SÁBADO 26 de Septiembre
SÁBADO 26 de Septiembre // GENERAL PICO, LA PAMPA
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  SÁBADO 09/05/2020
El testimonio de Jessica, la joven piquense recuperada de coronavirus
Mucho se dijo y se especuló sobre el primero y, hasta ahora, único caso de coronavirus en la ciudad. El antes, el durante y el después de la enfermedad más temida.

En una nota exclusiva con La Reforma, la joven que padeció el coronavirus en General Pico reveló detalles de su situación. Jessica Pintos tiene 22 años y es estudiante de Teología en el Instituto Bíblico del Río de la Plata, en Buenos Aires. Además, junto a su familia, pertenece a la comunidad Evangélica en una de las iglesias de la ciudad.

Hace poco más de un año, decidió hacer un cambio en su vida: pausar sus estudios para recorrer diferentes países del mundo. “Pertenezco a una fundación que se llama ‘Revival Latino’. Es una fundación Evangélica, conformada por jóvenes de diferentes países de latinoamericana. Viajamos por diferentes lugares, hablando de Jesús, predicando, haciendo viajes misioneros. Recorrí cinco países. Estuve en Brasil, Paraguay, España, Colombia y Ecuador”, comentó a modo de presentación. Fue en este último país, que ya superó los 29.000 casos, donde Jessica se contagió del coronavirus.

A más de uno, la crisis sanitaria que está atravesando el mundo, le cambió los planes. Lo mismo le sucedió a la joven, quien tenía una apretada agenda en Guayaquil, donde planeaba cantar, tocar instrumentos y transmitir la palabra de Dios.

A medida que la crisis se iba intensificando y llegando a Latinoamérica, Jessica decidió, con el apoyo de sus papás, regresar a Argentina. “Llamé a mis papás y les dije. Porque era algo muy alarmante lo que estaba sucediendo en Ecuador. Yo veía a la gente a mi alrededor medio asustada. Opté por no estar mucho mirando la televisión. Estaba enfocada en lo que estaba haciendo y comencé a tomar las precauciones”.

Así fue como el 17 de marzo emprendió viaje, luego de haber sufrido la cancelación de un vuelo. “Llegué el 18 de marzo. Fue todo un susto pero le agradezco a Dios por haber podido llegar. Saqué el vuelo para el lunes 16. Cuando voy a tomarlo me dicen que se había cancelado. Comencé a desesperarme porque sabía que había mucha gente que se estaba quedando lejos de casa sin posibilidad de retornar”. Finalmente, y gracias a la buena predisposición de una empleada de la aerolínea, Jessica pudo llegar a casa.

Aislada en su propio hogar

La joven finalmente arribó a General Pico, luego de una larga odisea que comenzó a más de 5.000 kilómetros de las tierras pampeanas. “Llegué a las 8 de la noche a la terminal y no me fue a buscar nadie de mi familia porque es lo que habíamos acordado. Me tomé un taxi y me fui para mi casa. Fue algo muy cómico porque no veía a mi familia hacia como 4 meses. Somos muy unidos. Nos moríamos por vernos. Pero yo llegué, me abrieron la puerta y mi hermano me dijo ‘no pienso tocar tu valija’”, contó entre risas recordando la situación. Fue así como directamente se fue a su dormitorio, donde pasó semanas encerrada. “Nadie me tocó, nadie me besó. Fue muy duro. Tuve que llegar y aislarme. Me acuerdo que desde la ventana, el primer día mi papá se asomaba con los ojos llenos de lágrimas y me saludaba desde ahí y era muy feo”.

El convivir con 6 personas más, fue todo un desafío. Su mamá cada día le dejaba el plato de comida en una silla al lado de su puerta. Toda su familia se había reorganizado para asistirla, a la distancia.

El día clave

Antes de su llegada al país, Jessica comentó que sentía molestias en su garganta. “En un primer momento nos confundió porque como venía cantando todos los días y hablando muchísimo tiempo, mi garganta estaba súper irritada. Llegué a Argentina con tos y dolor de garganta. Como unos días antes de salir estaba con esas molestias, la familia de la casa donde estaba llamó a una enfermera y me puso a través de suero, 3 vitaminas C y vitamina D. Querían que estuviese bien fuerte ya que iba a pasar por una zona de riesgo que era el aeropuerto”.

