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  MIÉRCOLES 16/11/2016
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Zircaos vuelta al mundo. Capítulo 55: Rumbo a casita!
Vamos a avanzando en esta Latinoamérica preciosa por donde se la mire. Salimos de Guayaquil rumbo al sur, exactamente hasta nuestra casa en La Pampa Argentina.

En la última ciudad de Ecuador, Santa Rosa, un lugar pequeño y húmedo donde el calor no aflojaba paramos para pasar la noche. El recuerdo más lindo de este lugar, como siempre, fue la gente y esta vez una familia que vivía justo enfrente donde estacionamos nos dieron charla, compartimos un buen rato entre los mosquitos y el olor a lluvia pasada.

Nos fuimos al otro día con una bandeja llena de ceviche de camarón fresco, un plato más que típico de la zona, hecho por una señora de batón floreado que nos lo había prometido la noche que llegamos al lugar. Fue un regalo de despedida de estos amigos de horas a los que les prometimos volver a pasar algún día.

Como siempre, nos fuimos despidiéndonos de alguien. Lo más hermoso de los viajes…la gente.

Dejamos Ecuador, el lugar de las bananas más ricas del mundo, de la amabilidad más sentida y de la sopa de gallina inolvidable.

Entramos a Perú y nunca imaginamos que íbamos a cruzar tanto desierto junto. Bajamos por el lado oeste del país, bordeando el océano pacifico, casi sin despegarnos de la playa hicimos unos 3000 kilómetros. Un Perú desolado, de pueblos tan pequeños, de ranchos, de viento, de arena. Podían llegar a pasar cientos de kilómetros sin conseguir un solo litro de gasolina. Un lugar como nunca lo imaginamos…

En la mayoría de los tramos la ruta estaba bastante buena, el viento casi nunca dejó de soplar fuerte y la arena de invadir el camino. Por momentos daba la sensación de estar en cualquier lugar del planeta..., podía ser Irán o el desierto del Sahara.

Cuando empezamos a entrar en las partes más altas del camino, llegando a Chile, la camioneta empezó a sentirse cansada, calentó una y otra vez. “Se apunó!” nos dijeron… Y si, no había caso, no quería seguir exigiéndose de esa manera, le empezaba a faltar el oxígeno igual que a nosotros.

Calentaba el motor y parábamos. En cada trayecto hacíamos la comida, lavábamos ropa, Alma y Quintín jugaban en el desierto o simplemente mirábamos el paisaje o leíamos un libro esperando a que se enfriara para seguir camino. Y así fue, como unas 5 o 6 veces en la tarde hasta que dijo…basta!!

Ya era de tardecita, faltaba la última subida para luego llegar a la ciudad de Calama, a 30 kilómetros. Paramos al costado de la ruta preparados para pasar la noche ahí mismo si las cosas no se daban, lo mejor era esperar hasta la mañana siguiente y pensar todo más descansados.

A los pocos minutos paró una camioneta con cuatro ángeles del camino (como siempre pasa cuando uno necesita algo), cuatro mineros que volvían de la montaña. En un momento ya nos habían enganchado y nos estaban remolcando hasta la ciudad próxima.

Juro que fue la vez donde yo sentí realmente miedo, mucho miedo. La camioneta de esta buena gente empezó a bajar a una velocidad como nunca habíamos andado. Descontrolándose varias veces nuestra casita empezó a dar tirones y a golpearse entre los paragolpes de cada una. Íbamos muy desbalanceados. Deseábamos que el momento pasase lo más rápido posible, llegar a destino y respirar tranquilamente. Por suerte todo salió bien y otra vez, como tantas, fuimos protegidos por las energías inexplicables.

Dormimos esa noche en el estacionamiento de un supermercado, pedimos permiso y el guardia de la noche además de cerrar la reja soltó varios perros para que durmiésemos más tranquilos. Al día siguiente fuimos a un taller como para darle una revisión al motor. Y una vez más nos topamos con la buena gente, una cara inolvidable de sonrisa cálida revisó el motor, cambió el aceite y le colocó un aditivo para que tenga un poco más de fuerza, eso fue lo que nos cobró. Después con toda su amabilidad y simpatía el señor de ojos claros y rasgos caucásicos, sin cobrarnos nada, limpió el filtro de aire, lavó el radiador, chequeó cada partecita del motor y nos deseó buen viaje, diciéndonos que nos quedáramos tranquilos que todo iba a estar bien y que su sueño era este, el de viajar por el mundo, pero que la vida se le había pasado y que los sueños se habían quedado en un rincón.

No me lo olvido.

Salimos con todas las fuerzas porque una gran subida nos esperaba para empezar a cruzar Los Andes. Ya le habíamos agarrado la mano para cuando empezara a calentar el motor de la camioneta y ahora íbamos más seguros y más tranquilos. A un ritmo diferente pero firme. Próxima parada fue San Pedro de Atacama. Y ahí llegamos…un lugar mágico, un pueblito precioso lleno de vida, lleno de viajeros, de turistas, de colores, de montañas, de hermosura.

Hicimos noche ahí y al día siguiente emprendimos camino al cruce de Los Andes, estaba todavía oscuro cuando tomamos la ruta pero a los 10 kilómetros tuvimos que parar y esperar a que abran el camino. Había hielo en la parte más alta y una fila muy larga de camiones esperando a que abrieran.

A las 9 de la mañana se corrió la barrera y empezó “El cruce de Los Andes”, muy lentamente empezamos a subir, un ascenso que no tenía final, muchísimos kilómetros para arriba, a paso lento, en segunda, tranquilos. Después de unas dos horas de subida la camioneta calentó nuevamente, el GPS marcaba 4853 metros sobre el nivel del mar. Y claro!! Ya era mucho. Y recomenzamos con las esperas en el camino. Mucho frio, muchísimo viento y algo de nieve sobre los costados. Alma y Quintín bajaron a jugar, estaba muy frio y el viento atravesaba todo el abrigo que teníamos.

Fueron unas tres paradas las que hicimos, cruzamos paisajes bellísimos, solitarios, lagos, nieve, montañas, no podíamos creer que estábamos cruzando Los Andes. Llegamos a una meseta, una subida más y allá abajo, se divisaba a lo lejos el paso fronterizo de Jama. La emoción de ver la bandera argentina fue inexplicable.  Volvíamos, volvíamos después de casi un año y medio en el camino. Ahora estábamos ahí, listos para cruzar la fina línea que divide países, pero esta era especial, era la puerta a nuestra Argentina querida.  Pero esto queda para el próximo capítulo…

Gracias por acompañarnos!!!!!

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