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  DOMINGO 15/04/2018
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Pidió dinero durante dos décadas usando el nombre de José Luis Cabezas
Gabriel Michi, compañero y amigo del fotógrafo asesinado, intentó desemascarar durante años a quien definió como “un gran simulador”. Facundo Florio lucraba con la memoria de José Luis Cabezas y recién ahora fue encarcelado en Pinamar por “tentativa de estafa”. Una historia increíble.

Facundo Florio, de 47 años, fue detenido el viernes en Pinamar por “tentativa de estafa”. Durante dos décadas pidió dinero usando el nombre de José Luis Cabezas para una supuesta “Fundación Cabezas”. Se hacía pasar por “cazador de noticias” y vendía la que él llamó una “tarjeta ecológica” para la inexistente Fundación del fotógrafo José Luis Cabezas.

Michi describió en la Revista Noticias el increíble raid de dos décadas que protagonizó este hombre que decía ser periodista de investigación y que trabajaba como cazador de noticias para el fotógrafo José Luis Cabezas, lo que sólo estaba en su frondosísima imaginación.

Ofrecemos aquí el relato de Gabriel Michi:

Periodistas, estudiantes, comerciantes, ciudadanos comunes. No importaba quién fuese la víctima. Ni tampoco la ofensiva utilización de un símbolo casi sagrado del periodismo argentino. Tampoco importaba la frontera entre lo verdadero y las fábulas más irreales. Valores idealistas y compromiso social se entrelazaban en un discurso que conquistaba a soñadores que eran asaltados en su buena fe. Todo servía para recaudar. Hasta la apropiación de personalidades ajenas, incluso la mía. Un poco más de dos décadas de mentiras. Mentiras que hoy quedan al desnudo con la caída del gran simulador.

Les voy a contar una historia insólita y triste a la vez. Se trata de un personaje llamado Facundo Florio (47) que hace más de 20 años que transita la vida como un impostor y timador que, con engaños y argumentaciones de todo tipo, intenta febrilmente sacarle plata a ciudadanos desprevenidos y de buen corazón, utilizando como anzuelo la supuesta búsqueda de justicia en torno al crimen de mi compañero y amigo José Luis Cabezas.

El último capítulo de esta película que lleva dos décadas se acaba de escribir en Pinamar, ciudad balnearia de donde secuestraron a José Luis para después ultimarlo brutalmente en una cava de General Madariaga aquel 25 de enero de 1997. Allí Florio se presentó intentando venderle a comerciantes y vecinos del lugar una supuesta tarjeta de descuentos (Tarjeta Ecológica) usando como pretexto que era para recaudar fondos o para una tal “Fundación Cabezas”, o para la confección de un libro sobre el caso o algo por el estilo, pero siempre presentando como excusa una causa tan sensible para todos. Una vil estafa.

Por suerte, muchos vecinos de Pinamar se dieron cuenta del engaño, lo denunciaron y ya hay una causa judicial en marcha. Y en las últimas horas fue detenido, mientras están buscando más potenciales víctimas. Previo a esto, junto la familia de José Luis, avisamos a colegas y vecinos sobre la situación para evitar que la estafa se propague.

La historia de Florio es realmente increíble. Y más aún qué haya habido medios que le dieron espacio con sus relatos inundados de mentiras y delirios, sin cuestionarse siquiera lo irreal de sus fábulas y sin haber chequeado mínimamente quién era el personaje en cuestión.

Facundo Florio, el impostor

A este personaje lo conocimos con José Luis unos días antes del crimen de mi coequiper. Se presentó en nuestras oficinas de la revista Noticias en el hotel Victoria de Pinamar. Vino para ver si nos interesaba hacer una nota por una supuesta tarjeta de descuentos para estudiantes que quería extender por comercios de la Costa argentina. La verdad no sonaba ni verosimil ni interesante así que no le prestamos mayor atención y le explicamos que no iba a ser atractiva para una nota en la revista.

Después del crimen de José Luis, “Hueso” -como se hacía llamar- apareció un par de veces en la recepción de Noticias y pidió hablar con quienes investigábamos el crimen de nuestro compañero. Y, con una evidente paranoia, juró que la gente de Alfredo Yabrán -el empresario que fue el autor intelectual del asesinato de Cabezas- lo estaba persiguiendo y llegó a contar que supuestamente había descubierto que el magnate habría comprado la fábrica de chocolate Fenoglio y que traficaba droga escondida entre los cargamentos que llegaban de Bariloche…

No hace falta decir que en poco tiempo ya nadie o casi nadie lo escuchaba más.

Meses después se comunicaron conmigo un par de estudiantes de Ciencias de la Comunicación de la UBA (la carrera que yo estudie) y me contaron que este personaje se presentaba por las aulas, interrumpía las clases, mostraba un panfleto con algunas medias verdades y repleto de mentiras que llevaba el título “Yabranita” y contaba una serie de historias alocadas e incoherentes donde él se ubicaba como un investigador independiente del Caso Cabezas, aunque siempre hablaba en primera persona del plural. Usaba un indescifrable “nosotros” sin explicar demasiado a quienes incluía en la misión. Y después de eso venía el mangazo: pedía donaciones para poder seguir en forma independiente sus “investigaciones”.