Y aquí viene una de las claves de su largo proceso: “Creo que eso hizo que esté bastante fuerte para que mi cuerpo enfrente el coronavirus”, comentó.

A los cinco días, pasó de tener esa molestia en la garganta a tos seca. “Algo que comencé a experimentar en los primeros cinco días fue mucho cansancio, dolores estomacales y diarrea. A mi mamá algo que le sorprendía es que los primeros días yo estaba en la pieza y dormía mucho”, así describió a los primeros síntomas de la enfermedad.

“Luego tuve un dolor de cabeza impresionante. Fiebre nunca levanté. Al día número 10 de haber partido de Ecuador pierdo el gusto y el olfato. Algo que se dice del COVID-19, es que a los 10 días uno comienza a tener todos los síntomas”, detalló.

En ese momento, su familia recurrió al personal médico de la ciudad, quienes luego de su revisación, no consideraron que podía ser portante del virus. Como en ese momento la pérdida de olfato y gusto todavía no era un síntoma, me dijeron que era otra cosa”. Es que, recién poco más de una semana después, las autoridades sanitarias a nivel mundial confirmaron que la anosmia y disgeusia eran síntomas del coronavirus.

Una vez que tenía el resultado en la mano, Jessica comenzó a preguntarse cómo y cuándo se había contagiado del coronavirus. “Lo que estimo es que me contagié en el aeropuerto, porque justo a los 10 días de llegar comienzo con toda la sintomatología más pronunciada. Así que dan los números”, calculó.

Fue así como, debido a que su estado no era crítico como para ser hospitalizada, pero sí necesitaba cuidados de parte del personal de sanidad, fue trasladada al hotel Pico. De esta forma, fue separada de su familia para evitar cualquier contagio. “Yo estaba como en el medio. Era promedio mi estado de salud, porque no tenía fiebre, saturaba bien en los pulmones. La frecuencia cardíaca estaba bastante bien”.

“Con todo lo que es la sintomatología no tenés tiempo para aburrirte. Porque vos querés estar acostada, no te querés levantar porque no podés mover un dedo. Cuando me paraba o intentaba limpiar un poquito, por momentos me quedaba sin oxígeno, dolor en el pecho, pinchazos en los pulmones. Son muchas cosas que comenzaron a sucederle a mi cuerpo”, relató sobre sus días de aislamiento en el hotel.

Infierno grande

Además del malestar físico que atravesaba, Jessica tuvo que lidiar con un mal quizás tan grave como el coronavirus: los rumores. Ese martes 7, minutos antes de las 20 horas, los grupos de WhatsApp se llenaron de mensajes: audios, capturas de pantalla, mensajes preguntando quién sería “la infectada”. Miles de suposiciones se fueron tramando en los días siguientes. Suposiciones que afectarían a Jessica y a su círculo más cercano.

“Los primeros días cuando empezó a surgir esto de los rumores, me acuerdo que fue muy loco. Recuerdo que me había metido en la ducha a hacerme vapor. Cuando estaba ahí por terminar de bañarme, de repente siento un cansancio tremendo, no podía mantenerme en pie. Como que me iba a desvanecer y el corazón me empezó a latir y me empecé a quedar sin aire. Fue horrible. Sentía que me moría. Salí para vestirme y fue tanta la desesperación. Hubo días en los que literalmente sentí que me iba a morir. Ese instante que sentís que es tu último respiro. Cuando estaba ahí de repente entro a Instagram y veo un mensaje que me llega: ‘espero que te pudras en un hospital, hija de no sé qué, que viniste a traernos la muerte’”. En ese instante, Jessica rompió en llanto.

“Me di cuenta que por momentos yo quise sentir bronca por esta gente, porque esos fueron los primeros mensajes que me llegaron. Cuando comencé este proceso yo dije, quiero ser verdaderamente como Jesús. Nosotros los creyentes decimos que lo imitamos y lo seguimos a él y no es algo superficial. No es que nosotros nos esforzamos por tener buenas obras, sino que creemos que verdaderamente el Espíritu Santo nos transforma, nos hace nacer a una nueva vida y nos hace por naturaleza, caminar como él. Yo dije, la pucha, el tener bronca contra ellos no es Jesús. Entonces dije, no. Pero somos humanos también, nos podemos enojar y tener muchas reacciones. Entonces fue el momento en que dije: esto no va a hacer raíz en mi corazón. Dije, mi corazón los va a amar, mi corazón los va a abrazar. Entendí que la gente se enojó tanto conmigo porque le tiene miedo a la muerte, porque la gente no se quiere morir. La gente le tiene terror a ese momento en que pase de esta vida a la otra”, agregó.

