La "libertad" de verdad no es "el carajo".
El aroma al locro sabroso de grandes ollas, ahora está envasado al vacío en bolsas de plástico con la etiqueta "listo para cocinar".
El resoplido del vaporcito que aparece en la esquina rota de las empanadas criollas hechas en horno de barro, fue reemplazado por el delívery en moto sin escape que disturba con explosiones constantes a todos y a toda hora.
Las tortas fritas caseras casi perfectas y exquisitas, dejaron paso a las industrializadas, que si no las comes dentro de las tres horas empiezan a destilar grasa en sus bandejas de polietileno.
Pero no todas las tradiciones, y tampoco en todo lugar, se pierden o transforman en un mercado en sí mismas.
Todas esas comidas, más los guisos, las humitas, pastelitos y buñuelos y otros que se perdieron en la historia, que aún se disfrutan en el hogar y la mesa familiar, aunque no como antaño, son tan populares, porque eran entonces y lo son hoy el alimento del pueblo.
¿Se acuerda el lector cuando un conocido político afirmó que el locro le daba asco porque era "popular"?
Muchos de ellos tienen su origen en las costumbres de quienes eran y siguieron siendo esclavos en 1810, quienes estuvieron en la Plaza de Mayo y fueron la fuerza de trabajo detrás de los discursos históricos y nombres de alcurnia.
También en quienes vivían en los rancheríos, donde criollos, mulatos y mestizos la peleaban en el día a día.
Es probable que hayan sido iguales, salvando los dos siglos y chirolas, a los actuales jubilados de la Argentina de hoy.
En la Revolución de Mayo, ese día como hoy, muchos esclavos se ilusionaron con la libertad, pero terminaron sus días como esclavos.
Nadie con hacienda, crianza, sembradío y feudo quería perder sus privilegios, ni el motor de su producción, ni quería empezar a pagar un salario a quienes trabajaban allí, ni quería ponerse él mismo a limpiar el estiércol, sembrar el campo o cepillar caballos.
Mire que cosa!... algo parecido a la última reforma laboral.
Desde 1810 pasaron 3 años para que los bebes de los esclavos nacieran libres en 1813, y 50 años en 1860 para que los pocos esclavos que quedaban vivos y se ilusionaron aquel 25 de Mayo con la libertad, dejaran de serlo al fin.
50 años de insatisfacción de pasar de las manos de un amo a otro, de ser vendidos y comerciados y vejados, incluso en una Nación independiente desde el 9 de Julio de 1816, Declaración de Independencia que no incluyó la abolición de la esclavitud por conveniencia, y porque ninguno de los próceres quería cargarse a las espaldas a los poderes económicos que gobernaban la sociedad de entonces.
Miren que cosa... cómplices como hoy!
En otras naciones fue peor, en los Estados Unidos recién ocurrió finalmente a nivel nacional en 1865, cuando su revolución e independencia había comenzado en 1775, 90 años antes.
Los esclavos producen dinero desde el fondo mismo de los tiempos de la humanidad, nadie que los tenga o los haya tenido quiere perderlos, pues la servidumbre de vida otorga comodidad y riqueza al amo, pero la esclavitud sí se diversificó, ahora no sólo es la productiva como aquella figura jurídica de 1810, hay muchos tipos diferentes, desde la de niños hasta la de trata y prostitución.
Nada pareciera haber cambiado con el paso de los siglos.
En la Argentina de hoy, alrededor de un 17% de la población está compuesta por jubilados, pensionados y retirados.
17% que espera en la soledad de la enfermedad y la carencia, que la justicia actúe sobre la multitud de juicios aún impagos.
Muchos están en la miseria, son indigentes aún habiendo trabajado toda su vida, son esclavos de un sistema económico donde la moneda argentina vale nada, donde los recursos naturales se han transformado en ajenos, donde la gobernanza disfruta de una descarada opulencia indecente, cuyos números no cierran con sus salarios.
Donde aún se venera a los gatos, que tramposos y amañados, se fugan los préstamos que luego pagarán esos jubilados; o a los topos, que agresivos y despectivos, insisten con destruir desde adentro al Estado... propiedad también de esos jubilados.
Casi el 33% de los votantes registrados y habilitados en la última elección argentina no fueron a votar, lo que engordó, avaló y financió a gatos y a topos, y a toda la fauna que hoy saquea el Estado Argentino.
A otros países les va peor, Venezuela propiedad del pueblo venezolano, invadida y sus recursos despojados.
Cuba ya en la miseria de décadas, amenazada.
Palestina con su población siendo aniquilada por genocidas, y reducida a escombros.
África, principal origen de los esclavos antiguos, sometida a conflictos fogueados y miseria manipulada desde el exterior para hacerse de sus riquezas.
Etnias diversas, creyentes diversos, culturas diversas, dentro de naciones con otras mayorías, segregadas, excluidas y violentadas, sin importar si el país es capitalista, comunista, musulmán o lo que fuera.
Seguro escucharemos hoy los mismos discursos y arengas a la Patria de parte de quienes la están devorando insaciables, haciéndose de lo ajeno como en los años '90.
Sin Estado no hay Patria.
Sin respeto por los "abuelos" no hay Patria.
Sin verdad en los números y viviendo siempre de préstamos para pagar deudas, no hay Patria.
Acuérdese el lector de la Revolución de Mayo en las próximas elecciones.
Aún desde la esclavitud, ir y cumplir con el derecho y la responsabilidad de votar, es el camino a la verdadera libertad.
No a esto.
(*) Javier Walter Sofía
DNI 17.281.217