Así estuvo apareciendo en forma intermitente en distintas facultades por años: Comunicación, Sociología, Filosofía y Letras, entre otras de la UBA. También en la Universidad de Lomas de Zamora y en la de La Plata, donde incluso llegaba a ofrecer las fotocopias del libro “La Bonaerense”, escrito por dos grandes ex compañeros de Noticias (Carlos Dutil y Ricardo Ragendorfer) para obtener fondos para sus supuestas pesquisas personales.

Cada vez que me enteraba de que algo de eso ocurría -después de masticar mucha bronca por el mal uso que este individuo hacía de la imagen de José Luis- me encargaba de llamar a las facultades para que no permitan esa estafa contra sus estudiantes. Pero Florio cambiaba de destino y seguía apareciendo en otras instituciones o incluso en los medios de transporte público, o hasta en hosteles para turistas. O incluso en actos por la memoria de Cabezas. Así por años. Y por todos lados.

Después llegaron las notas periodísticas que le hicieron como un supuesto “cazador de noticias” -categoría inexistente en nuestro oficio- y donde este personaje, utilizando mucha de la información que yo mismo brindé judicial y públicamente en torno a nuestro trabajo con José Luis Cabezas y las investigaciones sobre Alfredo Yabrán, armaba un relato donde contaba haber descubierto cosas que en realidad fueron hechas por José Luis, por algunos colegas de la revista Noticias o por mí mismo. Incluso aquellos datos que nos llevaron a la famosa foto que le puso el rostro al empresario más enigmático y que tanto trabajo nos costó conseguir. Es más, leía o escuchaba lo que Florio aseguraba que supuestamente había aportado a este tema y eran las mismas cosas que mucho tiempo antes yo había detallado sobre mi trabajo.

Era muy raro sentir -por años- que existía un individuo que se apropiaba de tu vida y tu trabajo, sin siquiera ruborizarse. Una sombra de uno mismo que se proyectaba también en un cúmulo de fábulas propias que le aportaban un tinte conspirativo, digno de película de Hollywood.

Años después veo una noticia sobre un supuesto periodista argentino que se autotitulaba como uno de los fundadores del movimiento de los “Indignados” en España y que había sido detenido por la Policía en Madrid, en medio de una batahola que se generó en aquellas protestas. Era otra vez Facundo Florio. Y años más tarde aparecería en las protestas de maestros contra la organización del Mundial de 2014 en Brasil. Y después entre los jóvenes que tuvieron que hacer un gran tramo de su regreso a pie después del caótico recital del Indio Solari en Olavarría. Siempre y en todos lados aparecía este personaje y en muchos de esos espacios seguía repitiendo el versito de que era uno de los investigadores del Caso Cabezas.

Así engañó a mucha gente de buena fe por mucho tiempo. Hace dos años estaba con mi familia en Villa Gessel y me cruce con Florio una noche de verano en plena Avenida 3. Con total desparpajo, se acercó entre la multitud de peatones con una sonrisa en la boca para saludarme.

– ¿Cómo estás, Gabriel? – me pregunto, queriendo abrazarme.

– ¡Salí de acá! ¡No tenés vergüenza! ¡Sos un estafador! ¡Dejá de usar el nombre de José Luis Cabezas para afanarle la guita a la gente! ¡Dejá en paz a José Luis! – exploté.

– ¿Por qué decís eso? – me preguntó.

– ¡Porque sos un turro que anda con historias plagadas de mentiras sobre que vos investigabas para nosotros en el tema Yabrán! ¡Dejá de mentir! Toda la investigación que hicimos sobre Yabrán la hicimos nosotros. Toda la información la conseguimos nosotros a través de nuestras fuentes.

– Nosotros aportamos mucha información sobre el tema Yabrán porque lo investigamos antes que nadie… – me dijo con total impunidad.

– ¿Nosotros? ¿Quiénes son “nosotros”? – lo interrogué.

– La FES. La Federación de Estudiantes Secundarios…

– ¿EHHHH? ¿Desde cuándo la FES nos pasaba información? No teníamos ni contacto con la FES. Nunca fueron nuestra fuente para estos temas. Todo lo que investigamos y publicamos lo hicimos por nuestra cuenta. ¡Lo único que te digo es que dejés de mentir y de estafar a la gente! ¡No uses ni ensucies más el nombre de José Luis! ¡Tené un poco de dignidad y respeto por la memoria de Cabezas y su familia! – fue lo último que le bramé antes de darme vuelta y seguir caminando, aunque con una bronca que me desbordaba.

Creí que habría recapacitado. Pero no. Dos años después me entero de lo que pasó ahora. Que Florio volvió a Pinamar e intentó engañar a comerciantes con esta supuesta tarjeta de descuentos, usando de nuevo la imagen de José Luis Cabezas. Ahora está detenido en la Comisaría de Pinamar. Hay denuncias de vecinos y una causa que seguramente se tramitará en la Fiscalía de Pinamar y en un juzgado de Dolores. La esperanza de la familia de José Luis, de sus amigos, compañeros y colegas y la mía en particular es que este personaje siniestro haya aprendido la lección, que deje de intentar estafar a las personas de bien y no manipule más el nombre y la imagen de Cabezas. Nuestra lucha no se lo merece. José Luis no se lo merece.

 

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