gallegos, basándome en algo que me ocurrió a mí, en un concierto desquiciado de odio y violencia y con los Poderes del Estado subsumidos en ideologías concentradas y de extremos, nadie espera que la cifra de 30.000 cambie significativamente.
De hecho la intención quedó en evidencia que es minimizarla progresivamente bajo un concepto que nació durante los fascismos europeos de las décadas de los años '20 a los '40, y que trata sobre la "terminación generacional", ya lo explicaré en algún momento, pero la verdad es que esa cifra de 10 personas detenidas desaparecidas por día podría multiplicarse exponencialmente tan solo con la desclasificación de documentos internacionales, religiosos, empresariales e institucionales que hoy permanecen bajo siete llaves como garantía de impunidad para algunos.
Gracias por comentar menos, y compartir más incluyendo las propias vivencias.
(*) Javier Walter Sofía
DNI 17.281.217