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  MARTES 21/11/2017
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Zircaos Vuelta al Mundo. Capítulo 16: La balsa
Pasaríamos muy cerca de La Paz y como muchas veces esquivamos las ciudades tan grandes estuvimos en duda viendo que camino tomaríamos.

Dio la casualidad que en esos días recibimos un mensaje por Facebook, unos chicos de allí nos invitaban a pasar y compartir. Eso hizo que nos termináramos de decidir y ahí nomás pusimos primera y salimos para la capital de Bolivia.

La Paz es una ciudad de casi 800.000 habitantes, llama mucho la atención su ubicación geográfica. Está situada en un lugar fuera de lo normal, como dentro de un hueco. Alberga todos los días centenares de personas que viven en El Alto, que administrativamente es otra ciudad, está casi a 4000 metros de altura, es continua, bien pegadita a la capital, desde este punto se aprecia la inmensidad de todo el paisaje urbano y de las montañas que lo rodean. Mientras bajamos al interior de La Paz, es increíble ver como se concentra todo ahí dentro, edificios y casas bajas, autopistas y grandes avenidas, subidas y bajadas, calles pequeñas y la gran cantidad de vehículos que la hacen caótica. Pareciera que no entra más nada, ni siquiera un alfiler. La Paz que no tiene paz, dicen algunos…

Bajamos por una de las entradas más serpenteantes con un brusco descenso. Yo pensando…y de acá como salimos? Ya estaba atardeciendo y las cholitas firmes en sus mercados, en la calle, con sus frutas, verduras y quesos, al pie del cañón, como siempre.

Una vez que llegamos abajo estacionamos en un lugar para pasar la noche, parecía haber sido sacado de cualquier otro lugar del mundo, calles ordenadas, barrios con restaurantes exclusivos, hoteles, centros comerciales y guardias en cada esquina. Estábamos en el sector de las embajadas y estos lugares suelen ser así. Desde hace un tiempo que está siendo para nosotros una buena opción las zonas como estas, lo experimentamos en Teherán, Irán, cuando estacionamos al lado de la embajada de Pakistán. Al ser un lugar donde viven muchos extranjeros, está la posibilidad también de conseguir algunas cositas ricas de otros lugares.

Nos encontramos al día siguiente con Andrea y Luciano, nuestros anfitriones, amables, simpáticos y con muchas ganas de compartir. A ellos les encanta hacer viajes en bicicleta dentro del país. Esa noche nos invitaron a un lugar donde sirven comida paceña (típica de La Paz). Pidieron diferentes platos mientras nos iban contando de qué se trataba cada uno. El maíz protagonistas de muchos, incluso en la bebida, que podía ser caliente o fría. Comimos choclo con haba, papa y queso, mote de haba, queso frito con choclo, refresco de wilcaparu, de linaza y cebada, todo delicioso! Y nos quedamos apasionadísimos de un pastel con un sabor increíble, parecía la masa de una torta frita, bien finita, rellena de queso y por encima con azúcar impalpable, acompañada por supuesto de api, una bebida caliente a base de maíz, morado o blanco. Inolvidable!!!

Al día siguiente seguimos paseando por la ciudad, caminamos por algunas librerías, nos llevaron a comer pescado al restaurante de su familia, ahí la lista de comidas nuevas siguió y conocimos Pique a lo macho (con salchichas), sopita de maní, pescado frito (trucha) con mote, papa y chuño (variedades de papas) y para cerrar un ispi, pescaditos chititos fritos y bebimos una jarra inmensa de jugo de maracuyá. Y por supuesto que un poco más tarde volvimos a los pastelitos con api. Es lo tradicional a la hora del té, para sumar energías y continuar el día. Llovía un poco. Caminamos por el mercado de las brujas, donde hay varios puestitos que venden “cositas” para ofrendar por ejemplo a la Pachamama. A base de yuyitos y otras curiosidades, como fetos de llama.

Tomamos también un medio de transporte muy particular, el teleférico, que suele ser turísticos en el resto del mundo. Acá se utiliza para moverse dentro de la ciudad, la gente va a su trabajo, transporta mercadería y hasta animales en jaula. Es muy barato y se ahorra muchísimo tiempo para ir de un lado al otro, por los aires es mucho más rápido. Existen varias líneas. Es muy nuevo, apenas tiene unos pocos años. Disfrutamos muchísimo el paseo, volando por la ciudad, en cabinas impecables y transparentes.

En La Paz estuvimos unos pocos días y seguimos viaje dirección Copacabana, en la salida de la ciudad esquivamos por campo abierto varios cortes de rutas por varios conflictos políticos y sociales. También teníamos que resolver como conseguir gasoil, ya que a veces no era fácil. En Bolivia el combustible esta subsidiado para los bolivianos y para los extranjeros lo cobran el doble, en algunas estaciones de servicio se puede negociar el precio y en otras directamente no venden.

Y nuevamente en la ruta, dirección a Copacabana, la última ciudad antes de cruzar a Perú. El camino después de un buen rato empezó a ser más pintoresco cuando nos encontramos con una partecita del Lago Titicaca, donde entre juncos se alcanzaba a ver el agua. Pueblitos de pescadores con casas de adobe fue lo que adornaba el lugar. De a poquito el lago se iba haciendo cada vez más inmenso. Subidas y bajadas, como siempre. Musiquita, paisaje verde, olor a costa y de repente…la ruta se terminó perdiéndose en el agua. Nos tomó por sorpresa toda esa situación. Varias balsas gigantes cruzaban vehículos de una costa a la otra y no nos quedaba otra que cerrar los ojos y subir nuestra casita a una de ellas, confiando que todo iba a salir bien. La mayoría de las veces a los extranjeros nos quieren cobran precios diferentes por eso es que hay que llenarse de paciencia y charlar un buen rato para llegar a un acuerdo. Después de negociar con el balsero subimos la casita al barco y nos metimos en las aguas del Lago Titicaca.

También cruzo una camioneta más y una pocas personas, entre ellas unas cholitas y entre las cholitas estaba Olga, quien nos empezó a dar charla curiosa ante la situación de vernos. Muy simpática nos contó que venía de un pueblo a vender habas. Simple, con una sonrisa tímida y con su sombrerito esta vez calado, infaltable como en todas las bolivianas. Linda, linda. En cada región utilizan diferentes tipos de sombreros.

Bajando de la balsa íbamos en la misma dirección así que nos ofrecimos a alcanzarla al próximo pueblo donde desde allí tomaba un autobús y después de varias horas llegaba a su casa.

Al salir del puerto este, pequeñito, la ruta empezó a subir rápidamente y desde lo alto comenzamos a ver la belleza entera del Lago Titicaca. No podía creer la inmensidad que empezaba a asomar desde ahi arriba. El recorrido cada vez empezó a ser más hermoso y de yapa la teníamos a Olga sentadita hablándonos de los tipos y del precio de los pescados que se consiguen en la zona. Una postal inolvidable! Ella bajo en el cruce a un pueblo, nos abrazamos fuerte cuando nos despedimos. Y del otro lado de la ruta seguía saludándonos deseándonos buena suerte.

El camino fue cada vez más precioso, el espejo cada vez más grande, y la serenidad del agua más tranquilizadora. No podía creer tanto paisaje hermoso que nos regalaba esta Bolivia. Después de algunas horas doblando una curvita, mirando hacia abajo y a lo lejos vimos la ciudad pequeña de Copacabana.

Hasta el próximo capítulo!

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