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  JUEVES 23/09/2021
Héctor Alterio: “Con 92 años, tengo que seguir trabajando para poder pagar las facturas”
En un reportaje con el diario El Mundo de España, el actor argentino habló de su profesión que sigue desarrollando con felicidad.

Actor. Es una leyenda que se resiste a serlo y sigue en activo sin plan de parar. Mañana actúa en el Festival de Úbeda con Lo que vendrá, homenaje a Astor Piazzolla, maestro del tango.

¿Sigue trabajando con 91 años por vocación, costumbre o necesidad?

¡92! Que los cumplo la semana que viene (NdR: ya los cumplió el 21 de septiembre). Practico mi profesión con el mismo entusiasmo, las mismas posibilidades y la misma inquietud, pero con más años. Lo único que cambia es que se va achicando el espacio de lo que puedo y lo que me queda, pero ahí estamos. Soy feliz, pero es cierto que tampoco puedo parar. No estoy jubilado porque, en el caso de que lo estuviera, la pensión que me corresponde no me da para seguir manteniendo un tren de vida en el cual no tengo grandes lujos, pero hay que pagar el gas, el teléfono, la comida, la luz, que sube cada día...

Así que los actores con una carrera de éxito no viven como marqueses.

¡Es un mito totalmente falso! Al que te diga eso pásamelo, que yo le voy a contar la verdad. No me quejo, pero con mis 92 años tengo que seguir trabajando para poder pagar las facturas. Por suerte, estoy bien de salud y me llegan ofertas.

Concha Velasco se ha retirado este mes de las tablas porque se lo pidieron sus hijos. Imagino que los suyos, Ernesto y Malena, le entenderán mejor, al dedicarse a lo mismo.

Afortunadamente. Y hay un agregado más: estoy realmente orgulloso de ellos porque han entendido muy bien, con total precisión, cómo es esta profesión, tanto respecto a mí como respecto a ellos. La llevan a cabo con respeto y los dos están trabajando mucho y bien. Así que me siento muy orgulloso y, lo que en este oficio es un lujo, muy tranquilo con sus vidas y sus carreras.

¿Siempre fue así o le inquietó que siguieran sus pasos?

¿Inquieto? No, no, peor... ¡Me negué! Me negué en redondo a que fueran actores. Ahora estoy hablando con esta tranquilidad después de muchos años de profesión por su parte, pero cuando vislumbré que les gustaba el teatro, traté por todos los medios de que empezaran con otra cosa, cualquiera que les diera una salida que no fuera ser actriz o actor. No me hicieron ni caso... afortunadamente. Y ahora estoy muy orgulloso de ellos.

En Úbeda participa en 'Lo que vendrá', homenaje al centenario de Astor Piazzolla, una de las grandes leyendas del tango. Puedes sacar al argentino de Argentina, pero no Argentina del argentino...

Piazzolla y Horacio Ferrer, el poeta que fue su gran colaborador y cuyos textos yo recito, forman parte de la historia de Argentina. Soy afortunado porque para mí es un placer inenarrable hacer cosas de tango y puramente argentinas. Son casualidades que yo no busco expresamente, pero son especiales. Además les conocí a los dos, a Piazzolla y a Ferrer, del que fui muy amigo, cuando aún vivía en Buenos Aires. Pusieron música a una obra que estaba representando yo y fui fiel espectador de sus conciertos. Siempre es hermoso recordar aquella vida que parece ya otra.

¿La herida de un exilio cicatriza?

Depende, va por épocas. Últimamente lo estoy sintiendo más porque hace siete años que no voy a la Argentina. Cuando me dieron el OK de que podía regresar sin peligro, estuve yendo con bastante frecuencia, pero ahora se han juntado la pandemia y que no tengo ofertas de trabajo de allí y no he ido. Estoy sintiendo la necesidad de volver. Fundamentalmente, quiero recorrer con tiempo todos los lugares de mi infancia y mi adolescencia para ver cómo han quedado, cuánto se corresponde con los recuerdos que tengo sin borrar en la mente. Ese es mi anhelo ahora, porque va pasando el tiempo y no me puedo arriesgar: no sé si voy a seguir vivo siete años o siete meses, así que tengo que aprovechar y ponerme con ello.

Tuvo que escapar de Argentina en 1975 a causa de las amenazas de muerte, hacia usted y su familia, de la ultraderechista Triple A. ¿Desaparece totalmente el miedo alguna vez?

Es un recuerdo que ya no me afecta, pero durante muchos años, aun estando a salvo en España, sí lo tenía siempre presente. Fue muy duro. En cuanto supe que las amenazas iban en serio, saqué de allí a mi mujer y a mis hijos, Malena siendo un bebé y Ernesto con cuatro años, y comenzamos una nueva vida insegura, inconcreta y con un futuro incierto. Es difícil vivir en un lugar no elegido, pero en esas situaciones uno descubre quién es quién y en España encontré personas que generosamente me ayudaron sin conocerme de nada y sin ningún beneficio para ellos. Eso no lo he olvidado nunca, lo tengo fijo en mi recuerdo y me ayudó a sobrellevar esa situación que no le deseo a nadie. Pero el paso del tiempo me fue llevando a otros lados y dándome otras cosas, como poder trabajar mucho en Italia o Francia al estar en España, y rehice aquí mi vida. Unas cosas por las otras. No digo que tenga que agradecerle nada a la amenaza y pagué un precio personal alto por ella, pero, siempre con el generoso apoyo de mi mujer al lado, de aquello salió otra vida también buena y con sus ventajas.

Como víctima de la extrema derecha, ¿le preocupa su actual auge?

Sí y no. Me preocupa porque cualquier crecimiento de la extrema derecha es negativo y peligroso, pero aquí en España aún no asoma tanto como para alarmarse. Aunque está muy cerca, eh. Me inquieta que ese crecimiento continúe, pero creo que aún no es una amenaza grave.

Josep Maria Pou afirma que ser actor le hizo mejor persona porque le enseñó a ponerse en el lugar de cualquiera. Con una carrera tan larga, usted debe ser un santo.

No crea, no (risas). No siento que ser actor me haya hecho mejor, pero sí hay una cosa que me ayuda mucho y es tener siempre presente que hay un señor que no he visto en mi vida que paga una entrada, de la cual yo vivo, y se sienta en una butaca esperando que le ofrezca un rato de felicidad o de entretenimiento. Aunque yo haya representado esa función 150 veces, ese hombre sólo va a verla una vez y no puedo permitir que sienta que para mí es un día más. Yo a cada espectador le tengo que ofrecer un estreno. Cada día que voy a trabajar, tengo que funcionar como el primero y eso me revitaliza y me hace sentir importante ante una gran responsabilidad. Por eso sigo aquí.

(El Mundo)

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