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  LUNES 13/01/2020
El consumo de carne cerró en su nivel más bajo de la última década
Afirman que es por la crisis y que el vegetarianismo tiene una incidencia marginal. Subió el consumo de pollo y de cerdo.

Pensemos en la parrillada del domingo. Años atrás llevaba asado, vacío, chorizo y chinchulines. Hoy bajamos la cantidad de esos cortes y lo completamos con pollo y bondiola de cerdo. Esos cambios de hábitos -impulsados, en gran parte, por el bolsillo- se reflejan en los números: los argentinos comemos menos carne vacuna.

El último informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de Argentina (CICCRA) concluyó que en 2019 el consumo de carne vacuna alcanzó un promedio de 51 kilos por año por persona. Aún así, es el doble de lo recomendado por las guías oficiales de salud.

Fue el más bajo desde, al menos, el año 2011. Y resultó un 9,4% menor al volumen del 2018: de un año al otro, cada argentino dejó de comer 5 kilos de carne roja.

"Creo que básicamente es atribuible, yo diría en un 90 por ciento, a la pérdida del poder adquisitivo en el salario. Cayó el consumo de todos los productos alimenticios en general, y la carne es un producto que tiene un precio relativamente alto, y entonces cayó un poquito más. El resto de los productos alimenticios cayó entre el 7 y el 8%", dice a Clarín Miguel Schiariti, presidente de la CICCRA.

El "factor bolsillo" es destacado también por las asociaciones de consumidores. "La baja se debe fundamentalmente al alto precio que tiene la carne vacuna", sostiene Héctor Polino, titular de Consumidores Libres.

Según Polino, la carne roja está cada vez más cara "y es una lástima" que en el programa Precios Cuidados se incorporaron "muy pocos cortes" como picada común ($ 169 el kilo), tapa de asado de novillo ($ 229), espinazo de novillo ($ 65), roast beef de novillo ($ 229), y medallones de carne ($115 marca Swift y $150 marca Paty, por cuatro unidades).

"No se incorporó el asado, ni el lomo. No se incorporaron los cortes de mayor consumo", apunta Polino. Por ejemplo, en Coto Digital, el kilo de asado cuesta $239,90 y si el especial envasado al vacío asciende a $309,90. Mientras que el kilo de vacío está $319,90.

Otra cuestión es la mayor competencia entre los distintos tipos de carnes. "Los argentinos hemos cambiado los hábitos de consumo. El pollo y el cerdo, que son dos de los productos por los cuales se reemplaza inicialmente la carne vacuna, tuvieron un comportamiento distinto en cuanto a precios", dice Schiariti.

El programa Precios Cuidados incluye al "pollo entero aditivado con menudos fresco o congelado" a $ 108 el kilo. Pero, para Schiariti, se trata de un "precio aparente".

"El consumidor dice: 'Ah, compro pollo que es más barato'. Pero cuando al pollo lo deshuesa, le saca la piel y las vísceras, se queda con 295 gramos de carne. Por eso hablo de un 'precio aparente'. Hay que multiplicar por 3,3 ese precio, entonces la carne de pollo sale más cara que la de vaca", calcula Schiariti y lo compara con un kilo de milanesas, que "cuesta de 250 pesos o 300 pesos".

En concreto, según los datos que maneja Schiariti, en 2019 el consumo de carne avícola aumentó dos kilos (por persona por año) y la carne porcina aumentó "un kilo y pico" (por persona por año). Y si lo comparamos con 15 años atrás, los argentinos consumíamos 70 kilos de carne vacuna, unos 25 kilos de pollo y 6 o 7 kilos de cerdo. Hoy esa proporción es de 51 kilos de carne vacuna, 46 kilos de pollo y 17 kilos de cerdo.

¿Qué tanto influye en la baja del consumo de carnes el auge de movimientos como el veganismo?

"Cero", responde tajante el presidente de la CICCRA. "Son pequeñas tribus que tienen más publicidad que consumo. En todo el mundo, no tienen una presencia muy fuerte, por ahora, este tipo de movimientos", agrega.

"No sé qué va a pasar en el futuro. Los que se enganchan en este tipo de hábitos son chicos jóvenes. Hay que ver si esos chicos jóvenes cuando crecen siguen siendo no comedores de carne o si se asimilan al resto de la población que sí come carne. Eso tendremos que analizarlo en los próximos 10 años", sigue Schiariti.

Tampoco Polino lo atribuye al veganismo, sino a la pérdida del poder adquisitivo. "Yo creo que la baja se debe a un factor económico, porque simultáneamente aumentó el consumo de polentas y harinas. Y también aumentó el sobrepeso y la obesidad en la sociedad argentina", analiza.

Para Sergio Britos, director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), "hay un mix de causas". La primera es el "factor precios". También menciona la mayor diversificación en la oferta de tipos de carnes, como el pollo y el cerdo, "lo cual es muy bueno", sostiene.

A diferencia de las otras fuentes consultadas, Britos -que también es miembro de La Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas (AADYND)- le presta atención a "la tendencia hacia una alimentación más basada en vegetales que en animales, que está ocurriendo en nuestra sociedad".

De todos modos, estima que el factor veggie influye "en menor medida" que los otros (como el económico) y que no llega a mover la aguja. "Entiendo que, por el momento, se da más en la clase media y clase alta y en los jóvenes. No diría todavía que es un fenómeno generalizado, pero sí es una tendencia que existe, que está ocurriendo, y no podemos desatender", concluye el nutricionista.

(Clarín)

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