Inclusive hoy, su familia sigue siendo foco de rumores. “Se estuvo corriendo la bolilla de que mi hermano mayor estuvo internado por una recaída del Coronavirus. Quiero aclarar que mi hermano estuvo internado por tener la presión alta. Lo internaron el domingo y hoy le dieron el alta (por el miércoles)”, sostuvo firmemente la joven, cansada de los entredichos.

El aplauso de todos los días

Jessica, en diferentes momentos de la charla, agradeció el esfuerzo del equipo médico que siguió su caso: “esto fue una escuela para ellos. Uno no está preparado para afrontar algo que nunca afrontó. Fue difícil. La verdad es que ellos fueron muy atentos, se portaron muy bien con mi familia. Agradezco públicamente al personal médico, a los enfermeros que estuvieron atendiendo en el hotel”.

Recuperarse de todo

En los casi 40 días que la joven permaneció en aislamiento, su cuerpo sufrió un vaivén de emociones y sensaciones físicas. “Subí cinco kilos, eso fue un golpe bajo -comentó entre risas-. La verdad es que hoy puedo decir que soy una recuperada del COVID y es una alegría, y primeramente le doy gracias a Dios. Podría haber afrontado la enfermedad lejos de mi país, gracias a Dios lo afronte acá”, comentó, recordando que estuvo a muy poco de no poder ingresar a Argentina debido al cierre de fronteras.

En cuanto a las secuelas físicas, agregó que si bien su cuerpo no tiene más el virus, debe cuidarse del frío ya que le provoca pequeños espasmos debido a la inflamación que sus pulmones aún sufren. Los pinchazones en los pulmones siguen siendo recurrentes: “Es como si me clavaran agujas”, figuró. Aún no recuperó el gusto y sufre de palpitaciones fuertes, para lo cual está siendo medicada. “Todavía mi cuerpo es como que está todo golpeado. Pero se puede decir que estoy bien”.

Cuidar la vida

Más allá de los tristes mensajes que recibió, Jessica agradece a quienes le escribieron brindándole buenas energías. “Fueron más los mensajes lindos que los feos. Recibí mensajes de gente de otros pueblos, de Santa Rosa y de otros lugares, diciendo ‘no te conozco pero mi familia está orando por vos’”, comentó muy emocionada.

En cuanto a las medidas que se están tomando en la ciudad, para frenar la llegada del virus, pidió que “ojalá no tengamos que atravesar esto. Pero en el caso que los afrontásemos espero que tengamos mucho amor que darle a las otras personas. Está esa frase trillada que dice, ‘uno valora la salud cuando la perdió’. Valorar algo tan sencillo como respirar. Lo hacemos todos los días. Es algo tan natural, pero en el instante en el que perdés el placer de eso tan natural, simple y sencillo te das cuenta de lo finita que es la vida. Les pido que sean precavidos, porque no les va a gustar atravesarlo. Prevengan ahora”.

Por último, y siguiendo su fé, Jessica pidió que “podamos buscar a Dios en los tiempos en los que no estamos en crisis”, también. Todo esto “me ayudó para bien, para examinar mi corazón, que mi corazón ame de una manera genuina”, cerró la joven.

(Fuente: La Reforma)

Comentarios
 
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 09/05/2020 | 22:01 Hs
Enviado por Cuando el silencio es Salud
Mejor callar
 
 09/05/2020 | 13:56 Hs
Enviado por Hector
Primero..la Mujer no sabia nada del Corona..hasta los medicos pensaron que no era Que se le puede reprochar a la joven...Dios bendiga a esa familia que nos da el ejemplo por los recaudos tomados y por dejar al descubierto a los COBARDES..
 
 09/05/2020 | 13:55 Hs
Enviado por Juan pueblo
O sea, hubo un caso de covid 19 en pico o no hubo?
 
 09/05/2020 | 12:08 Hs
Enviado por yndia
EN CONCLUSION: viajo con COVID 19 en un micro con otros pasajeros,tomó un taxi que luego volvió a la terminal y subieron nuevos pasajeros.Tuvimos suerte de que ella sea el único caso.
 
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